*Ahí construyeron barcos Jesús Martínez, Miguel Isordia, Miguel Jaramillo y José Patiño
*Antes hubo un astillero en Santiago en la desembocadura del río, dirigido por Don Abel Cuevas
*El Maestro Rosas es el último de una estirpe de constructores de barcos pesqueros que se extingue
En 1936 a Don Alfredo Woodward Téllez se le dio una patente como agente aduanal en Manzanillo, expedida por el presidente Gral. Lázaro Cárdenas del Río, razón por la que éste se asentó de manera definitiva en nuestro puerto, siendo uno de los primeros agentes aduanales locales, junto a los Ruiseco, Careaga y del Río, entre otros. La agencia la manejaban Luis Mier y José Luis “El Negro” de los Santos.
APROVECHANDO DEMANDA DE ACEITE DE HÍGADO DE TIBURÓN DURANTE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL
Inmediatamente se interesó en la pesca, por las oportunidades que se presentaban por el entonces, ya que había una alta demanda de aceite de hígado de tiburón en los Estados Unidos, con motivos de la Segunda Guerra Mundial, a donde se decidió a exportar, así como también hicieron otras personas en Manzanillo, como el inmigrante chino Ley Biú, aunque Woodward Téllez lo hizo a mayor escala que todos.
Para ello mandó a hacer cuatro embarcaciones, que fueron la Concha María, la Ana María, las Tres Marías y El Conquistador. Para esto, tuvo que mandar a hacerlos al astillero a mano, que era el que operaba por entonces en la desembocadura del río de Santiago, que atendía Abel Cuevas, el cual los hacía de madera. Vio pues la necesidad de implementar un sitio para la construcción de barcos de pesca, actividad por entonces en auge, en la bahía de Manzanillo, y para ello consideró oportuno hacerlo en la Playita de En Medio, donde compró para tal efecto un predio.
EL VARADERO DE WOODWARD CON SUS ASTILLEROS
Ahí se dedicó a la pesca tiburonera, llegando a ser reconocido como el pescador número uno de tiburón en el Océano Pacífico. Así fue todo el tiempo de guerra. El varadero de la Playita de En Medio era su astillero, que él rentaba, pues junto al espacio que él utilizaba, estaban los astilleros de Jesús Martínez y Manuel Isordia y luego seguía el de Don Miguel Jaramillo, que llegó a ser el más famoso, y también ahí estaba José Patiño.
Empezaba el varadero desde donde después estuvo el Rey Colimán y continuaba por todo el frente de mar, por donde hoy está el Mercado de Pescadores, y acababa un poco antes de donde en los años setentas estuvo el Club Náutico. Todo era propiedad de Alfredo Woodward Téllez y él lo rentaba por partes. Hasta mucho después empezó a trabajar ahí el Maestro José Rosas, haciendo embarcaciones de fibra de vidrio.

La Playita de En medio y La Perlita.
OTRAS OPCIONES PESQUERAS A PARTIR DE LOS 40
Tras la temporada del aceite de tiburón con el fin del conflicto mundial, Don Alfredo trabajó ahora en la pesca de la caguama desde principios de los cuarenta, lo que por un tiempo tuvo mucho demanda y aún no existía la conciencia ecológica que hay ahora. Luego Don Alfredo tuvo el barco camaronero, el Mare Nostrum, de 74 pies, que fue traído de Alvarado, Veracruz. En el astillero se construyeron barcos de escama, camaroneros y tiburoneros.
Hay que decir que también Alfredo Woodward Téllez manejaba pangones o chalanes con cargas para la Crom y la CTM, antes que se pelearan estas dos organizaciones. Varios de estos chalanes quedaron hundidos. Con ellos se abastecía, entre otros, al barco de cemento Jalisco, que era mielero.
RECUERDOS DE LOS WOODWARD JIMÉNEZ
Estos recuerdos fueron compartidos por la familia Woodward Jiménez, descendientes directos de Don Alfredo. Todas estas actividades, señalan, y en especial la actividad aduanal, hizo que el señor Woodward amasara una gran fortuna, la cual al final debió haberse repartido de manera equitativa para las dos familias de sus descendientes, los Woodward Jiménez y los Woodward Rojas; sin embargo, por las mayores influencias que en los gobiernos del entonces, de emanación priísta, tuvieron los segundos, fue que los Woodward Jiménez quedaron injusta y legalmente desprotegidos.
Quedaron excluidos de la patenta aduanal, de las ganancias y la herencia en general de su padre, por lo que actualmente llevan un juicio que ya va muy avanzado, y marcha muy favorablemente a su causa.
Manifestaron que todo lo están haciendo valer con la ley y el derecho en la mano, y por eso están obteniendo resultados positivos, aunque con años de retraso, pero ellos dicen que la justicia tarda, pero llega.

Playita de En Medio 1978.