Eran las 8 de la noche y me estaba recordando nuestro compromiso, se le escuchaba con gran entusiasmo a Carlos. Añadió: terminaré como a las once de la noche en revisar unas notas que se publicarán en el Noticiero mañana, como tú sabes todo lo reviso para que la información a nuestros lectores sea la correcta.
Así, Carlos Valdez Ramírez, siendo el director y propietario del periódico el Noticiero, se las gastaba, trabajador a morir y con un entusiasmo por la cultura, como lo era el periódico para su vida.
En mi calidad de escritor, él era uno de mis impulsores. Ese día me decía lo que al siguiente haríamos en la ciudad y puerto de Manzanillo, Colima. Agregó en ese comentario telefónico: “Te recuerdo que yo seré el que te presentará y conduciré el evento, ya lo hablé con el presidente de nuestro organismo. Ah olvidaba decirte, aceptó la invitación y nos acompañara en la presentación dando a conocer el libro Aprendiz de escritor nuestro amigo el director del periódico el Mundo desde Colima, Manuel Sánchez, (que también fue llamado por El Creador), él se reportará en el salón a eso de la nueve de la mañana”.
“Te espero en mi casa, ¿quieres que te llame en la madrugada para que estés temprano? o confío en que harás caso a tu despertador?”.
Antes de la hora señalada me encontraba en mi vehículo fuera de su casa, salió apurado con varias carpetas llenas de papeles. Con un saludo, entusiasta como él era, abordó, regando un aroma de un perfume muy masculino que inundó todo dentro.
“Buen día, Señora Beatriz”. Respetuoso y amable como era, se dio a la tarea de acomodar sus notas y documentos convirtiendo la cabina en una oficina, revisando y acomodando sus papeles. Al llegar al punto del tramo carretero llamado las golondrinas me dijo: no cené, ni hoy tomé nada por el apuro, ¿puedes en la gasolinera detenerte para comprar un refresco?
Al detenerme salió apurado y compró unos panes y tres refrescos y sin más siguió en la tarea de ver sus documentos. El camino se hacía pequeño por sus diálogos y conversaciones relativas a los trabajos.
Transcurrió el tiempo y en las inmediaciones de la caseta del municipio de Cuyutlán recibió una llamada de un hijo, quien le comentó que la señora Cuquita le había propinado una regañada a uno de los empleados formadores del periódico la tarde anterior, como estaba ocupado no le informaron. Nos detuvimos y atendió la queja de la colaboradora y se enteró de que su personal actuó con tacto, porque la nota ya se había dado en una edición anterior, comentó “Yo arreglo eso a mi regreso, es una amiga y tiene la sección de cultura y teatro, espero hablar con ella y no hay pendiente alguno”.
En ese mismo momento a las ocho de la mañana, en la proximidad del puerto, repiqueteó el celular y tuvimos que hacer alto, era su amiga Licho Delgado quien dijo: “Carlos, ayer no te pude atender porque mi celular no lo encontraba, para darte respuesta de que sí estaré en la cena de hoy en tu casa, sólo quería confirmarte”.
Continuamos y llegamos puntuales al evento, momentos después llegó el gran amigo Manuel Sánchez, los dos hicieron una presentación estupenda al haber dado a conocer mi libro, teniendo muchos reconocimientos de los socios, distinguiéndolos por su amabilidad y buen trato, capacidad y facilidad de expresión.
Contentos salimos por el éxito logrado, nos dirigimos a su oficina en las oficinas del periódico en Manzanillo, me mostró sus instalaciones y al retirarnos a un restaurant a disfrutar una buena comida. Antes de abordar el vehículo, miré cómo se acercó una persona de aspecto humilde y le comento, que bueno Don Carlos que le veo, le comentó que lo de siempre, este mes nos quedamos sin gas y la luz nos la cortaron, mi hija está cocinando con leña de mangle y por la noche tenemos un aparato que, al no contar con petróleo, lo utilizamos con diésel.
“Ah que mi amigo. No se preocupe, ya le he dicho que aquí me busque cuando tenga alguna necesidad”.
“Si, Don Carlos, pero me da pena”.
Observé por el retrovisor que le entregó una cantidad en efectivo, le dio unas palmaditas y se subió al vehículo.
Después de unos mariscos nos retiramos, pero antes una empleada se acercó y no escuché qué le comentó, le llevó hacia un costado del restaurant y le dio una nota para que le entregara algo en su oficina; La mujer viendo su acción le abrazó y despidió con gratitud.
El camino fue con muchas conversaciones distintas. En el poblado de Caleras había un accidente deteniéndonos por unos momentos y se fijó que al pie de una cerca había muchas flores en las buganvilias. Asombrado nos comentó “Miren ahí hay unas de color durazno, son unos ramos maravillosos de lo cargado de flores que sostienen sus ramas, cortaré unas para llevárselas a Luisita, mi esposa, no había visto ese color tan bonito, seguro ella verá con mejor apreciación por la sensibilidad que tienen las mujeres”.
Por detrás llegó un camión torton que portaba una corneta en la parte superior de la cabina, seguro que estaba contestada al sistema de aire, que seguramente tendría una sonora fuerza.
Carlos me preguntó “¿Traes algún cuchillo o algo para cortar unos ramos?”.
No, sólo unas pinzas de corte de electricista, están en la cajuela. Tómalas, pero sabes que las buganvilias son espinosas. “Tenga cuidado Don Carlos”, exclamó mi esposa, “pueden espinarle”.
Regresó y en sus manos traía un grandioso ramo, al verlo el chofer accionó la corneta que produjo un enorme sonido y se sorprendió Carlos quien lanzó al aire todo el ramo.
“¿Qué te sucedió?”
“Este mendigo chofer me sorprendió y tiré las flores, pero me di cuenta que me espinaron y las arrojé”.
Continuamos después de este incidente por el paso lateral que nos indicaron y llegamos a su casa poco antes de la ocho de la noche, nos despedimos y ya estaban las muchachas Delgado en la sala esperándolo, la señora Cuquita de Anda, entre otras invitadas, quienes se lo comieron en muestras de un gran afecto.
Un día con Carlos Valdez Ramírez, es y fue siempre una escuela de valores, muestra de amistad, sencillez, respeto, humanismo, profesionalismo, y lo más grande, el carisma del amor a la vida y a sus semejantes.
Hermanito, siempre fuiste y eres donde estés el gran hombre, que hace cincuenta años formaste un medio de comunicación masiva, el gran periódico El Noticiero, ayudando a muchos con trabajo y diste un legado de información veraz y oportuna a la sociedad, haciendo y registrando la historia. Te extraño mi gran amigo.
José Francisco Vázquez Martínez.