Referencias Políticas


Salvador Olvera Cruz.-

Segunda y última parte

PROFESORES Y SU PaPEL EN EL DESaRROLLO DE MEXICO

E n la colaboración anterior señalamos que los profesores en la etapa de la revolución, como hoy, enfrentan problemas similares. Respecto a este tema, debemos precisar que los maestros, durante el porfiriato como en nuestros días, siempre han luchado paralelamente tanto por la calidad de la enseñanza como por sus derechos laborales.

Lo anterior porque en el primero de los casos fue durante la Revolución Mexicana cuando irrumpe el proyecto educativo del porfiriano que pretendía homogenizar al magisterio mediante la unificación de los planes de estudio en la enseñanza normal en forma unilateral, sin estudio ni análisis formal.

Cabe mencionar que había entidades federativas en las que nada ocurría y otras en las que las escuelas primarias y normales fueron sometidas a intensas presiones que, en algunos casos, tuvo como consecuencia su clausura por meses o años.

Ante esta situación, algunos profesores fueron víctimas de la política y padecieron el retraso temporal de sus sueldos, e incluso el despido, por colaborar con el enemigo, participando también algunos de ellos al lado de grupos revolucionarios como ideólogos, escribanos, secretarios y consejeros de los jefes, convirtiéndose en jefes políticos y militares.

Asimismo, la mayoría de los maestros no intervino en la política y continuó desempeñando sus funciones sin importar el gobierno para el que trabajaban, al mismo tiempo que emprendían acciones diversas en el marco del movimiento armado.

Ante la caída del régimen porfirista surgieron diferencias entre la preparatoria y la Normal: La primera se identificó con el antiguo régimen y la segunda con la revolución. Fue en 1906 cuando surge el conflicto en inconformidades como en otras escuelas, ya que la preparatoria pasaría a formar parte de la universidad y la Normal no, situación que colocaba a la educación elemental como un territorio normalista y a la educación superior como universitaria.

Las aspiraciones de los normalistas en algunos casos llevaban a una aparente ambigüedad, pues por una parte querían ser distintos a los universitarios, pero también ser como ellos.

También se debatía sobre si los estudios normalistas eran inferiores, equivalentes o superiores a los preparatorianos. Otro aspecto fue que si las Normales debían formar parte de las universidades y de los institutos de ciencias y artes de los estados.

En ese contexto de lucha por su identidad profesional, enfrentaron una doble desventaja: La crisis de las escuelas Normales heredadas del porfiriato y la politización del reclutamiento.

El gobierno de Francisco I. Madero les concedió a los normalistas un lugar relativamente privilegiado frente a los universitarios, dándose así la situación de que al buscar afirmar su identidad profesional, los normalistas no quisieron que se les confundiera con los universitarios.

En esta etapa, el profesorado de la educación básica representaba mejor al carácter nacional que los catedráticos y las escuelas universitarias, pues los primeros cumplían con la función de integración nacional y eran menos elitistas que los segundos.

Lo anterior porque el profesorado había ganado terreno con la idea urgente de consolidar un proyecto educativo y un sistema pedagógico dotado de un fuerte sentido nacional, orientado por el imperativo de la integración, que atendiera a la realidad pluriracial y pluricultural de los habitantes del país.

Cabe mencionar también que al término de la revolución se generó una penetración mucho más visible y directa de la política y los políticos en el ramo de la instrucción pública, con la mayor participación del magisterio en la vida política nacional, como también con una importante participación del profesorado para decidir políticas educativas y pedagógicas.

Asimismo, se generó una mayor intervención directa del profesorado para designar a sus autoridades en diversas entidades federativas, por lo que los profesores en servicio fueron transformados por la revolución, contribuyendo a acentuar la politización del magisterio.

Fue así como los maestros pudieron incorporarse con mayor facilidad que los universitarios al discurso revolucionario y postrevolucionario, porque no les costó trabajo sentirse parte del pueblo.

En 1915 y 1919 es cuando los maestros comienzan a cumplir de un modo explícito, funciones de orden político, tales como actividades de propaganda constitucionalista que varios maestros realizaron dentro y fuera del país. También encontramos un mayor número de maestros en las cámaras de diputados, ayuntamientos, gubernaturas y administración pública, desde la primera legislatura maderista.

En esta etapa, algunas escuelas normales introdujeron cursos técnicos y materias encaminadas a orientar a la Normal hacia el campo, paso importante tomando en cuenta el alto porcentaje de la población rural en ese momento.

Lo anterior vino a dar vida a la escuela rural mexicana que tantos logros alcanzara, al mismo tiempo que se hicieron algunos intentos para reorientar la enseñanza normal, como los planes y programas de estudio, se buscaba una enseñanza más comprometida con el pueblo y con la revolución.

Con el correr del tiempo, los pedagogos, ideólogos o dirigentes magisteriales esgrimieron sus conocimientos y habilidades especializados como el principal argumento para reclamar el monopolio sobre los principales cargos directivos del ramo, llegándose al momento en que los gobiernos en turno y caciques sindicales, antes de velar por la calidad de la enseñanza, orientaron sus pasos al poder político.

Lo anterior, como es de sobra conocido, generó que nuestro sistema educativo entrara en una etapa de empantanamiento, situación que le llevara a acumular un rezago que en nuestros días resulta más que necesario superar en favor del país y su pueblo.