Outdoor Adventures


Alex Casarrubias García*

Los venados de Rodolfo

En septiembre de 2012, estando de vacaciones en Half Moon Bay, California en casa de mi cuñado Rodolfo García, tuvimos la oportunidad de ir a San Francisco y Rodolfo fue nuestro guía.

Primeramente recorrimos el área de los muelles. Una zona comercial muy socorrida por turistas y visitantes. Disfrutamos un café, platicamos y continuamos con nuestro recorrido. Posteriormente nos enfilamos hacia el Puente Golden Gate ícono de la bella ciudad de San Francisco. Llegamos a Sauzalito y nuevamente recorrimos el área comercial y cafeterías cerca de la marina.

De regreso de Sauzalito rumbo a San Francisco, Rodolfo hizo una escala en el paradero-mirador al inicio del Golden Gate, a un lado de la montaña. En esa ocasión no llevaba mis prismáticos, pero logré ver en lo alto de la montaña, como a unos 650 metros de donde estábamos, unas pequeñas figuras que sobresalían del pasto. Cuando Rodolfo y mi esposa me vieron inmóvil, contemplando la montaña, me preguntaron que veía y les dije: “venados”. Toda la familia soltó la risa y me dijeron que los bultos que veía eran rocas del cerro, que como me imaginaba que eran venados. Les pedí que observaran detenidamente uno de esos bultos y en menos de un minuto verían movimiento. Luego de ello, la risa nuevamente, pero ahora de asombro, porque entonces se convencieron que eran venados.

En los días siguientes, estando disfrutando de un maravilloso día soleado en Half Moon Bay (cosa no común en ese pueblo costero californiano), Rodolfo recibe una llamada de uno de los trabajadores de su vivero que se ubica en las afueras de Pescadero. Le notificaban que un aspersor de riego había sido dañado por algunos animales durante la madrugada, por lo que era imperioso ir y arreglar el desperfecto en razón de que se tiraba el agua a chorros.

En cuanto terminamos de desayunar, Rodolfo, José (otro de mis cuñados que es  devoto de San Huberto) y yo nos dispusimos a ir al vivero para conocer la causa de lo que había pasado y arreglar la fuga de agua. Llegamos y lo primero que vimos José y yo fueron las tremendas huellas de venado que habían sostenido una pelea, toda vez que era precisamente la época de celo o berrea.

José empezó a tratar de convencer a su hermano Rodolfo de que le dieran aviso al sheriff ya que esos venados habían entrado a su propiedad y habían causado daños, con lo que seguramente el sheriff autorizaría cazar a alguno de estos venados y así evitar mayores destrozos en el vivero. Cabe señalar que en la casa de uno de los trabajadores había un perro pastor alemán, pero como la casa tiene malla alta, el perro no podía salir y entonces los venados no vieron obstáculo y entraron al vivero.

Debo confesar que me gustaba la idea de que José cazara un venado espiando en el vivero, toda vez que seguramente me hubiera invitado a acompañarlo, pero mi cuñado Rodolfo levantando su mano derecha y con voz muy serena nos dijo: “Oigan ustedes pero ¿Quién les dijo que a mí o a mi vivero le han hecho daño los venados? Si quieren cazar, váyanse a otro lugar porque a mí no me molestan estos animalitos”.  ¡Sopas! Rodolfo le había cortado a su hermano José la intensión de cazar y se acabaron los sueños de caza cerca de la casa.

Me resigné, junto con mi cuñado José a tomar muchas fotos de las huellas, arrastraderos y daños al aspersor, como recuerdo de los venados que hicieron del vivero de mi cuñado Rodolfo, su casa de citas, arena de luchas y área de comida rápida gratis. ¡Ni hablar, así es la vida de hermosa!

*[email protected] Socio del Club Cinegético Reno (Mazatlán). Socio del Club Cinegético del Sector Popular (Puerto Vallarta).