*Galeones Manila-Acapulco recalaban en Manzanillo de manera informal
*Hay gran relación con puertos chinos, japoneses, coreanos y taiwaneses
(Primera de dos partes)
Estamos unidos más de lo que imaginamos con el sudeste asiático, por motivos históricos, y sobre todo, en estos tiempos, por motivos comerciales. En el primer apartado, habría que decir que ya existían leyendas en los tiempos prehispánicos sobre contactos a través de los juncos que visitaron nuestras costas, y que habrían dejado algunos registros difusos, como señala Gregorio Torres Quintero en sus escritos.
HASTA ALLÁ LLEGABA NUEVA ESPAÑA
Durante mucho tiempo, la Nao de China, Galeón de Manila, Nave de la Seda o Galeón de Acapulco, permitió establecer sólidas relaciones entre las islas Filipinas y México, entre Manila y Acapulco; pero en la ruta, el puerto colimense de Salagua (Manzanillo) tuvo un protagonismo que para mucha gente es desconocido, ya que aquí se hacían reparaciones, se armaban barcos y subían y bajaban tripulantes de una nación u otra con fines laborales, quedando aquí huellas culturales tan fuertes o más que en Acapulco, terminal mexicana (o novohispana) de la ruta, donde se hacía la feria anual más importante a la llegada de los navíos. El galeón era una prolongación de la flota de la Nueva España con la que estaba relacionado, pues se debe recordar que Filipinas dependía del virreinato novohispano, de modo que la moneda corriente en filipinas era el peso fuerte, hecho en la Casa de Moneda de la Ciudad de México. Desde tiempos antiguos se tenía el sueño por parte de los españoles de conectar a América con el Oriente, para establecer un comercio fabuloso. La “Madre Patria”, como se le llamaba a España en sus posesiones, se encontraba muy lejana en el Viejo Mundo.
La conquista y colonización de las Filipinas fue posible gracias a la posibilidad de establecer una conexión con América, al descubrirse la corriente de Kuro Shiva, por el navegante Urdaneta, que hacía posible el viaje transpacífico de regreso, tocando tierra en nuestro continente a la altura de las Californias, para de ahí ir bajando por el litoral hasta Acapulco, pasando por Manzanillo (Santiago-Salagua) como escala forzosa, donde se hacía aprovisionamiento de limones para combatir el escorbuto, azote de las antiguas tripulaciones, que las diezmaba debido a que no podían comer alimentos frescos durante meses. Recalada necesaria también para protección en los casos de las frecuentes apariciones de los buques corsarios de ingleses y holandeses. También en Manzanillo, en lo que entonces era el puerto de Tsalagua, tercero en la costa del Pacífico que fundaron los españoles, se reparaban las embarcaciones de los daños de la larga travesía, en que muchas veces tenía que enfrentarse con los terribles tifones. Debe aclararse que no comerciaban directamente con Salagua, pero sí había migración de personas en uno y otro sentido, muchos de las cuales venían como personal a bordo de los barcos mencionados, se llevaba algún que otro pasajero y se realizaba algún comercio ilegal. Las costumbres entre Filipinas y México, pues, pasaron a través del Océano, que nos separa y comunica a la vez, de manera que es poco, más bien, lo que nos diferencia, a no ser lo meramente racial y alguna que otra cosa.
LA ERA DE LOS GALEONES TRANSPACÍFICOS
Los galeones pesaban entre 500 y mil 500 toneladas, e incluso en alguna época llegó a haber dos galeones, transportando mercancías con un valor entre 300 mil y 2 millones 500 mil pesos. Los viajes del mítico buque se realizaron entre 1565 y 1821. La función del galeón cesó con la independencia, pues el gobierno mexicano confiscó el último de ellos que llegó a nuestro país, ya soberano, por órdenes de Agustín de Iturbide, en ese entonces emperador de México. En un principio, la embarcación se construía en Autlán, Jalisco, o en Bagatao, Filipinas, yendo a bordo 250 personas en promedio. En su camino de ida tocaban regularmente las islas Marianas, y llegaban a Cavite, ya en Filipinas, en un viaje de 2 mil 200 leguas, en cincuenta o sesenta días. El tornaviaje, como se le llamaba al viaje de regreso, que era más complicado, demoraba de cinco a seis meses, arribando a Acapulco en diciembre o enero. El comercio más importante para Asia era la plata mexicana, con la que se compraban suntuosos artículos para vender en América y Europa, con un margen de ganancia del 300 x 100. Las ferias de Acapulco y Manila fueron las más importantes y exóticas del mundo en su tiempo.

Aquí se ve la preparación del vino de cocos a partir de la tuba que se hace en Filipinas.
LAS PRIMERAS EXPEDICIONES
Hernán Cortés mandó en 1528 a Álvaro de Saavedra a comerciar con Oriente, vía Nueva España, por lo que costeó una flota armada en Zihuatanejo que se hizo a la mar el 27 de marzo de 1528, perdiéndose en Nueva Guinea, y regresando a España por el Cabo de Buena Esperanza. En 1540, Pedro de Alvarado, obsesionado con las riquezas de las Molucas, no se conformó con la Capitanía de Guatemala, construyendo su propia flota, que zarpó al norte, llegando al Puerto de Navidad (Hoy Barra de Navidad). Ahí el Gobernador de Nueva Galicia, Cristóbal de Oñate, que mandaba en Jalisco, Colima y Nayarit, solicitó ayuda a Alvarado para combatir a los indígenas, por lo que el belicoso conquistador desembarcó con su tripulación y armamento. En la sierra de Yahualica su caballo resbaló a un barranco y murió, y la expedición al Asia se canceló. López de Villalobos en 1541 fue enviado por el virrey Antonio de Mendoza para encabezar una expedición a las Indias Orientales a buscar nuevas rutas comerciales, partiendo del Puerto de Navidad en 1542 con cuatro carabelas, llegando en 1543 a la isla de Luzón y luego a Leyte, y nombró a aquellas islas Filipinas, en honor del rey español Felipe II. Debido al hambre que experimentaron, tuvieron que refugiarse en las Molucas, dominio portugués, siendo apresados y muertos en Amboina, en 1544; pero un resto de la tripulación escapó y regresó a Nueva España informando al virrey, quien desde entonces consideró a Filipinas como Capitanía de la Nueva España.
LA EXPEDICIÓN DE LÓPEZ DE LEGAZPI
En 1564, Miguel López de Legazpi es mandado por el virrey Luis de Velasco a hacerse a la mar el 21 de noviembre de ese año en el Puerto de Navidad, conquistando Guam, Islas Saavedra (Marshall), Islas Marianas y finalmente Samar, en Filipinas, el 27 de abril de 1565, arribando chinos en juncos para comerciar.
LOS PARIANES, LAS PELEAS DE GALLOS Y LA CHINA POBLANA
El puerto de Manila, capital de las Filipinas, fue fundado en 1571. La gobernación de Manila, dependiente de Virreinato de la Nueva España, para almacenar las mercancías que se transportaban, construyó en el puerto un gigantesco almacén, que recibió el nombre de El Parián de los Sangleyes, el cual era como un gran mercado mexicano actual, donde se juntaban mercancías procedentes de Persia, India, Indochina, Ceilán, Indonesia, China y Japón. En México, se le dio el nombre de parianes (palabra filipina) a los mercados destinados a vender mercancías típicas de la región. El más famoso fue el ubicado en el centro de la Ciudad de México, que desapareció en los años cuarenta, y se mantuvieron los de Puebla, Guadalajara y Tlaquepaque, entre los más famosos. En el Parián de los Sangleyes el pasatiempo favorito eran las peleas de galos, el que pronto se arraigó también aquí. En el Galeón de 1621 llegó un grupo de orientales destinados a trabajar como sirvientes en los palacios mexicanos, entre ellos una niña hindú disfrazada de muchacho, a quienes sus compañeros de infortunio llamaban Mirra, y que fue bautizada en Filipinas como Catarina de San Juan, quien era miembro de una familia real de la India. Fue vendida en Puebla y ahí adquirió fama por sus extraños vestidos bordados con chaquira y lentejuela, que dieron origen al atuendo mexicano conocido como China Poblana.
RELACIONES ENTRE FILIPINAS Y COLIMA
En lo que ahora es Manzanillo desde antaño desembarcaban filipinos para cultivar los campos arroceros y cañeros de la región. En 1563 y 1564 toda la región o comarca cercana a los puertos de Navidad y Salagua (Colima, Autlán, Ameca, Zapotlán, Tuspa, Tamazula, Guadalajara y Pueblos de Ávalos) viven intensamente bajo la influencia de actividades conectadas con la construcción de navíos para el viaje a las Filipinas. En 1612, en los pueblos de Tecuxuacán y Marabasco se fabricaron piezas de una de las carabelas que llevó a Legazpi, y el barco se armó en el puerto de Salagua. A partir de ahí, Salagua (hoy Manzanillo) era visitado anualmente por la Nao, porque era un puesto de reaprovisionamiento, donde también había tráfico ilegal de mercancías. En Manzanillo había astilleros menores y se provocaban tumultos porque el virrey con este motivo llegó a visitar lo que hoy se conoce como La Audiencia. Ahí se proveía de leña y aguada a los marineros, así como refugio contra los piratas. (Continuará)