Vida y obra de Alejandro Rangel Hidalgo


Cuquita de Anda.-

Primera parte

 

En apoyo al esfuerzo, imaginación y creatividad del artista Mario Daniel Medina Leal, que en días pasados develó un mural del pintor Alejandro Rangel Hidalgo en el Centro Cultural Salagua, es que decidí escribir estas líneas, las cuales espero que sirvan para aumentar el acervo cultural de los manzanillenses.

Un día triste del 2000 se nos fue Alejandro, un hombre tan enormemente completo como artista y como ser humano, ya que se puso a enseñar a los artesanos para que fueran sus trabajos fueran artísticos, les puso un edificio para que les sirviera de escuela y le enseñó a muchos colimenses su arte y a hacer de lo que hacían antes un arte.

Alejandro recibió una educación esmerada y libre en su hogar y ciudad natal. Luego fue a Guadalajara, donde derivó hacia el arte, ya sea como pintor, asesor estético en talleres de arquitectura y diseñador gráfico. En la Ciudad de México realizó diversas escenografías para obras de teatro y ballet.

Un viaje a Europa le dio la experiencia directa de la gran cultura. Su obra central: Un arte nuevo en torno a los niños. Sus más de 250 tarjetas navideñas tuvieron un éxito internacional y fueron altamente apreciadas por la Unicef, además de romper el récord mundial de ventas con más de ocho millones de ejemplares en beneficio de la infancia. Rangel realizó también obra de caballete y mural.

Colaboró como ilustrador en decenas de libros y revistas en México, España y Estados Unidos. Sus pinturas fueron reproducidas por prestigiadas editoriales: Declée de Brugres, de Bélgica; Gordon Fraser, de Londres, y la New York Graphic Society.

Asimismo, reanimó las artesanías locales, destacando su labor en la pintura sobre madera, el hierro forjado y en el mueble, recibiendo en 1960 un premio en la Exposición del Mueble en Paris. Fue seleccionado para decorar la residencia presidencial de Los Pinos.

Alejandro Rangel donó a Colima su maravillosa colección de cerámica precolombina, que hoy en día se exhibe en el museo que lleva su nombre, en Nogueras.

El maestro Rangel Hidalgo es uno de los artistas colimenses que más honda huella han dejado en las múltiples manifestaciones artísticas de su tierra natal. Es difícil recorrer cualquier rincón de Colima sin encontrar una muestra de su talento o un producto de su influencia estética, pues incursionó en variadas disciplinas en las que experimentó hasta llevar sus obras a una altura de indiscutible perfección. Fue pintor, diseñador gráfico, constructor de muebles y accesorios, escenógrafo, arquitecto, formador de artesanos y ameno conversador.

Sobre su obra pictórica, se puede decir que la inició desde muy temprana edad, por lo que pronto rebasó las fronteras de su tierra natal y buscó mejores horizontes para su formación artística: Guadalajara, Ciudad de México y finalmente Europa.

En España, junto con Marías Goeritz, formó parte del movimiento de Altamira, que ellos mismos proclamaron para recuperar la autenticidad del arte rupestre prehistórico.

Rangel convenció a Goeritz de aceptar la invitación para venir a México y juntos emprendieron el regreso. No obstante que para entonces el joven pintor tenía un prometedor futuro en el ambiente del arte contemporáneo, decidió renunciar a él para dedicarse a crear un lenguaje artístico absolutamente mexicano, más aun, colimense.

Regresó a la vieja casona de sus padres en la Ex-Hacienda de Nogueras, en donde dio forma a un sinfín de imágenes que pronto habrían de dar la vuelta al mundo.

La Unicef decidió utilizar sus estampas navideñas para editar unas tarjetas de felicitación que recorrieron el planeta. Su colaboración con otros artistas es notable también. Al compositor michoacano Miguel Bernal Jiménez le preparó diversas escenografías para el estreno de sus balletes y de su ópera “Tata Vasco”. Lo mismo hizo con otros hombres de teatro, especialmente con Héctor Azar. A sus amigos Juan Rulfo y Juan José Arreola les ilustró las primeras ediciones de sus relatos.

Hacia los años 70’s fundó, con el apoyo de la Presidencia de la República, una escuela de artesanías en Comala, municipio en el que se localiza la Ex-Hacienda de Nogueras, en donde se construyeron centenares de muebles y accesorios con sus diseños de madera, cuero, fierro, papel y por supuesto pintura.

Rápidamente esos muebles adornaron la residencia oficial de Los Pinos y las principales embajadas de México en el mundo. Los productos de la escuela de artesanías Cómala constituyeron también el obsequio preferido que el presidente de la República hizo a sus colegas de todo el mundo.

Durante sus últimos años de vida colaboró estrechamente con la Universidad de Colima en la creación del Ballet Folklórico de esa casa de estudios, a quien le diseñó vestuario y escenografías. Fue un importante promotor de la Escuela de Arquitectura, que fundara su también amigo el arquitecto Gonzalo Villa Chávez.

Finalmente cedió la antigua casa paterna para que ahí se instalara el Centro Cultural Universitario Nogueras, con diversos centros de investigación y un museo, hoy con su nombre, que muestra no sólo lo mejor de su producción artística y artesanal, sino también su prodigiosa colección de arte mesoamericano.

Continuará…