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Alex Casarrubias García.-

Canto a la vida

TEZ muy blanca, ojos color café y manos firmes y amorosas son algunas características físicas de mi madre; mujer que desde muy joven ha sido esposa y madre. En mi memoria están las salidas de día de campo a algún balneario cercano a Colima, Colima. Con cuanta alegría se disponía para preparar la comida y disfrutar un domingo con toda su familia.

Los campamentos han sido muchos en los que nuestra madre ha sido parte fundamental: Higuera Blanca, Tenacatita, Boca del Río Tomatlán, El Tamarindo, El Tecuán, El Negrito, en la costa de Jalisco; o San Juan de Alima, El Zapote de Madero, El Faro de Bucerías, Maruata, Maruata Viejo, Careyitos, El Zapote de Tizupa, Cachán, en la costa de Michoacán; por mencionar algunos.

Con alegría, siempre disponía la provisión de alimentos, procurando el dicho, ese muy popular que indica que siempre tiene que sobrar, porque en los lugares en donde hemos acampado hay amigos que desde que llegamos nos ofrecen su compañía, por lo que para ellos también la cocina de mi madre ha sido un deleite.

Que alegría tan grande pescar, pero más degustar lo que nuestra madre preparó y que el mar nos obsequió. Con especial afecto, comparte sus múltiples recetas de cocina, en especial las que se refieren a cómo preparar el producto de la caza que conserva un sabor tan característico, ese que solo la fuerza de la alimentación natural puede dar, pero que para algunos paladares es necesario mitigar un poco con algunas especias.

Mi primera resortera y mi primer rifle de municiones fueron regalos de mi madre y de mi abuela paterna que fue otra gran madre, soporte de la vida, no solo para nosotros sino incluso para mi propia madre.

Que regalo tan grande guardo en mi memoria, cuando siendo muy pequeños, nuestra madre jugaba con nosotros en la orilla de la playa –San Pedrito o Salagua, en Manzanillo) o en algún arroyo de las cercanías.

En los múltiples campamentos, con gran amor nos acomodaba en la casa de campaña, porque hasta ahora solo el amor es la única explicación que tengo para describir cómo le hacía mi madre para que cupiéramos y que con el frío de la madrugada, el calor de padres e hijos nos hacía dormir con tranquilidad.

Si bien en la caza y pesca siempre hay estrategias que aprendimos de nuestro padre, el arte de la vida estoicamente nos lo ha enseñado nuestra madre, hacedora de milagros que en dos ocasiones  ha sobrevivido al cáncer, la primera siendo muy joven y la segunda hace tres años. Que paciencia, que amor tan grande, que apego a la vida para estar con los suyos, dándonos ejemplo de fe.

Por ello en este día, simplemente nos corresponde decir ¡Gracias Madre por la vida! ¡Gracias Madre por ser la más bella sinfonía de alegría que el Gran Creador del Universo ha compuesto! ¡Gracias Madre por la bendición maravillosa que es tu compañía!

 *[email protected] Miembro del Club Cinegético Reno (de Mazatlán) y del Club Cinegético del Sector Popular (de Puerto Vallarta)