Paraestatales

Ezra Shabot. | Foto: Especial

La empresa pública tiene como objetivo primordial satisfacer las necesidades de toda la población, tomando en cuenta su situación social y económica. A diferencia de la empresa privada cuyo único propósito es la obtención de ganancia, la unidad productiva del estado requiere ser al mismo tiempo rentable y garantizar que sus beneficios se distribuyan en la sociedad en su conjunto.

De ahí la dificultad de conciliar ambas partes en las llamadas empresas paraestatales. La tendencia a la burocratización, la falta de controles internos y la displicencia en el manejo de recursos que no son propiedad de los directamente responsables, abren el camino para el fracaso de la empresa pública por la vía de la corrupción y el desfalco institucionalizado.

Pero entregar empresas estratégicas al sector privado parecía ir en contra de los principios básicos de la seguridad nacional. Agua, luz, petróleo, salud y educación, tendrían que estar bajo el control de instituciones públicas para evitar que el interés privado pudiese poner en riesgo el suministro de estos productos y servicios. Pero el proceso de globalización y la transformación tecnológica rompieron totalmente con este dilema.

La posibilidad de que simultáneamente la empresa pública fuese rentable y la participación privada reconociese la necesidad de satisfacer las demandas sociales de salud, educación, energía, etc., hicieron viable la coexistencia entre lo público y lo privado. Consejeros independientes supervisando empresas de gobierno, y capital privado invertido en obras y servicios que no necesariamente le proporcionaban una ganancia inmediata, todo en función de una nueva realidad que acababa con el viejo paradigma que oponía al Estado con el mercado.

Es por esto que resulta inviable el intento de revivir el conflicto entre ambas partes al pretender someter al mercado a los dictámenes del gobierno en turno. La anulación de la independencia de los órganos autónomos de vigilancia para las empresas paraestatales y la expulsión del sector privado de los proyectos de inversión productiva, lo único que consiguen es la parálisis en la prestación de los servicios y una reducción en la calidad de los productos ofrecidos por las empresas.

El reciente apagón en gran parte del país y el intento por negar la obsolescencia de una industria que refuerza el consumo de combustibles fósiles, son una pequeña muestra del rumbo por el que se dirige el país. Paraestatales ajenas a la transparencia, con tecnología anacrónica y con la consigna de alejar al capital privado, nos llevan directo a la escasez y a la prestación deficiente de los servicios públicos. Así estamos.