Paradojas del libre comercio 


Alberto Aguirre M.*

¿Amigos y rivales? En ruta a la “modernización” del Tratado de Libre Comercio entre México y la Unión Europea, la administración peñista ha decretado que los gobiernos de Francia y España serán “aliados estratégicos” en este proceso, que ocurrirá simultáneamente a la renegociación del TLCAN.

Con Emmanuel Macron y Mariano Rajoy hubo intercambios productivos durante la reciente gira del presidente Enrique Peña por Europa, pero los productores de ambos lados del océano Atlántico no tienen necesariamente el mismo trato. Y todo por lo que se conoce como indicaciones geográficas, ya que existe incertidumbre respecto a los criterios, procedimientos y alcance que serán aplicables a los particulares.

La preocupación que ha permeado entre los empresarios fue advertida recientemente por Miguel Ángel García, presidente de la Cámara Nacional de Industriales de la Leche, pero también otros sectores, notablemente los cerveceros, han advertido a las autoridades federales sobre los riesgos latentes.

Ayer mismo, por ejemplo, representantes de los sectores productivos acudieron a un diálogo con el subsecretario de comercio exterior, Juan Carlos Baker, y otros funcionarios de la Secretaría de Economía a la sede del Consejo Nacional Agropecuario.

Los vitivinicultores, queseros y productores de charcutería estarían entre los principales afectados de las medidas proteccionistas que implica la aplicación de las indicaciones geográficas, propuestas por la Unión Europea y que impactarían todas las cadenas de valor, desde la producción en campo hasta la fabricación de los productos y los insumos, la comercialización y el consumo.

Para presentar sus argumentos en contra, los productores mexicanos, sobre quienes recaería además la carga de la prueba, tendrán apenas 60 días. Y por eso, el proceso de consultas con las autoridades federales se ha intensificado.

La World Intellectual Property Organization define que las indicaciones geográficas son “un signo utilizado para productos que tienen un origen geográfico concreto y cuyas cualidades, reputación y características se deben esencialmente a su lugar de origen”. Por lo general, la indicación geográfica consiste en el nombre del lugar de origen de los productos.

Las exigencias de la Unión Europea resultan perniciosas para los industriales mexicanos que verían limitadas sus capacidades para usar y desarrollar ciertas marcas —¿acaso desaparecería la cerveza de Bohemia?— o la posibilidad de usar términos genéricos para describir sus productos. ¿Ejemplos? En México no podrían producirse o venderse queso manchego, jamón de jabugo, cavas o ciertas variedades de aceite de oliva.

Entre 1999 y el 2015, el comercio bilateral entre México y la UE pasó de 18,500 millones de dólares a 62,000 millones de dólares. En el 2007, el principal producto mexicano exportado a la UE fue el petróleo, representando 23% del total de exportaciones. Sin embargo, los productos agropecuarios han tenido un importante despunte.

México ya forma parte de un tratado específico para la protección de denominaciones de origen: el Arreglo de Lisboa relativo a la Protección de las Denominaciones de Origen y su Registro Internacional. Ese instrumento internacional dispone en su artículo 2.1 que los países comprometen a proteger en sus territorios las denominaciones de origen de los productos de los otros países, las cuales se encuentren reconocidas y protegidas como tales en el país de origen y registradas en la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual. Y de conformidad con el artículo 5.1, el registro internacional se efectúa a petición de la administración competente del país de origen. La protección que otorga el mencionado registro no tiene límite en el tiempo y no necesita renovación.

Las prácticas de sobrerregulación, juzgan los productores mexicanos, resultarían excesivas y podrían ser contraproducentes para el futuro del Acta de Ginebra —y, en consecuencia, poco compatible con el importante papel de México en el proceso de negociación de ese nuevo tratado multilateral— al considerar, en paralelo, otros tratados bilaterales sobre la misma materia en vez de fomentar el mecanismo multilateral recién adaptado. *Periodista El Economista.

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