De Volcán a Volcán


 

EL PRI: ENTRE DESCALABROS Y TRAICIONES POR LA GRAN ALIANZA

Carlos Avalos

 

1992: El Frente Cívico manzanillense creado por José Luis Navarrete Caudillo, Nabor Ochoa López, Miguel Salazar Abaroa, Marcelino Bravo, Joel Figueroa Tapia, Gilberto García Vizcaíno, realizaron la primera manifestación de la era moderna en contra del PRI por la imposición de Porfirio Gaytán Gudiño como candidato a la Presidencia Municipal, quemando el ataúd de la democracia en el jardín Alvaro Obregón.

Carlos de la Madrid era el gobernador en ese entonces, quien políticamente encabezó las negociaciones diluyendo el artilugio disfrazado de democrático, donde a todos les tocó una rebanada del pastel: Nabor Ochoa se convirtió en delegado de Transporte, Marcelino Bravo obtuvo la Notaría, José Luis Navarrete se fue a México con Esteban Moctezuma, incorporándose a la campaña de Colosio, quien al ser ultimado en Lomas Taurinas, hizo que el médico se trasladara a la Ciudad de México y de ahí lo mandaron directamente de candidato a la alcaldía. Ernesto Zedillo Ponce de León fue presidente de la república y Navarrete Caudillo, presidente municipal de Manzanillo.

Así, estimado lector, es como comienza la historia de los descalabros y traiciones del PRI en Manzanillo, es la historia del antecedente que sigue presente con los actores que aprendieron a hacer la política de choque en el puerto, y que tiene al buque llamado PRI con la propela al cielo, en franca inmersión. Haremos un análisis histórico si usted nos lo permite al respecto:

Porfirio Gaytán Gudiño fue alcalde durante el período 1992-1995, dejándole el siguiente trienio a José Luis Navarrete Caudillo (+). La llegada de éste a la alcaldía marcaba la disolución del Frente Cívico Manzanillense, obligando a los jóvenes políticos a conformar posteriormente un nuevo proyecto de cara a los nuevos comicios: Manzanillo 2000.

Ya hacía un año, en 1998, cuando la debacle política en Manzanillo se daba con la estrepitosa caída del sistema priísta en el entorno nacional con la llegada de Vicente Fox al Ejecutivo, que con el gran arrastre popular que traía, le abrió la puerta a la alcaldesa número 98 de la historia porteña, Martha Leticia Sosa Govea, para terminar con la sucesión gubernamental oficialista que se venía dando desde 1873, cuando Ponciano Ruiz fuera nombrado el primer presidente municipal de Manzanillo.

Fueron 125 años después, donde por vez primera las siglas de la representación popular cambiaron a las del PAN, llegando una mujer al poder, y desde ese entonces los conflictos internos entre los tricolor pulularon sin poder llegar a acuerdos que les permitieran recuperar las posiciones perdidas, específicamente en Manzanillo.

Rogelio Humberto Rueda Sánchez recuperó en el 2000 el carro completo que significaba la Presidencia de Manzanillo y los entonces tres distritos, luego de haber sido secretario del ayuntamiento con Porfirio Gaytán Gudiño en la administración 1992-1994 y antes secretario particular del secretario general de Gobierno, Carlos de la Madrid Virgen. En la fórmula ganadora quedaron como diputados José María Valencia, en el Distrito XI; Sergio Marcelino Bravo Sandoval, en el XII, y Nabor Ochoa López en el XIII, mismos jóvenes que integraban el grupo que empezaba a tomar fuerza política: Manzanillo 2000.

En el 2003, las pugnas en la elección interna desvanecieron la posibilidad de que el proyecto priísta permaneciera, José María Valencia, Nabor Ochoa López y Marcelino Bravo Sandoval habían empezado a desgarrarse primero por el liderazgo del grupo político que los había llevado ahí y posteriormente escenificaron un cruento divisionismo.

Los tres diputados sentían que tenían la posibilidad de ser alcaldes y lo único que consiguieron fue ser los actores partícipes de una historia de 20 años que se cumplirán en el próximo proceso electoral de inconsistencias, descalabros y el amargo sabor a traición en los procesos electorales. Finalmente, el resultado del 2003 fue: Sergio Marcelino Bravo candidato perdedor del PRI y Nabor Ochoa convertido en presidente municipal para el período del 15 de octubre del 2003 al 19 de mayo del 2006, con las siglas del PAN.

Vendría el siguiente proceso y en él, una herencia política de Rogelio Rueda desaprovechada por el partido, llegaba a la escena el joven Virgilio Mendoza, quien había sido secretario particular de José Luis Santana Rodríguez en el Issste en Jalisco, que había sido presentado al papá de Rogelio, quien lo incluyó en la campaña en la elección interna. Rogelio ganó la interna y la Presidencia Municipal, y fue ahí que surgiera primero como director de Atención Ciudadana y posteriormente como secretario particular el joven Mendoza Amezcua.

Su talento fue aprovechado por Nabor Ochoa, quien lo llevó a la administración 2003-2006 como director de Desarrollo Social, para después ser candidato por el Partido Acción Nacional, ganando la elección con una votación de 27 mil 296, superando los 22 mil 424 votos que había logrado Ochoa López en la pasada elección, ganándole por más de 2 mil votos a Alejandro Meillón Galindo, hijo del ex presidente número 95, del período 1989-1992, quien no aceptara ocupar el puesto de regidor, dejando a su suplente, que fuera su coordinador de campaña, Francisco Alberto Zepeda González, en el Cabildo.

Virgilio Mendoza era pues, el alcalde 101 de la historia manzanillense, ejerciendo el puesto del 15 de octubre del 2006 al 25 de mayo del 2009 para dejar en el interinato la figura de María Isabel Rivera Solórzano para concluir la administración.

Las heridas se había profundizado, había un sabor a traición aún en el interior del PRI, de revanchismo, llegando entonces a la dirigencia del comité municipal el profesor Martín Sánchez Valdivia, a quien el priísmo le tomó simpatía y había cerrado filas pensando que él sería el candidato ideal para recuperar la Presidencia Municipal porteña, pero no fue así.

Mario Anguiano Moreno, otro de los perfiles seleccionados por Rogelio Rueda, pues lo tuvo de tesorero en su administración del 2000 al 2002, había sido ungido como candidato a la gubernatura del estado para el período 2009-2015, tras haber sido diputado del 2003 al 2006 y alcalde del 2006 al 2009, dejando en el camino a Nacho Peralta. Con él apareció el acuerdo político, aún sobre los estatutos partidistas y con la inconformidad de la militancia priísta: Nabor Ochoa regresaba al PRI de candidato a la Presidencia Municipal, en un sueño hecho realidad, Martín Sánchez fue incluido en la planilla como síndico, pero perdiendo todo su valor político.

Nabor Ochoa fue alcalde del 15 de octubre de 2009 al 21 de enero de 2012 con las siglas del PRI, dejando a cubrir su ausencia en el interinato a Rosario Yeme López, curiosamente una de las principales opositoras entonces de la llegada del guerrerense a las filas del tricolor de nuevo y con un Nabor convertido en enemigo de Virgilio, que había sido bateado en sus aspiraciones de llegar a la diputación federal como candidato de Acción Nacional.

Pero el 2012 le habría de dar la revancha a Virgilio, quien leyera el libro “El lado positivo del fracaso”, de John Maxwell, y se inspirara a buscar por segunda ocasión la alcaldía. Ahora enfrentaría a la electa sucesora del Naborismo: Armida Núñez, que había cantado el triunfo el “Día D” anticipadamente, pero que finalmente el conteo rápido le revocara la celebración. Virgilio le había sacado más de 5 mil votos, las cifras eran: PAN 32 mil 345 y PRI 27 mil 583, un revés más al PRI, donde culparon a Francisco “Pico” Zepeda de traición.

El 2015 es el más estrepitoso descalabro priísta: Francisco “Pico” Zepeda había sufrido la más cruel de las traiciones y una abrumante votación lo había dejado al borde del paroxismo. Gabriela Benavides, heredera política del Virgilismo, había obtenido en las urnas 39 mil 812 votos según las cifras oficiales, por los 20 mil 005 que obtuviera a quien se considera el último de los mohicanos priístas, al cual le cobraron la factura.

Recientemente la gota que derramó el vaso fue la salida del joven empresario Rubén Alamo Navarro, quien renunciara a la dirigencia del comité municipal en un acto idéntico al de 1992, por la presunta imposición de Virgilio Mendoza Amezcua a la candidatura a la Presidencia Municipal en el 2018, pero faltando aún un año para que esto se capitalice, la pregunta obligada es: ¿Habrá negociación de Nacho Peralta con el “Cachorro” Alamo, como lo hiciera Carlos de la Madrid con los disidentes? La oferta podría ser: Una diputación local y sigues tú, o te quedas como regidor.

Después de todo este desglose, queda lanzar varias preguntas al aire, amable lector: ¿Podrán Virgilio, Nacho y Rogelio construir la Gran Alianza del Priísmo?, ¿los amigos de Virgilio y enemigos de Nacho crearán consenso?, ¿quiénes acompañarán en la fórmula a quien es a todas luces el prospecto más rentable electoralmente?

Seguramente el perfil de los candidatos será de acuerdo a la presunta forma de pensar del gobernador Nacho Peralta, que es un estadista y economista donde imperan los números; queda claro que quien no los tenga, no tendrá el aval del primer priísta del estado para estar en las planillas de candidato. Por hoy el espacio se termina y como dijo Don Chuyaco… ¡Adió!

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