Relámpagos Filosóficos


Teodoro de San Buenaventura.-

Todos los libros sagrados de filosofía místico-esotérica, coinciden en que Dios es mente, luz y verbo (música celeste).

También nos dicen que El está en todo y todo está en El. De aquí que de los miles de nombres de Dios que contemplan los idiomas y dialectos en nuestro planeta Tierra, el más apropiado es: Yo Soy, cuya divina presencia resalta en el ser que creó a su imagen y semejanza, el hombre. Desde luego que en las benditas mujeres también.

Pronunciar el sagrado Yo Soy para darle gracias por el agua que nos vamos a tomar y los alimentos que nos vamos a comer. Lo mismo al iniciar nuestro trabajo y al terminar la jornada, así como por las caricias de nuestra esposa y la alegre sonrisa de nuestros hijos, nos mantiene sanos, fuertes, alegres y optimistas.

Cada quien, con sus propias palabras, formule la oración, más inspirada para cada asunto. Una de las que yo inventé, dice: “Bendito y alabado Yo Soy, te ofrezco estos alimentos. Toma de ellos lo que más te agrade y lo demás conviértelo en prashad (comida bendita), para que fortalezca mi cuerpo. ¡Gracia Padre mío por haberme escuchado! Amén, aleluya, amén.

Saber que Cristo mora en nuestro corazón como luz de amor divino al lado de nuestra alma y someter a su juicio nuestros pensamientos, palabras y obras antes de, es garantía de no dañar a nadie, y las caricias de nuestro amado Yo Soy, se traducen en satisfactorios milagros. ¡Cálele y verá!

Hay tres seres ascendidos cuyos nombres son: Fe, Esperanza y Caridad. Si hincado los invocáis haciendo oración y vuestra gratitud y súplicas al omnipresente Yo Soy, exentos de mala vibra, ¿qué no hará por nosotros?

Conozco a “Nacho” y “Gaby” desde hace años, ambos son fieles creyentes. En tal virtud, si es para su bien y también del pueblo, serán nuestros monarcas. Todos los candidatos que deseen formar parte de sus equipos de colaboradores, tendrán trabajo a su lado.

“Tan sólo un consejo os doy, dijo Jesús, a sus apóstoles, que os améis los unos a los otros”. Críticas, rencores, odios e injurias, son el caldo gordo de Satanás en sus huestes infernales.

Justo a tiempo estamos todos de tomar el camino estrecho que conduce al nirvana, reino celestial. Tan, tan.