Relámpagos filosóficos


Teodoro de San Buena Ventura.-

Que nadie lo dude. Desde el Presidente de la República hasta el más humilde  “estira la mano” sentado a un lado de la calle México pidiendo limosna, somos una bola de idiotez.

Enrique por permitirle a su esposa exhibirlo en la compra de cosas. Los limosneros por ponerse a trabajar hasta dando grasa a zapatos.

En mi ejido de San Buena, un pasante de medicina que cubría su año de servicio en el centro de salud, mandó a los tumba palos de esa secretaría a mandar a suelo dos hermosas palmas de coco que bien redituaban cinco mil pesos al año. El enfermero que está de planta, a machetazo limpio les dio en la “mother” a dos arbolitos de yaka en plena producción.

Jóvenes imberbes me arrancan plantitas de mango, aguacate y coco que planto en los camellones de la calle y gente adulta los fumiga con herbicida.

En las escuelas, los maestros no les inculcan a los niños el amor a la naturaleza, mucho menos a plantar aunque sea una mata de jitomate. Todo mundo sabe que las plantas nos dan alimento, oxígeno, clima agradable, purifican  el aire al absorber por sus hojas al anhidro carbónico (gas venenoso), porque la idiotez nos tiene atontados por parejo.

A mí me pasa lo que al que dio la vuelta al mundo buscando al hombre más idiota. Terminado el viaje se autoexaminó y sacó por conclusión que él era al que andaba buscando.

Di albergue a un matrimonio de jóvenes en mi casa, que dizque les habían robado sus maletas más acá de la central camionera. Les dábamos de comer, le conseguí trabajo y a los tres meses me robaron tres mil pesos de mi cartera. Luego a dos mujeres adultas originarias de la Isla de Lesbos les presté $26, 500 para que compraran una camioneta para juntar chatarra, vendieron la camioneta y se pintaron.

Mi esposa la Vita, sin pedirme permiso cambió una casa por un departamento, lo rentó y le prestó al inquilino una camioneta Mazda para que trasladara sus maletas. Nos fuimos a Guadalajara y cuando retornamos, ya se había pintado con todo y camioneta.

Para colmo, lo que dejó afuera de mis casas, acá en el Valle y en mi ejido, chatarreros, drogadictos y alcohólicos no dejan ni el rastro.

¿Qué hacer? Someter a nuestra conciencia y fuerza de voluntad, el deseo de ser positivos, equilibrados, armoniosos, cuidadosos de nuestra honorabilidad y bienes, reduciendo en un 90% nuestro grado de idiotez. “El que tenga oídos que oiga”, nos dejó dicho Jesús. Amén.