A 17 años del tsunami en Indonesia, ¿estamos preparados para uno en Manzanillo?


Manzanillo debe crear conciencia que esa calma oceánica un día puede acabarse y salirse el mar de sus límites con todo lujo de violencia, como sucedió en Indonesia

Este pasado domingo 26 de diciembre se cumplieron 17 años de aquel impresionante y fatídico tsunami con epicentro en Banda Aceh, Indonesia y que afectó a una gran parte de las costas asiáticas e incluso llegando hasta el continente africano, lo que asombró al mundo entero.

UN DESASTRE NATURAL QUE SACUDIÓ AL MUNDO

La impresionante estela de muertos fue de 280 mil, muchos heridos y abundantes desaparecidos, un incontable número de damnificados, y un sinfín de inmuebles destruidos y daños materiales, así como más de un millón de personas desplazadas. Esta tragedia se suscitó de manera intempestiva. Nadie esperaba que esa Navidad pasara a la historia con un hecho histórico sin precedentes.

A lo largo de estos 17 años la situación se ha ido recuperando lentamente; sin embargo, he notado que ese día ya está pasando desapercibido en el mundo, pues, a diferencia de lo ocurrido con las Torres Gemelas en Nueva York, Estados Unidos, el 11 de septiembre del 2001, en que cada año se recuerda lo sucedido, con el tsunami del 2004 no ocurre igual. La diferencia entre un evento y otro es que el del 2001 fue ocasionado por el ser humano, como un atentado terrorista, y el del 2004 fue por la naturaleza.

Qué lástima que de lo ocurrido en Indonesia no se haya aprendido nada. Todo quedó simplemente en el morbo de los acontecimientos relatados a través de los medios de comunicación, nacionales e internacionales, con crudas imágenes y videos.

Hace 17 años sucedió el tsunami que sacudió al mundo con las desgracias que dejó.

MANZANILLO, VULNERABLE A TERREMOTOS Y TSUNAMIS

Manzanillo está, a diferencia de la Ciudad de México, a línea de costa. Esta ubicación geográfica natural nos da muy gratos privilegios, como el disfrutar del mar y una vida tranquila. Sin embargo, esta misma ubicación nos hace vulnerables, ya que el mar, así como deleita nuestra vista, nos divierte, nos da movilidad y también nos da de comer, igualmente sin previo aviso, podría convertirse en el peor de nuestros enemigos, si llega a salir violentamente de los límites establecidos por el Creador.

Esto ya sucedió en 1932, donde un maremoto —como conocemos localmente a estos fenómenos— tumbó el Palacio Municipal de aquella época, entre otros daños, y ocasionó muertes en Cuyutlán, donde el maremoto se sintió más fuerte por estar más cerca del epicentro y ser mar abierto, a diferencia de Manzanillo, que es puerto natural, y además están flanqueadas sus entradas por cerros. Cuyutlán es una población costera que por entonces le pertenecía al municipio de Manzanillo.

¿QUÉ HEMOS APRENDIDO, Y CÓMO NOS PREPARAMOS?

Del 2004 a la fecha, ¿qué aprendimos los manzanillenses? Nada. La prueba es que se siguen edificando abundantes inmuebles pegados al mar y, por si fuera poco, hasta enormes torres de muchísimos metros de altura, dando con esto a entender que el mar en nuestro litoral nunca se va a salir, como si tuviéramos garantizado que siempre va a estar donde mismo, y así de bonito y tranquilo como casi siempre está.

Pero Manzanillo debe crear conciencia que esa calma oceánica un día puede acabarse y salirse el mar de sus límites con todo lujo de violencia, como sucedió en Indonesia.

¿Qué haríamos, si no tenemos una cultura para hacerle frente a este tipo de desastres naturales? Segurito que habría muchísimos muertos para empezar, porque ni siquiera sabemos cuándo se está en peligro de un tsunami.

No tenemos sistemas de alerta temprana con altoparlantes en la ciudad. Tampoco tenemos señalizaciones en zonas altas a donde podamos correr a refugiarnos en un lugar seguro. No todos los andadores, callejones, senderos, caminos, etcétera, nos permiten alcanzar una altura suficiente para librar un tsunami. Muchos de estos incluso, dan a barrancos, callejones sin salida o incluso vuelven a bajar.

Tras el embate de la Ola verde sobre la playa quedaron despojos del balneario destruido.

A DIFERENCIA DE UN CICLÓN, ESTOS FENÓMENOS NO SON PREDECIBLES

Otra cosa de la que debemos estar conscientes es de que el mar se puede salir con violencia sin que un terremoto de gran magnitud tenga su epicentro en Manzanillo. Tal vez hasta podría ser en un lugar lejano, como Hawái, las Filipinas, Alaska o Chile.

Hay que recordar que en mayo de 1987, ya tuvimos una alerta de maremoto o tsunami, anunciada con altavoces por la propia Marina en barrios y colonias, precisamente por un terremoto suscitado en Alaska, el cual agarró a muchos disfrutando muy a gusto de las tradicionales Fiestas de Mayo, con un gran número de ellos esperando la presentación ese día del ya fallecido famoso cantante Juan Gabriel.

Gracias a Dios aquello no pasó más allá de ser solamente un susto, pero pudo haber sucedido una desgracia, pues, para haberse anunciado como se hizo, es que porque Manzanillo estaba en el camino de ese posible tsunami.

Hoy las posibilidades de que eso acontezca son una realidad y, hay que decirlo, que en lo referente a nuestra costa, Manzanillo sí se está preparando. Prueba de esto es el aumento en la altura de las escolleras en Las Brisas y el Rompeolas, el alargamiento del muelle de cruceros con terminación en espolón o punta y la reciente elevación del malecón debajo de la explanada del Pez Vela de Sebastián, donde están actualmente las esculturas de doce constelaciones, también obra del mismo artista.

Sin embargo, Protección Civil no está haciendo nada por su parte para preparar a la población en caso que esto llegue a acontecer. Tampoco el municipio ha hecho lo correspondiente para gestionar o trabajar en una instalación de alarmas que, aunque nos dé poco tiempo, sirva de aviso para subir a partes altas y salvar así la mayor cantidad de vidas posibles.

Si algo puede ser traicionero en esta vida, indudablemente es el mar. Y es un decir, porque todo en esta vida tiene un trasfondo espiritual. Mi manual de instrucciones que es la Biblia me enseña que Dios es muy grande en misericordia y lento para airarse; no quiere decir que el Creador no se enoje nunca, sino que tarda para hacerlo; más, cuando lo hace, horrenda cosa es caer en manos de un Dios vivo. Quien tiene el verdadero control de la naturaleza no es otro que Dios. No vaya a ser, pues, que, en una de esas, nuestro Creador se enoje tanto, que haga salir de sus límites al mar.

PONIENDO NUESTRAS BARBAS A REMOJAR

Que lo ocurrido el 26 de diciembre del 2004 en Indonesia y varias naciones sirva para concientizarnos de que esa misma escena podría suceder en Manzanillo.

También hay que hacer conciencia que estamos en el Cinturón de Fuego del Pacífico, lo que nos hace sensibles a fuertes terremotos.

Que, desde el 21 de enero del 2003 Manzanillo no ha experimentado, al menos en nuestras cercanías, un muy fuerte movimiento telúrico de más de 7 grados de intensidad

¿Cuánta energía no habrá acumulada desde el 2003 a la fecha?