Referencias Políticas


Salvador Olvera Cruz.-

ESPEJISMO DE LAS ENCUESTAS TELEFONICAS

A últimas fechas, las encuestas de intención del voto han sido un recurso en la vida política del país, situación que ha generado la multiplicación de empresas dedicadas a esta actividad.

Sin embargo, las encuestas, en muchos de los casos, han generado también datos poco confiables que respondan a los intereses de quien las ordena, situación que ha venido a repercutir en falta de la credibilidad del electorado en buena medida.

Asimismo, vale mencionar que la función predictiva es apenas un beneficio secundario de las buenas encuestas, ya que éstas permiten conocer los valores y las actitudes que prevalecen en el electorado, determinar sus demandas, expectativas y, en consecuencia, comprender las conductas electorales de los mexicanos.

Igualmente, hay que decir que aun así, la publicación de encuestas predictivas es un hecho inevitable e incluso saludable en el marco de una democracia, siempre y cuando se sujeten a la calidad y veracidad de la información, dando a conocer resultados sustentados con la responsabilidad y profesionalismo de quienes las generan y difunden.

Al respecto, llaman la atención algunos problemas técnicos que presentan las encuestas telefónicas, que se han sumado a este quehacer con mayor frecuencia en nuestro país, e incluso son utilizadas por algunas empresas como el único procedimiento de aplicación del instrumento de medición.

Sobre lo anterior, hay que manifestar que la encuesta telefónica se utiliza principalmente para medir el grado de satisfacción de un cliente, ya sea después de haber recibido un servicio de atención, o para conocer su opinión sobre algún producto en particular, ampliándose a últimas fechas al campo político.

Abundando sobre lo anterior, de acuerdo a los estudios llevados a cabo sobre el tema, las encuestas telefónicas con fines políticos son útiles en los países que tienen una importante cobertura de teléfonos fijos, razón por la cual en lugares donde ello no ocurre, genera lo que técnicamente se denomina “sesgo de cobertura”.

Lo anterior en respuesta a que se generan estimaciones incorrectas, generadas por las exclusiones de todas las personas que no poseen teléfonos fijos, quienes quedan marginadas de la posibilidad de ser sorteados aleatoriamente del marco de la muestra telefónica.

Como es obvio, la muestra telefónica sólo puede representar la condición de ser una muestra probabilística a la población con teléfonos, pero no a los que carecen de ellos. Las encuestas telefónicas parecieran no merecer, en principio, ninguna crítica como método de recolección de datos, presentando una alternativa en cuanto a costos y una buena forma de obtener resultados inmediatos.

Sin embargo, la muestra telefónica carece de la precisión que exigen las encuestas de intención de voto, pues esta metodología reduce su seriedad y veracidad a tan importante tarea.

En cambio, las encuestas realizadas en vivienda, a partir de diseños de muestra aleatoria, son las únicas que pueden considerarse como representativas de la opinión pública en un universo determinado.

Abundando sobre el caso de las encuestas realizadas siguiendo principios metodológicos rigurosos, poseen tres características que las diferencian sustancialmente de las telefónicas: 1) Aleatoriedad: Para que la información recabada en una muestra pueda ser proyectada a la totalidad del universo, es necesario que todas las unidades de análisis hayan tenido las mismas probabilidades de ser seleccionadas para componer dicha muestra. 2) Alcance: Derivado del principio anterior, la encuesta en vivienda posibilita que todos los individuos que vivan en ciudades grandes o pueblos pequeños puedan ser entrevistados, sin distinción de niveles educativos o económicos, y 3) Robustez estadística: Con una cantidad de casos adecuada pueden alcanzarse altos niveles de precisión que, en temas electorales son imprescindibles.

Las encuestas realizadas telefónicamente, en cambio, no pueden cumplir con el principio básico de aleatoriedad para que la información pueda ser proyectada a un universo, ya que no todas las unidades de análisis tienen la misma probabilidad de ser seleccionadas para una muestra, por el simple hecho de que no todas las personas tienen teléfono en su hogar.

En este sentido, el gran problema es que la posesión de teléfono no es aleatoria. En Latinoamérica la cobertura telefónica está altamente asociada con los ingresos familiares, como también a que las personas que no poseen teléfono son generalmente quienes tienen puntos de vista extremadamente diferentes en cuanto a lo social y lo político, con respecto a quienes tienen teléfono.

La diferencia entre los que tienen y los que no tienen teléfono impide que las encuestas nacionales sean representativas, puesto que no se pueden representar especialmente las opiniones de las familias de bajos ingresos.

A nivel de los datos poblacionales la información publicada por la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel), indica que la “Densidad telefónica” nacional es de 17.7%, lo que equivale a decir que de cada 100 habitantes, poco menos de 18 poseen una línea de teléfono fija.

Cabe mencionar que el mayor nivel de densidad telefónica en nuestro país se encuentra en el Distrito Federal con un 41.1%. De manera que aún en el DF se excluiría al 60% de la población.

Todo lo anterior viene a colación con motivo del boletín de prensa dado a conocer por el equipo de campaña del candidato de la coalición PRI-Pvem-Panal a la gubernatura de Colima, Ignacio Peralta, en que se presume una “ventaja irreversible” en esta contienda, al superar en una encuesta publicada por diversos medios por seis puntos porcentuales a su rival más cercano, Jorge Luis Preciado, del PAN.

La encuesta citada se señala fue realizada por la firma Indemerc -Harris, que da a Ignacio Peralta Sánchez un 42% de las preferencias electorales; 36% a Jorge Luis Preciado; 14.2% a Leoncio Morán, de Movimiento Ciudadano y 3% a la perredista Martha Zepeda.

La encuesta se indica fue realizada del 29 de mayo al 1 de junio vía telefónica, situación que al margen de su poca cercanía a la realidad, se piensa que dicho recurso busca más que nada mantear los resultados de encuestas no telefónicas que arrojan resultados en sentido inverso. Lo único cierto es que el siete de junio próximo se despejarán las incógnitas.