Colima y los alrededores de los Volcanes en septiembre-diciembre de 1810


Décima parte

“EL TROPEL DE LOS MALÉVOLOS”

En el capítulo anterior comenté que el Cabildo tapatío realizó, el 10 de octubre de 1810, una asamblea extraordinaria en la que el gobernador de la Intendencia notificó a los allí reunidos que los insurgentes estaban inundando “la provincia de La Barca”. Pero se me pasó informarles que, desde un día antes, en dicho ayuntamiento se ventiló la noticia de que el número de “los 40 hombres” insurgentes que unos pocos días atrás habían “entrado en La Piedad, Pénjamo y Santa Ana”, había crecido tanto que para ese día estaban llegando a “dos mil”. Mientras que por “Lagos, San Juan y toda esa ruta” no había novedad alguna en ese mismo sentido. (Hernández Dávalos, T. II., p. 157).

El hecho consecuente fue que en ambas asambleas se ponderó la necesidad de que un grupo armado saliera a combatir “el tropel […] de los malévolos […] para evitar su aproximación [a Guadalajara], de la que deben recelarse males incalculables y de casi imposible remedio”. (Ibidem, p. 157). Y no faltó allí quien propusiera que fuese el propio Abarca quien encabezara dicho grupo.

De manera adicional, uno de los concurrentes de la asamblea del 10 comentó algo que me parece útil destacar: el escribano no mencionó el nombre del individuo que así habló, pero sí que aquél dijo que no le parecía bien que “las repúblicas de indios formen [parte] del Cuerpo de Defensa capitaneados por sus propios alcaldes”, y que lo mejor sería que fuesen unidos a otras tropas “obedeciendo siempre al General de la División a que se agreguen”. Recalcando el hecho de que, desde la época de la conquista, “nuestros capitanes se valieron de indios contra indios y de ello obtuvieron la mayor utilidad”. Por lo que recomendó “no despreciar aquellos ejemplos”, para, con la ayuda de los indios de las comarcas de Nueva Galicia, pudiesen ellos reforzar su lucha por “la legítima causa”.

Señalando, además, que “por persona fidedigna” había sabido que “el gobernador [indígena] de Colotlán” tenía formadas “9 compañías de soldados”, de 175 elementos cada una, por lo que sugería también que, dejándole a él cinco compañías para su defensa, enviara los “700 indios flecheros” de las otras cuatro que había ofrecido para la de Guadalajara.

Y sobre Colotlán tendría que decirse que fue un caso sui géneris, por cuanto que, según la historia de este pueblo situado al norte del actual Jalisco, hacia 1546, cuando ya se había dado por concluida la “Guerra del Mixtón” y los fundadores de “la definitiva Guadalajara” se hallaban más o menos en paz, en esa región seguían vigentes los conflictos con los “indios salvajes llamados chichimecas”. Motivo por el que, para combatirlos y ayudar a los españoles de Guadalajara, el “virrey Luis de Velasco envió 400 familias tlaxcaltecas […] con el fin de que poblaran una villa allá y así ayudaran a pacificar y conquistar a los indómitos chichimecas”. Siendo por ello que la cabecera de Colotlán fue originalmente llamada “Villa Nueva Tlaxcala de Guiahuistián”. Nombre con el que también se le conoció hasta “finales del siglo XVIII”.

El grupo guerrillero promovido por Miguel Gómez Portugal pasó por Atotonilco el Alto antes de llegar, el 7 u 8 de octubre, a las inmediaciones de La Barca. (Foto reciente).

Otro dato que mencioné fue que don Luis Pérez Verdía explicó que cuando los primeros insurgentes irrumpieron en el suelo neogallego se trataba de “dos invasiones, una acaudillada por Navarro, Portugal y Huidobro, por Jalostotitlán, Arandas, Atotonilco y La Barca; y otra guiada por don José Antonio Torres, por Sahuayo, Tizapán, Atoyac y Zacoalco”. Pero al respecto quiero hacer lo que me parece…

UNA NECESARIA PUNTUALIZACIÓN GEOGRÁFICA

En primer lugar, recordemos que José Antonio “El Amo” Torres nació en la jurisdicción de Piedra Gorda, en la Intendencia de Guanajuato, el 2 de noviembre de 1755; que a Piedra Gorda se le conoce hoy como Ciudad Manuel Doblado, y que, siendo un municipio situado al poniente del estado de Guanajuato, colinda con el de Arandas, Jalisco; teniendo al sur, muy cerca también, al de La Barca, Jalisco; al de La Piedad, Michoacán, y a Pénjamo, Guanajuato.

A lo anterior debo agregar que desde 1800, “El Amo Torres” tenía arrendados el rancho de Los Órganos y la hacienda de Atotonilquillo. Mismos que aún hoy se encuentran en las estribaciones del lado norte de la Sierra de Pénjamo (que no es muy grande), en cuya orilla oriental se encontraban el rancho de San Vicente y la hacienda de Corralejo, donde nacieron los hermanos Hidalgo Costilla y Gallaga.

Y para mayor abundamiento tendría que añadir que en cuanto al jefe “Portugal” que mencionó Pérez Verdía, he realizado algunas breves pesquisas, encontrándome con que en realidad eran dos hermanos insurgentes, llamados Onofre y Miguel Gómez Portugal, al parecer nacidos (o al menos registrados) en La Barca, poco antes o poco después de 1780, y de los cuales tengo manera de comprobar que el segundo estaba muy cerca de Hidalgo cuando éste estaba próximo a entrar en Guadalajara. Habiendo podido saber también que Onofre se incorporó también en los albores del movimiento, primero bajo las órdenes directas de Ignacio Allende, y luego de la derrota de Guanajuato, bajo las de Mariano Jiménez, con quien marchó a levantar San Luis Potosí; junto al cual iba aun cuando Hidalgo, Allende, Jiménez y él mismo fueron aprehendidos en Acatita de Baján, y siendo él (Onofre) uno de los que aparecen en la lista de los ajusticiados y fusilados el 27 de junio de 1811, en Chihuahua.

Conviene revisar este croquis para entender mejor cómo se desplazaron los dos grupos insurgentes que aquí se mencionan.

Aparte de lo que acabo de decir, pero vinculado con ello, recientes investigaciones realizadas por Lina Mercedes Cruz Lira, de la Universidad de Guadalajara y del Centro Universitario de Lagos, nos permiten saber que una buena parte de “la familia Gómez Portugal era de los Altos de Jalisco”, y que una de sus ramas incluso, “era originaria de San Pedro Piedra Gorda de la diócesis de Valladolid”; el mismo lugar de donde, curiosa y coincidentemente nació y habitaba El Amo Torres. Lo que nos da pie para vislumbrar la posibilidad de que, siendo nativos de la misma región, Torres y los hermanos Portugal se conocían incluso desde la infancia.

Por otra parte, sabemos también que Toribio Huidobro, al que Pérez Verdía sólo mencionó por su apellido inicial, era, según palabras del mismísimo Virrey Venegas, “un soldado expulso (sic) del Regimiento de Pátzcuaro”, (Hernández Dávalos, T. II, p. 179), quien al parecer había sido simpatizante o aliado de los conspiradores de Valladolid desde dos años atrás, y quien a la sazón se hallaba residiendo en La Piedad, o en alguna parte cercana de la región de El Bajío. Siendo él uno de los primeros individuos con los que se habría entrevistado José Antonio Torres, luego de que el 30 de septiembre de ese mismo año, Hidalgo le confiriera el grado de coronel, le diera facultades para convocar y reunir gente a su nombre, y le ordenara, como ya lo hemos dicho, “levantar en armas los pueblos de Colima y las comarcas de Sayula y Zacoalco”, con la intención posterior de tomar la ciudad de Guadalajara si fuere posible hacerlo.

Si los lectores se toman la molestia de detenerse a mirar con atención el croquis con el que estoy tratando de ilustrar esto que afirmo, podrán observar la proximidad geográfica de los sitios mencionados, y comprobarán que, si “Navarro, Portugal y Huidobro” bajaron de norte a sur, “por Jalostotitlán, Arandas y Atotonilco” hasta llegar a La Barca; lo mismo tuvo que hacer Torres Mendoza, bajando también de norte a sur desde Piedra Gorda (hoy Manuel Doblado) hasta La Piedad y La Barca, antes de poder desplazarse a Sahuayo. Punto en donde, según el historiador tapatío que acabamos de citar, habría iniciado su recorrido, desconociendo seguramente el hecho de que, luego de haber recibido la comisión que le dio Hidalgo, Torres se separó algunos días del grueso del ejército y se regresó “a San Pedro Piedra Gorda para reclutar gente y ver a su familia”; mientras que el ex cura de Dolores y Allende se reorganizaban en Guanajuato y preparaban a sus huestes para la toma de Valladolid. (Continuará)