Uno de los casos que vienen a mi mente es el llamado “esfuerzo acompañado con la fe y la religión”, que da fortaleza al vivir algo fuera de lo común, no deseado por ningún ser humano, relatare un capítulo de vida, de quinen no merecería tener esa experiencia de sentimentalismo de amor, difícil de ubicar donde reside la resiliencia.
Se da el caso de un joven que caminó en la vereda del buena actuar, hombre quien era correcto, estudioso, responsable y se le podrían atribuís conducta ejemplar, que es destruido por tanto amar y la resiliencia saboreada con desesperación, llevada a algo sentimental y único de sufrimiento.
Antonio era el joven que desde niño dio pruebas de comportamiento adecuado, educación, moral, ejemplar en muchos aspectos, con una conducta admirada por muchos que le conocieron.
Su vida flotaba con un propósito de ser diferente, pero llegó el día que conoció a Carmen, jovencita de buen proceder y también de forma de vida ejemplar, se enamoraron con aquella limpieza de espíritu y con el trato llegaron a contraer matrimonio.
Su vida comenzó con la felicidad contraída con el sacramento del matrimonio, las luces de esperanza dieron como fruto un embarazo que emocionó a ambos y les llenó de gusto el saber que tendrían otro motivo de vida haciendo el esfuerzo de amor de que su hijo fuera motivo de viada para ambos.
Se realizó el alumbramiento y se convirtió ese matrimonio en luz para muchos, que disfrutaban de esa Felicidad, pero nada en la vida es totalmente perfecto y su hijo había nacido con una deficiencia en su corazón.
Ellos no sabían y a la edad de tres años en un jardín donde ellos y su hijo alegremente se divertían el niño callo desmallado sin motivo alguno, les asustó tanto que el le tomó en sus brazos y corrió con él a una clínica que a varias cuadras se encontraba, lo reanimaron y con el Jesús en la boca regresaron a casa, los cuidados se esmeraron pidiendo este joven en muchas ocasiones permisos en su trabajo haciendo que los propietarios se molestaran y perdió su trabajo agravándose la situación por el escaso recurso para vivir.
En un día fatal, salió temprano en busaca de trabajo y al estar en una tienda para comprar el alimento escaso, pero con esfuerzo al regresar la esposa llena de lágrimas le informo que su hijo había muerto.
Desde ese día aquel ya hombre responsable se perdió en el alcohol como escape de sus desgracias, su esposa viendo destrozado, que no podía sobreponerse tuvo que dejarlo, su situación era insoportable teniendo que alejarse por el alcoholismo que lo llevó a la desgracia cada día más.
Destrozado física y moralmente aquel que era ejemplar, llegó por la noche a casa, solo pretendió abrir su puerta y cayó quedando fuera en completo estado alcoholizado, una persona que le conocía le ayudó a entrar a casa, lo dejo en el sillón completamente perdido.
Él no sabía dónde estaba, de pronto le despertó una fuerte luz muy blanca que le encandilo y creyó que estaba muriendo, más, resulto que se vio lleno de nubes a una altitud indescriptible, se encontró con un hombre que emanaba paz y tranquilidad, lleno de amor, le comentó el pasaje de su vida y todo lo que sufrió por la pérdida de su hijo, mostrándole lo que es tener felicidad, lo sentó en un cumulo de nubes y le dijo mira, de otro camino apareció otra luz distinta, con calor agradable, paz y alegría, era una vereda inmensa en la cual caminaban miles de niños, el miro a aquel hombre que le mostro la felicidad que todos tenían, diciendo, mira son los niños que han muerto y los he traído a mi casa, aquí serán felices todos los día.
Puedo mirar si viene mi hijo, claro para eso te traje, ve encuéntralo.
Se colocó en una grada de nubes y miraba y miraba y su hijo no aparecía, todos esos niños traían una vela encendida como símbolo de felicidad.
Su mirada fue para aquel hombre bueno y le dijo: ¿dónde está el mío, donde esta?
Espera son muchos y ve bien, que el camino donde están los pequeños son los últimos.
Ah gritó de alegría, ya lo veo, ahí está, ahí está seguía gritando con una felicidad mayúscula.
Me permite verlo y platicar con él, le comento a aquel hombre bueno.
Claro dile que venga hacia ti, abrazó a su hijo lleno de lágrimas, lleno de amor.
Y le pregunto: porque todos los niños pequeños traen una vela encendida y la tuya no.
Ahhh mira papito, a diario ese hombre que está con nosotros todo el día, nos la prende al empezar el día, pero en el caminar de pronto se me apaga.
¿Por qué mi niño?
Porque yo sé que es el símbolo de felicidad y cuando transcurre el tiempo, con tus lágrimas tú me la apagas.
Aquel hombre lleno de amor le abrazó y dijo: hijo te prometo no volveré a apagarse tu vela de felicidad, lo prometo y tendrás otro hermanito que algún día te acompañara y lo cuidare como a ti.
Se escuchó un ruido que le volvió la realidad, corrió en busca de su esposa y le prometió corregirse, la esposa como le amaba regresó a casa y tuvieron otro hijo que tenía gran parecido al primero y cada vez que lo abrazaba, sentía que era a dos niños y se aguantaba de llorar para dar felicidad a toda su familia.
En este tema también hay resiliencia emanada del cariño, fe, y amor, sentimiento que da la fortaleza para regenerar cualquier paso drástico en la vida.
Casos colectivos de resiliencia es cuando vemos temas de conjunto de un pueblo, que azotado por la autoridad que abusa y con prepotencia aniquila o trata con su poder lastimar, al grado que las personas de un pueblo, corresponden de la misma manera en defensa de ellos mismos y se revela la gente, ahora veremos otro ejemplo de abuso donde la resiliencia en un hombre es motivo de admiración y ejemplo de pesadumbre. (se recomienda tener en cuenta que este ejemplo es fuerte).
