Tenemos nuevos gobernantes


Antonio Flores Galicia.-

Nuestra vida es una carrera “a campo traviesa”. Por eso, diariamente tenemos que estar superando, dominando, investigando y pensando qué debemos hacer, qué nos conviene. Somos responsables de nuestra actuación. Cada uno debe gobernarse y gobernar.
Pero, todo trae mayor responsabilidad cuando vienen compromisos con otras personas. Así, cambia la vida de los que se comprometen en matrimonio y al engendrar hijos. Es diferente la actuación cuando se van teniendo compromisos con el pueblo, el estado, el país. Allí aparecen errores si no se gobierna lo personal y lo social. Se manifiesta la responsabilidad de la formación personal y familiar. La actuación humana debe ser sin poner elementos que están en el cómo, eso de “la iglesia”, “el estado”.
Imaginemos las desviaciones que aparecerán en pocos años al deshacer algo que se hizo en milenios, en todo el mundo. Cuántos imperios lucharon para resolver los problemas de la personalidad en el género masculino y femenino, luego debieron superar el respetar y utilizar los valores y necesidades de cada sexo, hasta llegar a formar la familia. Es cuando los imperios y países avanzaron. Luego se llegó a comprender que ambos sexos son necesarios, en mucho un género es superior al otro, pero ambos se complementan y se deben tener en cuenta. En un bachillerato de la Universidad de Colima advertí a los del sexo masculino que pronto nos dominaría el sexo femenino, porque las alumnas cumplían debidamente y su conducta era correcta, en cambio, los de sexo masculino no.
Esto nos obliga a superar oponentes, como lo hace el corredor, si quiere llegar a la meta. Cuántos errores se presentan cuando no se tiene en cuenta la necesidad de lo que debe hacerse, qué quitar o poner, cómo actuar. Lo logrado en milenios se quitó: Libertad para divorcios, para abortos, para matrimonio de dos del mismo sexo. Recordemos: “Nada ganas con llorar”. Somos responsables de nosotros y nuestro entorno.
La sociedad está hecha con ciudadanos responsables de sí, debemos gobernarla. Para eso es el gobierno, para controlar las diversas voluntades, gustos, ambiciones, poderes, inteligencias, capitales, etc. Con cien familias, ya se necesita control; cuánto más un país, un continente, el mundo. Por eso se le llama “gobierno”. Es para gobernar.
Qué tristes recuerdos tendrán los pueblos de gobernantes que solamente buscaron fama y dinero. Dejarán el puesto, pero la fama no la podrán cambiar ni quitar el mal. El gobierno no es para tener fama y dinero, honores sin medida. Todo se termina y muchas veces antes de que dejen el puesto y, al morir se llevarán: “Nomás un puño de tierra”. Leemos: “¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?”.
Sepan que sólo se eternizará su fama y hasta enemigos se quedarán con sus bienes. Por eso dice el poeta: “Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo camino”.
Pierden el tiempo los gobernantes que olvidan que su puesto es para gobernar su entorno. Un Amigo me dijo: “Me dan la posibilidad de llegar a ser presidente municipal, ¿qué me aconseja?”. Le respondí: Si estás dispuesto a servir, acepta; si buscas dinero, gloria y alabanzas, no te aconsejo que aceptes.
Cuánto urge saber qué es un gobernante civil o religioso. Porque se ven verdaderas aberraciones. No hay que confundir lo que hago con lo que debo hacer, menos desviarlo todo pensando en su persona.
Los nuevos gobernantes que tendremos, ojalá que no pierdan el tiempo pensando cuánto ganarán, sino cómo le harán para superar problemas que existan en la sociedad que gobiernan. Pero, son libres y dueños de ustedes mismos. Ustedes sabrán si se dejan dominar por sus ambiciones y las de los que los rodean: Allí están sus mayores oponentes.
Nadie busque gloria, llega según la actuación. Me consta. Importa vivir en la realidad. Las palabras, se las lleva el viento: “El prometer no empobrece, el dar es lo que aniquila”. Urge tener presente esta expresión: “¿Qué más haré?”.
Cada persona es dueña de sí y los gobernantes son responsables de su encomienda social. Que la verdad esté primero. Urge la actuación inteligente. Dejemos palabras, mentiras y promesas, hagamos lo más posible para mejorar a la sociedad. Si el gobernante da, el pueblo vive pensando qué le dará. Recordemos que los mexicanos, por herencia desde nuestros antepasados, somos más felices dando que recibiendo: “Compadre, maté un puerquito. Te invito a cenar a mi casa”.