Relámpagos filosóficos


Teodoro de San Buenaventura.-

Fundamentar torturas, homicidios, genocidios y guerras en la religión que profesan una o varias naciones, es el más cruel desacato a la Ley del Amor pregonada por el Mesías en que Dios ha encarnado desde hace millones de años en el planeta Tierra.

De las razas hiperbórea y protoplasmática, no hay vestigios gráficos a prolongados diluvios con cambios de océanos y continentes.

De la Lemur, la Atlanta y la actual raza Aria, sí existen prolongados periodos de paz, fraternidad y progreso, propiciado por gobiernos teocráticos. No lejos, antes de nuestra era, la Santa Biblia en el Viejo Testamento, no muestra las constantes guerras entre tribus y naciones. En la era actual, no obstante el saludo que nos dejó Cristo Jesús: “La paz del Señor sea con vosotros”. Dos guerras mundiales y otras intestinas no han hecho pausa en su existencia. México, en su constante lucha por la independencia, soberanía, libertad y justicia, tres evoluciones ha sostenido, y hoy, miles y millones de pesos se gastan en cuerpos policiacos y ejércitos para controlar la imparable violencia de narcos y ladrones asesinos.

La medicina para curar estos males hasta los niños del kínder la intuyen. ¿Cuál es esa medicina? Que los altos cargos de los poderes Ejecutivo y Legislativo, incluyendo hasta regidores de Cabildos, sean honoríficos. Mexicanos y mexicanas con solvencia económica, y selectos pensionados y jubilados, creo que con gusto tomarían el toro por los cuernos, logrando esa paz, felicidad y progreso que cumplimenta los mandatos de la luz divina de Dios. Lo ahorrado debe invertirse en agricultura, ganadería y pesca.

Criticando a otro y yo también robando al pueblo con un sueldazo de poca madre, jamás se terminará la miseria, la pobreza y la violencia. Yo tengo fe en Dios que, mi hermano y amigo José Ignacio Peralta Sánchez y mi niña consentida, “Gaby” Benavides, ya en sus cargos, lleguen a convencer a convencer a diputados y regidores el convertirse en héroes de la patria en Colima y Manzanillo.

Candidato, que en su campaña prometa sacar al buey de la barranca, haciendo lo que propongo como remedio, hasta los burros votarán por él. A los que solamente critican sin antes “lavar” su currículum, que Alá los perdone. Tan, tan.