Relámpagos filosóficos


Teodoro de San Buenaventura

A nuestras queridas autoridades, sacerdotes y pastores de cultos religiosos y, compañeros ejidatarios, les fundamento y hago ésta atenta súplica:

Hace algunos años, ya estábamos a 13 de julio y no llovía. Le pedí a Dios le ordenara a Tláloc, dios de la lluvia, nos mandase su bendita agua, ese mismo día fui a Armería y compré una docena de cohetes. En la tarde los tiré y por la noche cayó un tormentón, siendo lo más notorio que, nada más en los terrenos de mi ejido, San Buenaventura, llovió a raudales.

Como el caliente vapor de miles de tráileres y millones de vehículos elevan la temperatura de la atmósfera, las nubes con agua se retiran y nos dejan secos.

Al no llover, el aire disminuye en oxígeno que nos da vida; no hay pastos para la fauna silvestre; los ojos de agua se secan. Aves y animales sufren de sed. Peligran los pozos profundos que dan agua para regar huertas de mango, limón y plátano. Ya no digamos, que dicha escasez has nosotros nos afecte.

Así que, el que todo mundo hagamos oración y tronemos en el cielo miles de cohetes, hará que la mano bendita del Rey del Universo, ordene a sus huestes celestiales, derramen nuestra lágrima, convertidas en lluvia.

Nuestro apreciado gobernador y nuestra querida alcaldesa, a la voz de ¡YA!, deben mandar construir tres puentes en nuestra ciudad y puerto, aumentar a 5 el número de trenes para el traslado de contenedores, bajando el número de tráileres a por mitad. El tren no contamina.

No olvidemos, que por conducto de sus ángeles, los seres humanos, Dios manifiesta su ley del amor, sinónimo de salud, paz, progreso, felicidad y armonía. Y Satán, contento se pone, aprovechando nuestro libre albedrío, dándole gusto a la carne en un mar de lujuria, codicia, idiotez y crímenes.

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