Personajes pintorescos y tradicionales de Manzanillo (Segunda parte de tres)

Personajes pintorescos y tradicionales de Manzanillo (Segunda parte de tres). | Foto: Especial

Son muchos los personajes pintorescos y populares que ha tenido Manzanillo, que a pesar de esta segunda parte que ahora les presento, muy seguramente quedarán muchos más en el tintero, debido a la falta de espacio, a que no tengo datos suficientes sobre ellos, o que de plano, a pesar que para muchos manzanillenses alguno de ellos pueda ser popular, para mí me es desconocido. Pero, eso sí, estos que he decidido incluir en el reportaje en dos partes, son de los más reconocidos y representativos, que sería muy raro que un manzanillense de cepa no los haya conocido, o por lo menos, no haya oído hablar de ellos, como es el caso de El Tocos, La Chiclera, Paco Morales o la Afi-PRI.

 

EL TOCOS,  VENCIENDO A LA DISCAPACIDAD CON UNA SONRISA

Es el caso de la primera persona que estaré reseñando, al que todo mundo asocia con la delegación de El Colomo, donde vivió por muchos años, pero que era oriundo de la población de Tecolotlán, Jalisco, pueblo donde vio la primera luz y recibió el nombre de Joel de Loera Cobián, tenía discapacidad motriz por una malformación en sus pies, lo cual no le impidió ser muy luchón y trabajador, yéndose muy joven a los Estados Unidos, donde, entre otras cosas, aprendió a esquiar con las manos, habilidad que le hizo ser reconocido y viajar por distintos lugares, incluso, presentar su espectáculo en las islas Hawái, parte del territorio norteamericano, las cuales se encuentran en Oceanía, y quedó registrada su hazaña de hacer esta actividad solamente con las manos, como un récord mundial. Fue a principios de los años ochenta que llegó a Manzanillo, concretamente a la población de El Colomo, donde se asentó e identificó de inmediato, A pesar de tener un carrito de madera con llantitas con el que se desplazaba, también tenía su automóvil que manejaba al estar adaptado de forma especial a sus necesidades específicas, y pronto entró a manejar un taxi cono chofer, sin ningún problema, actividad que desempeñó por muchos años. Se le reconocía también como vendedor de billetes de lotería, habiéndose el mismo sacado el premio en una o dos ocasiones. Hacía muchas hazañas de fuerza y equilibrio, como el sostener todo el peso de su cuerpo sobre un dedo pulgar, lanzarse a la arena desde partes altas para caer solamente con las manos y sostener a niños y adolescentes con la fuerza de una sola mano.

Recuerdo que allá por los ochentas realizó un espectáculo público de destreza, equilibrio y fuerza física que impactó a las habitantes de mi colonia, la Unidad Padre Hidalgo, cuando patinó y caminó sobre las manos sobre el techo de la Concha Acústica, edificios modernistas en aquel tiempo y hoy desaparecido, que tenía una cúpula aboveda con forma de concha de molusco, similar a los techos de la Ópera de Sidney, Australia. Fue famosa también su afición por el equipo de futbol de las Chivas de Guadalajara, por las que no dudaba en apostar, así como por ser un gran animador en eventos, fiestas, corridas de toros, jaripeos, conciertos y restaurantes. Falleció en julio del año pasado, y se le recuerdo con afecto.

 

ROSITA, LA CHICLERA, UN PERSONAJE DE LEYENDA

En el caso de La Chiclera, también conocida por muchos como Rosa Salvaje, se han entretejido muchas historias en torno a su desaparecida figura, de manera que en ocasiones es difícil entresacar la realidad de los rumores y decires, lo cual indica que es una persona que ya ha pasado a la leyenda en pocos años. En lo que sí coincide la mayoría es que fue maestra de inglés, lo cual muchos comprobaron en ocasiones que, sin más ni más, se soltaba hablando perfectamente en el lenguaje de Shakespeare. Su nombre era Rosa Elena, sabiendo lo cual, muchos se negaban a llamarle Chiclera, por considerarlo un apodo ofensivo, y le llamaban Rosita, mientras que otros más ingeniosos y pícaros, aprovechando la popularidad de una telenovela de unos años antes, la impusieron el mote de Rosa Salvaje. Poco se habla de su familia allá en Los Altos de Jalisco, pues se dice que era una familia adinerada, bastante bien posicionada en el renglón económico, lo que le permitió crecer dentro del casco de una hacienda, que algo conservaba de su vieja gloria, en esa población cercana a San Juan de los Lagos. También se sabe que era muy inteligente, que era una excelente estudiante y que, como le gustaban los niños, optó por ser maestra. Tanto ella como su novio, con el que andaba desde la preparatoria, egresaron de la Escuela Normal Superior de Guadalajara. Una vez terminada la carrera se casaron y todo parecía sonreírle. El novio, Marco Antonio, era de Cihuatlán, Jalisco, a donde lo mandaron a hacer sus servicios profesionales, mientras que a Rosita la mandaron a San Juan de los Lagos, cerca de la casa paterna, donde como regalo de bodas, los padres de Rosa les regalaron nada menos que una casa.

El marido logró obtener su plaza en Cihuatlán, por lo que la pareja solamente se veía los fines de semana, pero así y todo, vivían felices, y más porque ya para entonces tenía una niña de diez años, que era su gran felicidad. Un día el papá le pidió permiso a Rosa para llevarse a la niña por una semana, para que viera a sus abuelos, sus papás, y además conociera el mar en la Costalegre. Con recelos, ella aceptó y padre e hija se fueron, hablándole por teléfono todas las noches, para que se tranquilizara, pues estaba muy nerviosa, ya que nunca se había separado de su hija. Cuando la semana estaba por concluir, el marido le avisó que la llevaría a conocer el mar al otro día, y desde entonces se rompió la comunicación, por lo que Rosa, muy nerviosa, le avisó de la situación a sus papás. Buscaron información del padre y la hija en la dirección de la escuela e incluso con la policía de Cihuatlán, y nada obtuvieron. Finalmente, ya por la noche entró una llamada de la DSP de Manzanillo, donde les informaron que habían encontrado el cuerpo ahogado de Marco Antonio en la playa de Miramar, en ese municipio colimense, cercano a la Costalegre. Se les dijo que la niña empezó a ahogarse y el padre intentó rescatarla, pero no lo logró, por lo que sacaron del agua su cadáver, pero nunca encontraron el de la niña, de diez años. Rosa se desmayó y la internaron porque se puso mal de salud, pero en cuanto se recuperó abandonó con violencia el hospital, para trasladarse hasta Manzanillo. Ya para entonces se había sepultado a su esposo, pero el cuerpo de la niña no fue encontrado.

Se dice que, desesperada por llegar, se fue de raid con unas personas que le dieron una bebida adulterada, y abusaron de ella, para luego robarle todo el dinero y pertenencias que llevaba, siendo éste el principio de sus desgracias. La abandonaron al lado del camino semidesnuda, y ella, ya desvariando, pidió raid para proseguir su camino hacia el lejano y desconocido Manzanillo, donde había perdido a su familia. La droga que le dieron le afectó de sus facultades mentales, las cuales ya nunca pudo recuperar. Cuando le interrogaron de donde era, lo único que pudo decir era Manzanillo, Manzanillo, por lo que hacia allá la llevaron, y aquí se quedó, vagando por las calles, semidesnuda. Como su hija se le aparecía como un doloroso y vago recuerdo, recogió de la basura una carriola, que recogió y empezó a empujar por las calles del puerto, a veces con una muñeca sobre ella, que le recordaba a su niña, y en otras ocasiones, ahí llevaba sus pertenencias. Algunas personas le ayudaban con ropa o alimentos, mientras que otras de mal corazón se burlaban la agredía y abusaban de ella. Al principio, halló la manera de vender cajitas de chiles, por lo que los porteños, al no saber su nombre, la empezaron a llamar La Chiclera, mientras que algunos que sí la conocieron cuando estaba en sus cabales en su juventud, allá en su tierra, le llamaban cariñosamente Rosita.

Algunos, supuestamente intentando hacer que olvidara sus penas, le daban cerveza y alcohol. Al no contar con un domicilio fijo, se bañaba desnuda en las fuentes sin ninguna pena, por estar su mente extraviada; otras veces se acercaba a los patios de las casas, como las de mi barrio del Seguro Social, que tienen al frente jardines con mangueras, y tomaba estas, y con ellas se bañaba, sin pedir permiso alguno. Al parecer murió de una golpiza callejera que unos vagos le dieron, la cual por cierto grabaron y subieron a internet. Triste el final para Rosita, como triste fue gran parte de su vida (Continuará).