Relámpagos Filosóficos


Teodoro de San Buenaventura.-

Dios es luz, verbo, vida, salud, belleza y felicidad, sobre todo mente divina. De aquí que, El Principio del Mentalismo, cuidadosamente empleado por el hombre, propicie las seis cualidades del Padre del Universo, de entre los miles de millones de valores y virtudes que posee. “En lo que el hombre piensa, en eso se convierte”, nos dice un certero aforismo metafísico.

En tal virtud, ¿qué recomiendo a mis queridos lectores de EL NOTICIERO DE MANZANILLO? Jamás den abrigo al temor, la duda, el odio, la discordia, el rencor y demás vibraciones negativas en vuestros pensamientos, palabras y obras. “Sed perfectos, como mi Padre que está en los cielos es perfecto”, nos dejó dicho Jesús.

Toda enfermedad es el efecto de una causa violatoria a las leyes naturales, sociales y divinas. Si uno con fe adora a Dios y hace oración, rezando al Padre Nuestro o lo que le dicte su mente en su imploración, tan cierto como la presencia de Cristo está en los latidos de su corazón y el aire que respira, tu cuerpo sana al instante.

“El hombre no muere, se mata”, dice un proverbio campirano. Le siguen estos dos: “Si quieres vivir y de tu vida disfrutar, ocho horas has de dormir, ocho de trabajar y ocho de disfrutar”, “Almuerza poco, come más, cena menos y vivirás”. “Quien no oye el consejo, no llega a viejo”.

Por el otro lado de la moneda, tenemos las campañas políticas de los más preclaros y dignos candidatos de todos los partidos políticos. Hombres y benditas mujeres con brillante preparación profesional, reconocida bonhomía y probado humanismo.

Cada ser humano con mayoría de edad a nivel estatal y municipal, tenemos en nuestro corazón e iluminada conciencia, a quienes otorgaremos nuestro sufragio, sin importar el partido al cual pertenezcamos.

Para su servidor, José Ignacio Peralta Sánchez, Gabriela Benavides Cobos, Sergio Sánchez, Virgilio Mendoza, Alberto Medina, Daniel Cortés y “Chayo” Yeme, son mis favoritos.

Eso sí, jamás olvides, o mejor dicho, olvidemos, que el constante reconocimiento a uno mismo en pro de la práctica de la Ley del Amor, vale oro. “Nocete ipsum”, decía un escrito en un frontispicio del Oráculo de Delfos, que traducido al español, nos dice: “Hombre, conócete a ti mismo y conocerás al Universo y sus dioses”. Tse fini.