Solo letras


Cuando el amor se siente, dejas trascurrir el tiempo y observas. La mañana es el reflejo de una nueva vida, así que cuando salía el sol, en el pueblo de Boca de Apiza, Michoacán, una hermosa playa, miré a Chelito que colocó un equipal en un costado de la puerta de su casa, en la terraza mirando hacia la mar, sus pasos eran seguidos por una anciana de piel blanca y su pelo como la nieve, a ella le sentó, era su madre, cariñosamente le tocó sus manos y dijo: aquí estarás muy bien, el viento y la vista del mar te acompañarán. En sus piernas colocó una frazada, sonrió aquella frágil mamá e inclinó su cabeza, sus manos se estrecharon, un brillo de entre ellas salió como algo maravilloso de amor.

Ahí permaneció por unos momentos, Chelito fue por un café para su madre, al regreso le encontró con su cara hacia el piso, sus manos las estrujaba, al ver ese cuadro triste, le preguntó ¿Qué tienes güera? ¡Nada! solo quiero llorar, ¡pues llora, madre! Chelito acentuó. Es que pronto me voy a ir, llora, llora todo lo que quieras, que las lágrimas son el bálsamo del alma, colocó la taza en el piso de arena y le cubrió con sus manos las mejillas en un acto de inmenso amor, las dos lloraron, al colocar su mejilla junto a la madre se mezclaron sus lágrimas y se escuchó un grito ahogado con un profundo suspiro y “el silencio llegó”, pareció que el viento se detuvo, el mar calló y un haz de luz les cubrió y ella se fue.