La penosa campaña de descalificaciones emprendida la semana pasada contra la diputada manzanillense Andrea Naranjo, es, a todas luces, producto de su evidente crecimiento en la aceptación ciudadana, y parece provenir desde los grupos del mismo movimiento que representa, es decir, Morena.
Naranjo Alcaraz consiguió, en menos de un mes, remontar los “marcadores” de las encuestas, superando a su principal opositor en la contienda interna para la candidatura a presidente municipal. Así que el innecesario cuanto reprobable golpeteo al que están sometiéndola, lejos de generarle repudio, le está redituando mayor aceptación entre los manzanillenses de cepa, que reconocen en la legisladora santiaguense una mujer bastante preparada, con un discurso bien estructurado y con un arraigo indiscutible por su origen porteño, profundamente relacionado, además, con los nativos de la región.
Pero a pesar de que esa campaña de agravios e inmundicias, en lugar de afectarla le ha venido beneficiando, resulta vergonzante que “alguien” o “algunos” desde las cúpulas en el poder recurra a esas prácticas deleznables. ¡Y es que son tan obvios, que sorprenden por su novatez y los deja mal parados! ¡Vaya! Hasta decenas de personas de la oposición se solidarizan con Andrea Naranjo y reprueban que desde las filas morenistas la ataquen. ¿Quién opera esas embestidas vergonzantes? Es obvio que desde la oposición no.
OBRA DE PRIMERA. Se debe ser muy mezquino para cuestionar de oficio y por gusto la obra de ampliación de la carretera Colima-Manzanillo, que dentro de unos meses estará operando a cabalidad, ahorrando tiempo y reduciendo significativamente los accidentes mortales que la han caracterizado durante décadas. A quienes pretenden desacreditar a la gobernadora Indira Vizcaíno por las molestias que provocan los trabajos, habrá que recordarles que, pese al costo político que eso le genera, la mandataria estatal ha privilegiado seguir con esa obra que traerá grandes ventajas al comercio, la salud, la educación, el transporte y demás, sobre los cuestionamientos políticos que pudieran afectarla a ella o al proyecto político del que proviene. Indira Vizcaíno agarró el toro por los cuernos al que sus antecesores le sacaron la vuelta. Porque esa carretera hará de Colima el Estado mejor comunicado del país, pues a un tiempo está rehabilitando la carretera libre Armería-Manzanillo y numerosas carreteras interiores que son vías alternas y que seguirán en servicio definitivamente. Para donde se hagan sus detractores, gracias a esas obras, las cosas le saldrán más que bien a la gobernadora, porque como se dice comunmente: Las molestias son pasajeras, pero las obras quedan.
SOBRE LA COLONIA ALAMEDA. Llegó el momento previsto: La colonia Alameda, fundada hace más de sesenta años a la orilla de la laguna de Cuyutlán, en terrenos ganados a ese vaso lacustre, ha topado con una realidad temible: En 2012, al inaugurarse la Planta Regasificadora, lo escribimos en el periódico El Correo de Manzanillo: “Con la ampliación del Canal de Tepalcates, que permitirá el ingreso de millones de toneladas cúbicas de agua del mar a la laguna, algún día se reblandecerán los terrenos “ganados” a ese lago y, primero se anegarán y después irán hundiéndose gradualmente”.
Y entonces lo dijimos también: “El gobierno, en sus tres niveles, ya debería estar desarrollando un plan de vivienda y construyendo una zona habitacional nueva, para reubicar, sin costo alguno, a los habitantes de esa colonia”. Estamos a tiempo antes de que la laguna recupere lo invadido o un terremoto los sumerja en el lodo.
LA ASIPONA, OBRAS SOCIALES. Para muchos, la Administración del Sistema Portuario Nacional Manzanillo, aparece en el desvirtuado contexto social como el típico ogro que causa daño y saca provecho de la región. Pero pocos ven -o se niegan a hacerlo-, la cantidad de obras, acciones y proyectos, que con recursos de la dependencia se realizan en Manzanillo y no meramente como obras compensatorias para el municipio, sino como actividades que tiene trazada la administradora portuaria como parte del proyecto de buena relación Puerto-Ciudad. En 20 años, la ASIPONA le ha entregado a Manzanillo más de seis mil millones de pesos en obras. Desde una banqueta, hasta la pavimentación de decenas de calles en colonias y delegaciones, la construcción del asilo de ancianos, del rastro -que no funcionó por errores de los ayuntamientos, no por culpa de ASIPONA-, la pavimentación con concreto hidráulico del boulevard, la rehabilitación de la planta de tratamiento, la construcción del acueducto, la pavimentación de la carretera a Jalipa y de las calles aledañas, el puente sobre el arroyo de Santiago, la construcción de un gran sistema de desagüe entre San Pedrito y el Valle y los enconfrados y alcantarillas de Tapeixtles, Jalipa, Francisco Villa, Las Brisas, etc.; el rescate de espacios públicos, el restablecimiento y mantenimiento de la laguna del Valle -que afectan los arroyos y las aguas negras de la ciudad, no Asipona- entre muchas más. Es decir, la Asipona ha estado hace un cuarto de siglo presente apoyando a la zona urbana y más allá, y no porque tenga que cumplir una obligación simple, sino porque existe esa vocación de contribuir con la ciudad donde está asentado el puerto. Muchas, muchísimas obras municipales se han hecho con recursos del puerto, y eso lo sabe todo el mundo. Así que no vengan a decir que el puerto no aporta nada y solo genera problemas. Como se dice coloquialmente: ¡No la chinguen!
POR HOY, BUEN DÍA.
