Vuelve el terror a Colima capital.


Lo que ningún gobernador en la historia de la entidad se atrevió a hacer fue poner un límite a esa familia que se ha enriquecido a costa de los colimenses aportando muy poco o nada a la sociedad.

El sábado 19 de septiembre del año en curso, alrededor de las siete de la noche, diversas avenidas de la zona conurbada Colima-Villa de Álvarez fueron invadidas por parvadas de diez a quince motocicletas que transitaban sin el menor respeto por las autoridades, las normas de vialidad y, mucho menos, la ciudadanía. El ruido ensordecedor de sus escapes modificados no solo resultaba molesto para la población en general, sino hostil para la niñez y las personas en situación de vulnerabilidad.

En Villa de Álvarez, la policía municipal —bajo el mando de la alcaldesa Tey Gutiérrez— no se dejó amedrentar y, aun tras ser tomada por sorpresa, hizo valer su autoridad. La comuna de La Villa no permitió que estos colectivos hicieran y deshicieran a su antojo en la demarcación; para contenerlos, articuló y desplegó un firme operativo en el estacionamiento de Soriana Villa de Álvarez.

Al verse imposibilitados para operar impunemente en Villa de Álvarez, los motociclistas aprovecharon que en Colima Capital el General encargado de la seguridad municipal se duerme en los laureles —presuntamente ganados con méritos— para tomar las principales arterias del centro, así como las avenidas Pino Suárez y San Fernando, por citar algunas. De este modo, las y los ciudadanos que se desplazaban entre las ocho y las diez de la noche por dichas vialidades no solo transitaban con precaución, sino con un abierto sentimiento de zozobra.

Del despliegue policial en Villa de Álvarez constan innumerables reportes y videos difundidos en redes sociales por cibernautas, los cuales dan cuenta de cómo las corporaciones municipales actuaron con aplomo y firmeza. Sin agredir ni vulnerar a este grupo, la autoridad les dejó en claro que, por la propia seguridad de la ciudadanía y de los involucrados, no se toleraría dicha rodada en las calles del municipio.

En contraste, desde Colima capital los usuarios compartieron un panorama inaceptable: además del estruendo insoportable, se documentaron desmanes, exceso de velocidad, falta del equipo mínimo de protección como cascos, invasión de banquetas, agresiones a transeúntes y automovilistas, así como el desacato sistemático a los semáforos. En pocas palabras, se desató una franca alteración del orden público que convirtió la noche del sábado en un auténtico caos.

Cabe destacar que este problema había disminuido de manera considerable durante los últimos meses del año, limitándose a colonias periféricas de la zona metropolitana. Resulta evidente que Tey no podrá encarar sola este fenómeno; se requiere el respaldo de la Subsecretaría de Movilidad del Gobierno del Estado y que el alcalde de Colima, Riult Rivera, se haga valer como autoridad junto con su director de Seguridad, demostrando a quienes infringen la ley que en la capital sí existen instituciones. No deben aguardar al próximo fin de semana: se impone prevenir y solicitar refuerzos, pues estos grupos —que según diversos testigos operan bajo el cobijo del crimen organizado— buscarán reincidir donde no encontraron resistencia.

 

¿Quiénes integran estas rodadas? En su mayoría, adolescentes y jóvenes en situación de orfandad o desatención familiar; jóvenes que abandonaron los estudios y que no persiguen una causa social, sino la mera perturbación del orden. Entre ellos se encuentran trabajadores de tiendas departamentales, expendios de carne, repartidores de plataformas digitales y empleados de empresas refresqueras, por mencionar algunos sectores.

El sector empresarial también puede sumarse a la solución si supervisa con rigor al personal que integra sus filas. Modificar el mofle constituye una infracción que debe sancionarse, castigando asimismo a los talleres y comercios que realizan dicho trabajo. Conviene recordar que hace dos años, cercano al Teatro del Pueblo de la Feria de Colima, una agencia exhibía una unidad con el escape alterado. Esta modificación no solo genera contaminación auditiva, sino que desvía los gases de combustión hacia el rostro de quienes conducen vehículos particulares o de transporte público.

Para la reflexión, en otro orden de ideas: respecto a las instalaciones que ocupaba el Tecnológico de Monterrey en la entidad, un grupo de empresarios voraces pretendió apoderarse de bienes públicos, tal como lo han hecho durante décadas; sin embargo, una autoridad los puso finalmente en su lugar con absoluta institucionalidad. El inmueble fue recuperado. Si bien la donación original resultaba discutible —al tratarse de una superficie destinada a área verde—, su fin era claro y preciso: destinarse exclusivamente a la educación superior.

Al no cumplir con los requisitos establecidos por parte del colegio que se trasladó a dicho predio, resultaba lógico que el Gobierno del Estado exigiera su restitución. Se ignora si los directivos de la institución o los integrantes del comité alentaron embates contra el Ejecutivo estatal a sabiendas de la razón jurídica que le asistía a las autoridades, lo que llevó a varios comunicadores a sumarse a esa narrativa de encono. Lo cierto es que el colegio —que no tenía necesidad de someterse a ese desprestigio— asumió la postura correcta al retirarse y reconocer que dicha familia también los había timado.

El golpe maestro de la mandataria estatal, Indira Vizcaíno Silva, para desactivar a los miembros del comité que instigaban a los sectores opositores a Morena, consistió en entregar la custodia y uso de dicho predio a nuestra máxima casa de estudios: la Universidad de Colima. Lo que ningún gobernador en la historia de la entidad se atrevió a hacer fue poner un límite a esa familia que se ha enriquecido a costa de los colimenses aportando muy poco o nada a la sociedad. Pese a ello, más de un crítico se ha negado a reconocer esta acertada decisión de la Gobernadora.

Para despedirme: en Villa de Álvarez, la alcaldesa Tey ha devuelto el esplendor y la vitalidad a su centro histórico y jardines principales. No solo ha engalanado al municipio con espacios de calidad como el V Festival del Mariachi, sino con acciones firmes, entre ellas, dar un «no» categórico a quienes alteran la tranquilidad sobre dos ruedas. La sociedad colimense reconoce su determinación. Nos vemos en la próxima entrega.