Verdades completas


LA MANO QUE MECE LA CUNA. La semana pasada, personal de distintas dependencias, encabezadas por la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales, coordinó una Consulta Ciudadana para recopilar las impresiones e inquietudes sobre la obra del Puerto Cuyutlán.

El evento, desarrollado en el local del antiguo Club de Leones, contó con una asistencia numerosa y al mismo acudieron funcionarios de la Administración del Sistema Portuario Nacional Manzanillo.

Entre los asistentes se contaron grupos ambientalistas sin cabezas visibles, salineros, pescadores, vecinos de las colonias y pueblos ubicados en los márgenes de la laguna y, como siempre, políticos oportunistas y agitadores sociales.

En ese sentido, es prudente hacer algunas reflexiones sobre la intromisión lamentable de políticos mañosos y de personajes impresentables que pretenden anteponer sus intereses oscuros a los de los manzanillenses.

Esto es sencillo de explicar: La ampliación del puerto es inevitable e impostergable si queremos mantenernos al ritmo del progreso que nuestras ventajas geográficas nos ofrecen y a la vez nos demandan.

No podemos renunciar al éxito que las características geográficas le han dado a Manzanillo. Entonces debemos entender que la ampliación es una necesidad inaplazable. Y tendrá que hacerse atendiendo por supuesto el tema del resarcimiento de las afectaciones ambientales, obligación que desde luego va a atender la ASIPONA de acuerdo a la normatividad que tanto la Profepa como la Semarnat establecen y que de hecho se ha venido haciendo de forma permanente desde que se declaró zona portuaria, en el año 2012, la Laguna de Cuyutlán.

Precisamente por eso se realizó la Consulta de la semana anterior: Para reunir sugerencias, opiniones, inquietudes y para atenderlas puntualmente trabajando todos de la mano para procurar que los daños sean los menores y se resuelvan protegiendo al máximo la flora y la fauna tomando las medidas precautorias de rigor para su rescate y salvamento.

La Consulta buscó y procurará siempre en sus futuras ediciones, hacer coincidir el interés del desarrollo portuario con el cuidado del medio ambiente. Y por eso son válidas las inquietudes que plantean los distintos sectores productivos que viven de la laguna. Por eso, también, la autoridad, en sus tres niveles de gobierno, ha hecho el compromiso de atender esas inquietudes, y de solucionarlas.

Desafortunadamente, a la consulta concurrieron, además de los buenos, los malos de siempre: Gente que haciéndose pasar por el noble sector de los pescadores aprovecha cada que ve la oportunidad para sacar ventaja exigiendo dinero o herramientas o equipo de pesca que acaban vendiendo o mal utilizando. O presuntos líderes sociales que piden recursos para obras o solicitan beneficios personales o grupales. Y es que el tema tiene que ver con el vicio de exigir sin aportar.

A los pescadores de la laguna de Cuyutlán se les ha apoyado durante décadas, entregándoseles lanchas, motores, enseres y artes de pesca y sumas de dinero cada vez que se hace una obra dentro o en las riberas del vaso lacustre.

Hay personajes plenamente identificados, como la famosa Mela Chávez, una extorsionadora de oficio que a gritos y sin respeto hace valer su voz, incitando a otros a seguirla en sus exigencias chantajistas. Esta mujer está perfectamente ubicada como una extorsionadora del puerto. Nunca nadie la ha visto arriba de una lancha, pescando de verdad, pero en cada reunión de pescadores aparece exigiendo y presionando para recibir beneficios. Y con ella aparecen muchos que son pescadores de ocasión, que no viven de la laguna, y que solo aparecen cuando saben que pueden obtener ganancias prestándose al juego de su presunta lideresa, a la que más de una vez algunas cooperativas han cuestionado y repudiado, precisamente porque la conocen.

Hay cooperativas fantasmas que se crearon solamente con el objetivo de ver qué logran cuando se haga el puerto. Algunas de ellas se componen de gente que no se dedica permanentemente a la pesca, pero que saben que pueden conseguir herramientas, equipo y dinero si logran figurar en las listas de posibles “afectados”.

En ese tenor, la autoridad debe estar atenta a los que se suman a esas protestas.

En la consulta citada, por ejemplo, ya se presentaron grupos de salineros, cuando son un sector que de ninguna manera resultará afectado, pues los pozos de sal se encuentran a decenas de kilómetros del perímetro portuario.

Pero lo peor es que algunos grupos “sociales”, iguales que los de los pescadores, traen detrás como “asesores”, que en realidad son agitadores, a políticos que buscan ventaja electoral, como las militantes de Movimiento Ciudadano, Griselda Martínez y Martha Zepeda, quienes en lugar de preocuparse por regresar los cientos de miles de pesos que se aprobaron en bonos ilegales, andan ahora metidas en encabezar movimientos retrógradas y mal intencionados que lesionan los intereses de todos los manzanillenses. Igual sucede con el regidor panista José Luis Michel, que siendo de origen pescador no ha presentado en el Cabildo ninguna iniciativa para beneficiar a los pescadores, pero sí aprovecha la oportunidad para, desde la ignorancia, sembrar el descontento y el rechazo a ciegas de un proyecto que es generoso y será sustentable, con la colaboración de todos.

Es decir, se vale el diálogo, que es justo y es legítimo. Se vale exigir la protección del medio ambiente que todos estamos obligados a cuidar y en lo que se trabaja día a día.

Lo que no se vale es que agitadores y oportunistas secuestren esas inquietudes sociales y utilicen a grupos con interés electorero o económico.

No a la extorsión de vivales y oportunistas.

POR HOY, BUEN DÍA.