Quod scripsi, scripsi


La politiquería desvirtúa todo

Por muy importante que sea una movilización ciudadana o una protesta social, se corrompe cuando hasta sus filas llegan individuos -de ambos sexos-, con fines políticos o económicos.

Eso está sucediendo con las quejas de grupos que tienen décadas viviendo de la laguna de Cuyutlán: Han permitido que políticos y agitadores los encabecen o finjan representarlos, cuando en realidad esos personajes impresentables representan y defienden sus intereses grupales o particulares. Las recientes movilizaciones en contra de la obra del puerto Cuyutlán, acabaron secuestradas por las hordas emecistas, que bailan al son que les toca la ex alcaldesa Griselda Martínez, denunciada por peculado junto a otros de sus colaboradores de confianza, por haberse aprobado y cobrado “bonos” no contemplados en el presupuesto de egresos de la comuna que presidió y de la administración que encabezó; es decir, por carrancearse dinero público para beneficiarse ella y a su pandilla.

Esa intromisión aviesa, perversa, malévola, de involucrarse en una manifestación de grupos productivos de la laguna, enrarece las protestas y las desvirtúa, por cuanto se entrometen con el mero afán de llevar “agua” a su desvencijado molino político.

Si a lo anterior sumamos la también lamentable intervención de personajes plenamente identificados por su larga “trayectoria” como vividores de los programas de apoyo al sector pesquero, como la famosa Mela Velasco, y otros, la situación empeora.

Las inquietudes de los pescadores, los salineros -que son los menos afectados, por cierto-, y los vecinos de las colonias y comunidades asentadas en las riberas de la laguna, deben ser planteadas por gente seria, por líderes respetables y congruentes y, particularmente, por gente informada y bien orientada.

El proyecto de Puerto Cuyutlán tiene, como toda obra humana, temas que deben resolverse por la vía del diálogo. Y para esto, lo primero es determinar qué es lo que mueve a los protestantes. Porque algunos andan en busca de dinero y de beneficios que no merecen, -ya se sabe quiénes-, y otros -pescadores, primordialmente-, tienen legítimo interés en ser tomados en cuenta en el proyecto integrador, como es el que se desarrollará en la laguna.

Por otra parte, están los ecologistas y los vecinos de la comarca lagunera, que deben conocer a fondo el proyecto antes de oponerse. Pero todos esos sectores, para dialogar y exponer sus necesidades, necesitan ser firmes y no deben permitir que se involucre gente indeseable que anda en la procesión porque quieren usarlos como plataforma política, o porque alguien les paga para denostar, para descalificar, para chingar, por amor al dinero.

Y, finalmente, desfilan también los locos de siempre, los que gritan y despotrican por lo que sea. Pero esos nomás dan risa.