Relámpagos filosóficos


Teodoro de San Buenaventura.-

Hace como 40 años que se me perdió una cadena de oro, llevé a la sirvienta al ministerio Público por sospecha. Negó haberlo hecho y pedí su no consignación. Al mes noté que un familiar de mucha estima había mandado hacer pulserita para su niño y prenda para ella.

Hace 3 días perdí un rosario de plata que mi nietecita Emy me trajo de Roma (fue a tomar unos cursos sobre medicina a una universidad de España). Recriminé a una persona que viene a barrer el patio y la casa, pedí a María y su hijo Jesucristo y me hicieran el milagro, lo encontré en mi casa de San Buenaventura.

De aquí que, mis queridos lectores, jamás lastimen a nadie por menos sospecha, pues es más grande el dolor del alma ante la verdad, que los valen las cosas perdidas o robadas.

Si Jorge Luis Preciado practicase la empatía, la amistad, la fraternidad y la bendita armonía y prometiese desempeñar

el cargo que pretende en forma honorífica y lograr lo mismo con los integrantes de su gabinete, diputados y senadores de su partido, le lloverían votos y hasta un importante cargo al lado de Nacho si el perdiese.

Lo único que le espera, al perder es lograr un contenedor de lágrimas, producto de lo sembró al no haber obedecido a Jesús que nos recomienda “andar viendo la paja en el ojo ajeno, en lugar de quemar el relleno sanitario, que deturpa el ojo nuestro”.

Nadie es perfecto, ni tampoco somos santos, pero eso sí, cuando las obras buenas en bien del pueblo y el progreso integral del municipio, estado o República, sobrepasan a los actos negativos, a dos deberemos dar gracias, en lugar de vomitar satánicas discordias.

Para su servidor, ni Ignacio, ni Gaby, ni Pico, han proyectado vibraciones negativas en contra de nadie. Esa conducta da con el cumplimiento del “amaos los unos a los otros” y el de “la paz del Señor sea”.

Si usted no deja de votar, avivará el interés de la voz del pueblo por un gobierno digno, justo y amoroso con todo mundo.