¿Vendimia tradicional debe rescatarse en los jardines?

Manzanillo centro | Foto: El Noticiero de ManzanilloManzanillo centro | Foto: El Noticiero de Manzanillo

Estos negocios son los que le dan vida a un jardín

Cuando los porteños vamos a pasear al jardín, ya sea el del Centro Histórico o de alguna delegación, no solamente vamos a dar vueltas o a sentarnos en una banca para matar el tiempo, ni los solteros a conseguir pareja, ni a que le boleen a uno los zapatos; al jardín también se va a gusguear, como se dice coloquialmente o botanear, para que mejor me entienda.

Esto viene a colación porque últimamente se ha hablado mucho sobre el comercio ambulante. Muchos están a favor y otros en contra y entre estos últimos estoy yo; ya ven, por aquello de la invasión de las banquetas, como ya antes he comentado en una de estas entregas.

Pero hay un caso especial, un tipo de comercio móvil en la vía pública, que yo lo denomino comercio tradicional o incluso podría caber dentro del artesanal, entre los que destacan los globeros, algodoneros, neveros de garrafa y el estelar, el del carro de las palomitas de maíz y sus agregados, como son las papitas.

Las personas que se dedican a vender estos comestibles (a excepción del globero, porque no vende artículos de esta clase), son los que le dan vida a un jardín. Son parte del folklore. Si se retirara de las plazas a estas personas, sería como quitarle vida a un centro recreativo. Sería como que un día fuéramos al parque, y que no hubiera kiosco, ni palomas, ni golondrinas. O como que los árboles se secaran y no nos alegraran la visita con su belleza.

Todos los porteños nos acordamos de nuestra infancia, y esta no pasó sin que nuestros padres nos hayan comprado un globo, una nieve de garrafa o unas palomitas; e igualmente en el noviazgo, más de alguna vez recibimos algún globo en forma de corazón comprado en el jardinzote.

Todas las reglas de ortografía tienen palabras que se escriben contrarias a estas, y se dice que son: la excepción que confirma la regla; este tipo de comerciantes son precisamente la excepción de la norma, que, sin embargo, la confirman, en el sentido de que a ellos sí se les debe de permitir hacer sus vendimias en los jardines, tanto del Centro Histórico, como de las delegaciones de nuestro municipio.

Aunque hay muchas paleterías alrededor de ellos, la nieve tradicional es la de garrafa. Esta forma artesanal de elaborar una exquisita nieve, por cierto, ya está pasando a la historia, pues ya se ven muy pocos neveros de esta clase.

Hoy, al zócalo principal de nuestro centro histórico, se han agregado los yeseros y en lo personal diré que me gusta mucho ver a los padres llevar a sus hijos a pintar las esculturas de su personaje favorito, en las mesitas que los propios vendedores de estas figuras traen. Aparte de fomentar el arte, contribuyen a una sana convivencia entre las familias locales.

El tradicional e icónico Jardín de Santiago | Foto: El Noticiero de Manzanillo

El tradicional e icónico Jardín de Santiago | Foto: El Noticiero de Manzanillo

No todo lo que sea vendimia ambulante debe considerarse inapropiado, ni tampoco hay que estar en contra al cien por ciento. Lo que muchos alegamos es que se debe de cuidar qué tipo de comercio puede deambular en la vía pública, y cuál no.

Nuestro parque principal ha tenido varias remodelaciones; sin embargo, aunque ahora está más grande que nunca y pegado a la extensa Plaza Juárez, luce más sólo.

A muchos ancianos les gusta acudir a ese lugar con bolsitas de pan para darles de comer a las palomas y los papás que tienen hijos muy pequeñitos también hacen lo mismo de llevarlos a ver a estas aves. Vaya que esto es la admiración de muchos turistas.

Hoy, eso ya se está perdiendo, e incluso hay gente que ha pedido que se erradique a estas aves, por considerarlas sucias y que son una plaga; cuando las principales plazas de los países más desarrollados las tienen y las cuidan como un patrimonio, como es el caso de la Plaza de San Marcos en Venecia, la de San Pedro en Roma y el Central Park de Nueva York, entre otras.

Cosas tan sencillas como estas son las que les gustan de Manzanillo a los visitantes y, por tanto, debemos conservarlas, como las Noches de Danzón, que dan un aire alegre y nostálgico a propios y extraños; y, ¿por qué no agregarle algunos otros tipos de baile, como el vals, que es elegante, el tango, que es muy vistoso, la salsa, que a muchos jóvenes les gusta y, sobre todo, bailables folklóricos mexicanos. Esto ampliaría mucho nuestra cultura y haría más atractivo al Centro Histórico y otros lugares donde se presenten.

Pero, en lo que no estoy de acuerdo es en puestos tipo tianguis que se instalan en el mismo lugar, donde venden mercancía amontonada que afea y afecta a los comerciantes establecidos, ni en los que se ponen sobre las aceras, estorbando el paso peatonal; mientras que los que se instalan en el jardinzote, como le llamamos los porteños coloquialmente a nuestra plaza principal, no le estorban a nadie. Por lo contrario, deben ser considerados tradicionales y por ello, conservárseles la existencia; sobre todo, cuidar a los neveros, cuyo producto es elaborado de manera artesanal, y no con polvo de diversos sabores, estilo norteamericano.

Quiosco central del Jardín Álvaro Obregón | Foto: Especial

Quiosco central del Jardín Álvaro Obregón | Foto: Especial

*Que tenga un bonito día.