Relámpagos Filosóficos


Teodoro de San Buenaventura.-

El domingo próximo pasado, mi hijita “Gaby” Benavides fue a mi capital del zancudo a darnos las gracias porque el 85% de la ciudadanía votamos por ella.
Minutos antes de su llegada, me puse a barrer el espacio sombreado por el frondoso árbol del hule, cuya altura es de 40 metros con ramas de hasta 20 de largo.
Estaba depositando la basura en una reja cuando tuve que pararme para darle su abrazo y su beso de bienvenida. ¿Qué van que hizo? Se dirigió rumbo al montocito de basura que sobraba y la fue depositando con sus propias manos en la reja. Mientras fui a tirarla, ella, en otra reja, siguió llenándola hasta dejar limpio el suelo. Luego le traje agua para que se lavara sus manitas.
Como ustedes ven, la humildad en los que están gobernando o van a gobernar, es un tesoro de sabios. Por lo mismo, Cristo Jesús lavó los pies a sus discípulos.
Como 50 personas (hombres, mujeres y niños) asistimos al acto. La mayoría le pedimos algo. Yo, en mi carácter de presidente ejidal, le solicité la construcción del drenaje para el poblado. Me dijo sí.
Tan sólo falta saludar a mi candidato a gobernador electo, “Nacho” Peralta. Estoy seguro que ambos, Ignacio y Gabriela, mi amigo y mi hija del alma, respectivamente, harán de sus respectivos gobiernos el más brillante paradigma a nivel internacional. Su excelente preparación profesional, experiencia y humanismo, son garantía del éxito en pro del progreso, la paz, grata armonía y felicidad de todos sus súbditos en el Reino de Colimán y la bella ciudad y puerto de “las golondrinas”.
Yo me ofrezco como guía gratuito de la Secretaría de Educación Pública, para inscribir lo enseñable en los seis grados de primaria sobre matemáticas y gramática, así como gestionar ante las secretarías de Estado servidores técnicos en el cultivo de hortalizas en los patios de las escuelas, casas y parcelas ejidales.
Un veterano monje que daba clases en un convento ya tenía tres días sentado a la sombra de un árbol en el jardín. Sus discípulos lo encontraron y uno le reclamó el abandono. El les dijo: Mi edad ya no me permite trabajar y nuestro lema en este momento es “el que no trabaje, que no coma”.
Así que, hasta minusválidos debemos trabajar para ganarnos dignamente el pan de cada día. ¡Que Dios nos siga bendiciendo por parejo!