Si eres adulto y quieres estudiar una carrera profesional, ya lo puedes hacer


En México, más de 15 millones de personas mayores de 45 años aún sueñan con estudiar una carrera profesional. Representan cerca del 12 % de la población y, con ello, un sector social que merece nuevas oportunidades.

Muchos de ellos no tuvieron en su juventud las condiciones para estudiar. Otros interrumpieron sus estudios por motivos laborales, económicos o familiares. Hoy, con experiencia de vida y motivación, están listos para volver a intentarlo.

A diferencia del pasado, ahora contamos con herramientas tecnológicas que facilitan el estudio desde casa. La pandemia nos dejó aprendizajes valiosos, entre ellos, que el acceso a la educación ya no depende solo de la presencialidad.

Gracias a los sistemas en línea, miles de adultos podrían cursar una carrera profesional desde sus hogares. Con acompañamiento adecuado, esta modalidad permitiría una cobertura nacional e incluyente.

La Secretaría de Educación Pública ha hecho avances importantes en la alfabetización de adultos. Hoy, podemos dar el siguiente paso: construir un programa nacional para que personas mayores puedan estudiar una carrera profesional.

Este proyecto podría ser gratuito en universidades públicas o con becas significativas en instituciones privadas. Incluiría también asesoría digital, acompañamiento académico y orientación vocacional para quienes lo necesiten.

Estudiar en la adultez trae beneficios evidentes. Mejora la salud mental, fortalece el autoestima y reactiva el deseo de participar activamente en la vida social, familiar y, en algunos casos, laboral.

A muchas personas adultas les gustaría terminar lo que dejaron pendiente. No buscan competir, sino realizarse. Quieren demostrar que siempre es posible aprender y crecer, sin importar la edad.

Por ello, hacemos una invitación a la Secretaría de Educación Pública: encabecemos juntos este esfuerzo. Unamos a universidades, gobiernos, empresas, organizaciones civiles y familias en un mismo objetivo.

Es momento de que el país reconozca el derecho a seguir estudiando en cualquier etapa de la vida. Porque aprender no es un privilegio de los jóvenes: es una posibilidad abierta a todos y en cualquier momento.

Y es que, sabe que, con la irrupción y el avance tan significativo sobre tecnología y muy bien especial sobre inteligencia artificial, los más afectados, son los adultos, por eso es sumamente importante no dejarlos en el rezago y es mejor actualizarlos y ayudarlos a terminar una carrera a quien lo decida.

Imaginemos una plataforma nacional de educación universitaria para adultos. Imaginemos a padres y madres de familia graduándose junto a sus hijos. Imaginemos comunidades donde aprender sea una tarea compartida.

Además, sería importante impulsar becas especiales desde la iniciativa privada. Estas podrían ser patrocinadas por empresas con responsabilidad social o fundaciones educativas.

El acceso a internet, la capacitación en herramientas digitales y el uso básico de inteligencia artificial también deben contemplarse; esto es muy elemental. La inclusión digital es parte esencial del derecho a la educación.

Desde las universidades, se pueden crear programas flexibles, enfocados en competencias prácticas y contenidos adaptados. Con horarios accesibles y acompañamiento académico, la permanencia escolar sería viable.

Las familias pueden ser grandes aliadas. Acompañar al adulto mayor en su camino educativo fortalece los vínculos y promueve valores como la constancia, la disciplina y el esfuerzo.

Hoy sabemos que no hay una sola forma de aprender. Cada persona tiene su ritmo, su historia y su contexto. Lo importante es no cerrar la puerta a quienes todavía quieren intentarlo.

Invertir en la educación de los adultos mayores es también invertir en una sociedad más justa. Con más profesionistas, más conocimientos y más herramientas para afrontar los retos de la vida.

El país necesita políticas públicas que miren a todas las generaciones. No podemos dejar fuera a quienes, con dignidad y esperanza, aún desean aprender y aportar desde su experiencia.

Estudiar una carrera después de los 45 años debe dejar de ser una excepción. Debe convertirse en una oportunidad al alcance de todos los que así lo deseen.

La educación no se mide por la edad, sino por el deseo de superarse. Y si tenemos los medios, ¿por qué no construir también los caminos?

Contacto: abogadoangel84@gmail.com