La Villa resplandece, Colima oscurecida


Mientras en Villa de Álvarez el Palacio Municipal y sus alrededores resplandecen desde los primeros días de septiembre, en Colima capital los adornos patrios comenzaron a colocarse apenas la semana pasada, de manera rudimentaria y con evidente desgano, más por obligación que por convicción. Lo más notorio fue que en La Villa arrancaron nuevamente los festejos del mariachi como antesala al Grito de Independencia, mientras que en Colima imperó el silencio, a la espera de que el Gobierno del Estado resuelva la agenda festiva.

La alcaldesa de Villa de Álvarez, Esther «Tey» Gutiérrez Andrade, mantiene la atención constante en los servicios públicos sin recurrir a simulaciones ni organizar brigadas mediáticas en colonias y comunidades para cubrir lo que le corresponde al personal operativo; se sienta a coordinar, visita el territorio y supervisa lo reportado por sus funcionarios. Este contraste evidencia las diferencias en la zona conurbada: por un lado, una administración del PRI con un alcalde del PAN que gobierna apoyado por priistas locales; por el otro, una presidente municipal priista al frente de un equipo del PRIAN.

Un ayuntamiento cuenta con funcionarios supuestamente de primera línea —aunque esa «primera línea» solo figure en áreas rurales—, mientras que el otro dispone de un equipo con vocación de servicio y trabajo. Uno demuestra que es posible dar resultados; el otro solo espera que todo caiga del cielo. A estas alturas, como señalaba cierto priista afín al alcalde de Colima, Riult no parece haber llegado a resolver un problema menor. De mantener esta inercia, no ganará ningún distrito salvo que asegure una posición plurinominal, aunque en Acción Nacional figuras como Alberto Partida merecerían más ese espacio. El tiempo lo dirá.

Por otro lado, cabe destacar el trabajo constante que desde hace más de una década realiza Efraín Soto Vital en la Iglesia del Perdón, en la zona oriente de la capital. Alejado por completo de la politiquería y de cualquier interés partidista, coordina actividades en cada conmemoración nacional o festividad religiosa, y anunció recientemente a los feligreses que buscará realizar al menos un evento al mes.

Esta iglesia destaca como un espacio singular en la entidad por promover eventos que buscan trascender lo espiritual para rescatar los valores y principios de la identidad colimense y mexicana, incluida la tradición católica. Son pocas las autoridades que apoyan estas iniciativas; irónicamente, se percibe más respaldo desde Villa de Álvarez que en la propia capital. Sirva esta felicitación para Efraín y el comité que lo respalda, consciente de que no es una tarea sencilla en los tiempos actuales.

Para reflexionar. Un apunte sobre el 16 de septiembre: Miguel Hidalgo no debe ser analizado desde la hagiografía impoluta que pretenden imponer las narrativas dogmáticas. Antes de abanderar la causa revolucionaria, fue un hombre de carne y hueso con contradicciones evidentes: quebrantó el celibato procreando descendencia y, durante la vorágine de la guerra, consintió ejecuciones sumarias de familias peninsulares en Valladolid y Guadalajara, hechos trágicos que ensombrecen su dimensión bélica.

Por otra parte, distaba de tener un origen humilde; pertenecía a la élite criolla acomodada. No obstante, su verdadero mérito humano e ideológico radicó en su firme oposición a los gravámenes confiscatorios impuestos a los sectores desposeídos, consagrando su vida a la defensa de los pueblos originarios. Como bien señaló Ignacio Allende sobre la determinación con la que debía defenderse el movimiento: «Sin importar la suerte que la fortuna nos tenga reservada, la causa de la patria y de la libertad siempre debe ser protegida con el honor».

En el ámbito social e intelectual, Hidalgo fue un hombre culto y polifacético, influenciado por el enciclopedismo ilustrado. En sus curatos, particularmente en San Felipe y Dolores, impulsó industrias populares como la viticultura, el cultivo de la morera, la cría del gusano de seda, la alfarería y la manufactura textil, buscando la autosuficiencia económica de las comunidades indígenas y mestizas.

Más que el consumador definitivo de la nación no fue el cura. Hidalgo debe comprenderse como el gran precursor ideológico y social de la Independencia, la chispa que desencadenó el proceso que años más tarde consolidarían figuras como Vicente Guerrero o Guadalupe Victoria. El propio Hidalgo sintetizó esta visión integradora al proclamar en su manifiesto: «Establezcamos un gobierno compuesto de representantes de todas las provincias… que dicten leyes suaves, benéficas y acomodadas a las circunstancias de cada pueblo».

En tiempos actuales como en el pasado, el papel de Agustín de Iturbide, sigue siendo el mismo el de traidor. Será imposible reconocerlo como el verdadero Padre de la Patria Mexicana, o incluso como padres a Vicente Guerrero o Guadalupe Victoria. Por ahora solo nos resta gritar por la noche: Viva los héroes que nos dieron patria y libertad y más de uno con unas copas dirá: ¡Viva México, hijos de!!!

Para despedirme. Bajo esta perspectiva analítica, la figura histórica que logró la consumación pragmática del movimiento fue Agustín de Iturbide, quien el 27 de septiembre de 1821 encabezó la entrada triunfal del Ejército Trigarante a la Ciudad de México al frente de las tropas unificadas junto a Vicente Guerrero. Más allá de las disputas sobre quién merece el título de «Padre de la Patria» o los homenajes en monumentos y calles, el verdadero legado de la Independencia radica en la necesidad de cultivar la resistencia civil, la defensa de la libertad y la determinación moral de no ceder ante el poder corruptor. Nos vemos en la próxima entrega. Nos vemos en otra entrega.