Referencias Políticas


Salvador Olvera Cruz.-

¿GOBIERNO SIN RESPALDO MAYORITARIO?

El sistema político mexicano ha transitado por un alto abstencionismo, que le lleva a contar con gobernantes que asumen el poder con muy bajos porcentajes de aceptación ciudadana.

En los hechos, el abstencionismo se genera no sólo por el incumplimiento de promesas, sino también porque los gobernantes siempre dicen que gobiernan para todos, siendo que lo hacen selectivamente. En realidad, el abstencionismo se ha enraizado más que nada por el sinnúmero de fraudes electorales que se generan por todo tipo de artimañas a lo largo y ancho del país.

Abundando sobre el tema, cabe recordar la llamada “caída del sistema” en el proceso electoral de 1988, en que el partido en el poder cometió un gran fraude para hacer triunfar al entonces candidato a la presidencia de la República, Carlos Salinas de Gortari, sin pasar por alto los cometidos en diferentes entidades federativas en que se ha burlado el voto ciudadano para dar triunfos a contendientes que fueron derrotados en las urnas.

En ese contexto, nos encontramos que esas prácticas continúan vigentes, echando mano de nuevas acciones reprobables, una vez que las conocidas han terminado por ser muy bien corroboradas, situación que ha repercutido en la pérdida de confianza del electorado, y en el hartazgo de la población al observar cómo su voto y preferencia electoral son vilmente burlados.

Cabe decir que antes de buscar evitar el abstencionismo, se recurre a incrementarlo: Pues cuando en partido en el poder observa que su mal gobierno cala hondo en el electorado y pone en riesgo su triunfo, recurre a amedrentar a la población para que no sufrague, sabedor de que el voto será en contra.

Asimismo, en nuestros sistema político es más el tiempo que se invierte en buscar la forma de preservar el poder que en orientarse a acciones, proyectos y programas que mejoren la frágil economía de la nación que lleva a engrosar las cifras de gentes sumidas en la pobreza y miseria.

Ese torcido proceder está llevando a nuestro país a ver cada día más lejano el horizonte de prosperidad que genere convivencia y paz duradera; enfilándose todo por la senda de la inseguridad y conflictos sociales, engendrados por la corrupción, desigualdades sociales e impunidad.

Sobre lo anterior, cabe mencionar la indiscriminada apertura de México desde 1988 hasta 1994, en que llegaran inversiones extranjeras altísimas que no se aplicaron correctamente, ocasionando una desigualdad mayor de la riqueza, de tal manera que en 1994 la revista estadounidense “Fortune” publicó una lista en la que aparecían 24 multimillonarios en México, mientras que la mayoría de la población, sobre todo los campesinos, llegaron a su más alto nivel de pobreza.

Ante la situación mencionada, surgieron varios programas del Gobierno Federal para mantear el problema a través del programa nacional de solidaridad, sin cumplir correctamente con su misión, por lo que se requiere más que nunca que las estructuras gubernamentales sean cada vez más críticas, firmes, plurales y abiertas a la democracia participativa.

Lo antes expresado nos lleva a reflexionar el futuro inmediato que espera a Colima con el cambio de gobierno que está por concretarse, pues dicho relevo se está viendo afectado seriamente al no vislumbrarse el requisito indispensable de una democracia participativa con futuro cierto.

Esa situación deja en claro que de no sujetarse la concreción del relevo gubernamental en los planos del respeto al voto ciudadano, colocará a la entidad en situación tal, que si bien los problemas que se enfrentan en otras entidades aún no se viven aquí, resulta más que necesario evitar ello acontezca.

Respecto al futuro de Colima, es importante razonar hasta dónde existirán las condiciones reales y recomendables para delinear el futuro de la gente con un mandatario y partido derrotados, en la mayoría de presidencias municipales y distritos locales.

Se expresa lo anterior porque hasta donde se percibe, el PRI sólo ganaría las presidencias municipales de Comala e Ixtlahuacán; es decir, gobernaría solamente a una población de 26 mil 188 habitantes, según datos del Inegi, todo se reduce al cuatro por ciento de la población total de la entidad, que según el Censo del 2010 es de 650 mil 555 colimenses.

Por su parte, el Pvem tiene a su favor las presidencias municipales de Armería y Minatitlán, cuya suma de habitantes es de 36 mil 869 personas, representando el 5.6 por ciento de la población del estado.

Sin embargo, y tomando en cuenta la alianza signada entre el PRI y Pvem, contarían entre ambos con 63 mil 057 gobernados, equivalente al 9.6 por ciento de la población.

En lo concerniente al PAN, que se vislumbra ganaría las presidencias municipales de Colima, Coquimatlán, Cuauhtémoc, Villa de Alvarez, Manzanillo y Tecomán, éste gobernaría un gran total de 587 mil 498 colimenses, equivalentes al 90.4 de la población estatal.

Asimismo y presumiéndose que el PRI finalmente ganara el municipio de Colima, el segundo más poblado de la entidad, con 146 mil 904 habitantes, el tricolor gobernaría 209 mil 961, cifra equivalente al 32 por ciento. En tanto, el blanquiazul vería reducido el número a 440 mil 594 gobernados, equivalentes al 68 por ciento.

Con las cifras anteriores, quedaría claro que de ganar Ignacio Peralta la gubernatura, contaría con el respaldo directo de la alianza PRI-Pvem con el 9.4 por ciento y de ganar el municipio de Colima, con el 32 por ciento. En tanto, el PAN, con el 90.4 por ciento en el primero de los casos y con el 68 por ciento en el último.

En fin, ya veremos qué acontece; porque resulta más que indispensable limpiar cabalmente el proceso electoral, a fin de poder superar retos que empañen y ennegrezcan el futuro de Colima y su pueblo; pero sobre todo se despierte el encono y la violencia por intereses ajenos a la voluntad del electorado.