Ubuntu: nadie prospera solo


La solidaridad comunitaria expresa el principio de

 Ubuntu: el bienestar de cada persona fortalece a todos.

 

 

 

Hace unos días encontré una idea que, aunque nació lejos de México, parece describir una de las mejores cualidades de nuestra cultura. Aparece en El manual de juego, serie documental de Netflix en la que entrenadores reconocidos comparten experiencias sobre liderazgo, disciplina y trabajo en equipo.

 

En el primer episodio, Doc Rivers, entrenador de los Boston Celtics, relata lo ocurrido durante la temporada 2007-2008. Tenía jugadores extraordinarios, pero todavía no lograba convertir aquel conjunto de talentos en un verdadero equipo. Entonces recibió un consejo inesperado: debía conocer y practicar Ubuntu.

La palabra proviene de pueblos del África austral y suele expresarse así: «yo soy porque nosotros somos». No significa que la persona pierda su identidad frente al grupo, sino que nadie alcanza plenamente su humanidad de manera aislada. Somos, en buena medida, resultado de quienes nos cuidan, enseñan, acompañan, corrigen y sostienen.

Rivers investigó el concepto, lo llevó al vestidor y logró que sus jugadores lo asumieran como una forma de conducta. La enseñanza era sencilla: el éxito individual carecía de sentido si no contribuía al objetivo colectivo. Los Celtics terminaron conquistando el campeonato de la NBA en 2008. No ganaron únicamente por una palabra, desde luego, pero aquella palabra les permitió comprender cómo debían jugar juntos.

Ubuntu también adquirió dimensión política y moral en Sudáfrica. Desmond Tutu la difundió como una filosofía de reconciliación después del apartheid, mientras Nelson Mandela representó la convicción de que nadie puede considerarse plenamente libre cuando los demás permanecen sometidos, excluidos o humillados.

En México, Ubuntu no nos resulta extraño. Vive en expresiones como «échame la mano», «hoy por ti, mañana por mí» o «aquí no dejamos solo a nadie». Está presente cuando una familia cuida a los hijos de otra, cuando el comerciante confía en su cliente, cuando los vecinos se organizan frente a una emergencia o cuando una comunidad entera reconstruye lo destruido por un sismo o un huracán.

Sin embargo, algo se ha debilitado. La polarización política y social nos acostumbra a mirar al vecino com

o adversario; al que piensa distinto, como enemigo, y al dolor ajeno, como un asunto que no nos corresponde. Esa indiferencia es exactamente lo contrario de Ubuntu.

Imaginemos un Colima donde comprendamos que el bienestar de cada persona fortalece a toda la comunidad. Si existe seguridad, todos vivimos mejor; si aumenta la violencia, nadie está completamente a salvo. Si una niña recibe educación de calidad, gana ella, pero también gana la sociedad. Si una familia carece de atención médica, vivienda o trabajo digno, la fractura termina afectándonos a todos.

No existen islas permanentes de prosperidad en un mar de desigualdad. Tampoco puede construirse la paz levantando muros cada vez más altos. La paz se edifica con instituciones confiables, oportunidades compartidas, responsabilidad pública y vínculos sociales capaces de resistir el miedo.

Lo mismo ocurre entre los estados del país. Cuando desaparece una persona en Jalisco, México entero es menos seguro. Cuando una familia pierde su hogar en Michoacán, nuestra sociedad es más vulnerable. Cuando una región queda sin escuelas, hospitales, caminos o empleos, el desarrollo nacional también se detiene.

La solidaridad no es caridad ni ingenuidad. Es inteligencia colectiva. Consiste en entender que apoyar al otro también protege nuestro propio futuro. Un país en el que todos avanzan juntos llega más lejos que otro donde cada persona intenta salvarse sola.

La enseñanza también debería llegar a la vida pública. Gobernar con Ubuntu significaría decidir pensando no solo en mayorías circunstanciales, sino también en minorías, generaciones futuras y personas que carecen de voz, poder o influencia. Ubuntu nos propone una elección urgente: continuar fragmentados o reconocernos como parte de una misma red de vida. Quizá la palabra sea africana, pero su verdad también es profundamente mexicana.

Nadie prospera realmente solo. Somos porque los demás son; y estaremos bien cuando el bienestar común deje de ser un discurso para convertirse en una responsabilidad cotidiana.

abogadoangel84@gmail.com