Sociedad del conocimiento 216. Aniversario de la Independencia


Miguel Hidalgo y Costilla, sacerdote e insurgente, inició el proceso germinal de lo que posteriormente se consolidaría como la Independencia de la Nueva España del dominio español. Este acontecimiento representó una ruptura trascendental con el modelo colonial y virreinal implementado por la Corona hispana en sus territorios de Ultramar. Hidalgo nació y se formó en una estructura social profundamente estigmatizada por la desigualdad socioeconómica y una rígida jerarquización estamental y racial.

A principios del siglo XIX, la profunda crisis diplomática y política de la monarquía española —aunada a la penetración de las ideas ilustradas— debilitó drásticamente el orden virreinal tanto en las colonias como en la propia metrópoli. En este convulso contexto, Miguel Hidalgo comenzó a participar activamente en las tertulias literarias y políticas de Querétaro, espacios clandestinos que más tarde serían identificados como la Conspiración de Querétaro.

En dichas reuniones se gestaba la insurrección armada con miras a la soberanía. Aunque el levantamiento estaba proyectado originalmente para noviembre de 1810, la delación y el descubrimiento de la trama obligaron a los insurgentes a adelantar las acciones a la madrugada del 16 de septiembre en el actual pueblo de Dolores. Desde ese punto, las fuerzas rebeldes marcharon hacia Guanajuato, donde tuvo lugar la célebre toma de la ciudad y del bastión español conocido como la Alhóndiga de Granaditas.

Esta sangrienta jornada no solo evidenció la severa falta de disciplina táctica en las tropas lideradas por Allende, Hidalgo y Aldama, sino también el abrumador respaldo popular y la inmensa rabia social acumulada durante siglos de opresión, violencia que consternó gravemente a la cúpula insurgente. Pese al caos, la marea insurgente encadenó una victoria tras otra hasta llegar a las inmediaciones de la capital virreinal; no obstante, en un giro crucial, Miguel Hidalgo decidió retraerse y no tomar la Ciudad de México, determinación que continúa siendo objeto de intenso debate historiográfico.

Ante el repliegue insurgente, las fuerzas realistas se reorganizaron rápidamente y lanzaron un feroz contraataque que fragmentó al ejército rebelde. Estas derrotas sucesivas pusieron de manifiesto las hondas fricciones estratégicas entre el mando militar y el liderazgo ideológico, lo que derivó en la ruptura definitiva entre Hidalgo, Allende y Aldama. A principios de 1811, como consecuencia de la traición perpetrada en las Norias de Baján, los caudillos insurgentes fueron apresados en diversos momentos y circunstancias. Todos ellos sufrieron el encarcelamiento, la degradación eclesiástica o militar y la ejecución sumaria por las autoridades virreinales, buscando con ello sofocar de raíz la rebelión.

Las cabezas de los próceres fueron cercenadas y exhibidas en las esquinas de la Alhóndiga de Granaditas como un escarmiento público; sin embargo, lejos de apagar el fuego revolucionario, la resistencia cobró nuevo impulso bajo el genio militar de José María Morelos y Pavón, el idealismo del español Francisco Javier Mina y la perseverancia de Vicente Guerrero y Guadalupe Victoria. Finalmente, el 27 de septiembre de 1821 se alcanzó la emancipación política formal, aunque no una transformación estructural de las desigualdades de clase, mediante un pacto de conveniencia concertado entre las élites latifundistas, la jerarquía eclesiástica, el ejército realista y las desgastadas fuerzas insurgentes.

A partir de ese hito, la narrativa republicana elevó a Miguel Hidalgo a la dignidad de «Padre de la Patria» e iniciador primordial de la gesta independentista. A lo largo de los siglos, su figura se ha consolidado como un poderoso símbolo de la identidad nacional y encarnación de la lucha popular contra el dominio hegemónico. Así pues, se comprende que, aunque Hidalgo no fue quien consumó la independencia en términos institucionales, sí detonó un proceso histórico irreversible que resquebrajó para siempre el andamiaje político e ideológico del México virreinal.

Para la reflexión: la noche del 15 de septiembre de 1810, la Nueva España parecía transcurrir en aparente tranquilidad, sin vislumbrar la inminente tempestad, aun cuando la trama conspirativa ya había sido delatada. Respecto a la madrugada del 16 de septiembre, no existen evidencias documentales incontrovertibles que certifiquen el mítico «Grito», ni la literalidad de la arenga con la que Hidalgo incitó al pueblo a rebelarse contra el mal gobierno virreinal, diferenciando este del propio monarca.

De hecho, múltiples registros de la época sugieren que el cura de Dolores aún reconocía la legitimidad de Fernando VII. Quien rompería categóricamente con la figura de la Corona española sería José María Morelos y Pavón en documentos fundacionales como los Sentimientos de la Nación, siendo él quien declaró la independencia política radical, aunque tampoco alcanzó a consumarla en el campo de batalla.

¨Para despedirme. Asimismo, la iconografía popular difundida en carteles e imaginería oficial dista significativamente de la realidad histórica. Hidalgo no era de tez blanca ni de la fisonomía con la que habitualmente se le representa; el testimonio del teniente coronel Pedro de Armendáriz, encargado de las diligencias previas a su fusilamiento, describe al caudillo como un hombre de tez morena y rasgada fisonomía. La efigie eurocéntrica, de tez clara y vestiduras severas que impera en los textos escolares es en gran medida un mito visual promovido durante el II Imperio por Maximiliano de Habsburgo para legitimar su gobierno, una idealización pictórica que ha perdurado incólume hasta el presente en el discurso de distintas administraciones políticas. El retrato más aproximado a su fisonomía real se conserva en una pequeña escultura de madera tallada resguardada en el Museo Nacional de Historia en la Ciudad de México. Nos vemos en otra entrega.