Resucitan los años 90

Las Víctimas del Dr. Cerebro dieron un lúgubre y alocado concierto.

*Los músicos tocaron completo por primera vez su álbum debut y convirtieron la noche en una casa de los horrores

¿Nostalgia por la muerte? Claro que sí, engendros de la noche. Ese fue el lúgubre y alocado sentido del concierto que Las Víctimas del Dr. Cerebro ofrecieron en medio del pasado Halloween en el Foro Puebla en la CDMX por su 35 aniversario.

Y es que la columna vertebral del show fue su primer álbum, el cual la banda tocó íntegro por primera vez y consiguió que las emociones de sus conciertos de los años 90 surgieran de lo más profundo del panteón de las memorias.

Así es como la macabra noche comenzó, entre el humo del hielo seco y un sarcófago con luces neón en el escenario, con el denso funk de “Víctimas” que “Abulón” —Ricardo Flores— cantó con un acento transilvano, enfundado en chamarra de cuero y gogles de motociclista, bajo los cuales tenía unos amenazantes lentes de contacto blancos, mientras vampiros, brujas, zombies y diablescas del público bailaban con enjundia.

Con una macabra presentación, Jesús Flores “Chipotle” apareció para interpretar con voz grave y cavernosa “Guayaba”, dedicada “a todas las pecositas” que asistieron al concierto.

Siguieron con “Armadillo”, “Cuando estás cerca” y “Correcaminos”; “Abulón” pidió al público que dejara de grabar por un momento, para hacer palpitar de nuevo la sensación de estar cien por ciento en un concierto.

Entre cada tema, iban apareciendo monstruosos bailarines y enfermeras vestidas como el icónico video juego “Silent Hill”.

“¿Cómo está la razaaaaa? ¡Puro chingón vino esta noche, gracias! Hace 35 años comenzamos este camino y una escena musical junto con bandas legendarias. Es un honor tenerlos esta noche”, gritó “Abulón” antes de que la banda se lanzara a tocar “Sara”. Un momento muy sentido por los fans, ya que se trató de la primera vez que la tocaron en vivo.

Uno de los clásicos de ska del disco, “Santo”, sonó mientras en el escenario se montó una pelea entre el enmascarado de plata y el monstruo de la laguna.

Igual tocaron “La tamalera”, inspirado en el impactante caso de María Trinidad Ramírez Poblano que asesinó a su violento marido y lo cocinó en tamales para vender.

Por supuesto también tocaron “Quiero ir al baño” y “Psicópata psicótico”, que el “Rana Flores” cantó con gran fuerza, piruetas y saltos en todo momento. Una energía que se contagiaba fácilmente al público.

Hubo un momento de paz en que cedieron el escenario al periodista Ricardo Bravo, quien, contaron, les dio la primera oportunidad 35 años atrás, luego de haberlos elegido ganadores de un concurso de bandas de rock.

“Perfectamente recuerdo haber estado sentado en primera fila en ese concurso. Salieron bandas buenas, pero que se parecían a otras que ya existían. Cuando les tocó a ellos, pusieron féretros en el escenario y de repente de ahí salieron y nos lanzaron una gallina negra”, recordó Ricardo Bravo.

De ahí la noche se siguió con clásicos de otros discos, con la participación del rockero Adrián Toussaint, quien lleva ya tiempo tocando con la agrupación.

En “Tunel” se armó un abrazo multitudinario que terminó por volverse las aguas de un mar picado; en “Y a sus amigos”, “Abulón” se colgó de el segundo piso de las gradas. Se armaron al menos dos slams, uno general y otro para morras.

Todos sacudieron sus sistemas óseos con “El esqueleto” y así la noche se fue, con las bailarinas cambiando constantemente de vestuario: sensuales infectadas por el hongo Cordyceps de la serie “Last of Us”, mujeres pulpo, masoquistas con fuego en las manos y brujas con máscaras de cabras de tres caras.