Primera de dos partes
Rogelio Camarillo Carrillo: ¿Qué tal? Muy buenas tardes. Hoy es jueves 4 de junio. Tenemos el honor de entrevistar a uno de los más destacados guardianes de la memoria histórica de Colima: el maestro José Abelardo Ahumada González, reconocido cronista, historiador, profesor, escritor y promotor cultural colimense.
Nacido el 23 de enero de 1954 en Villa de Álvarez, Colima, es hijo de Miguel Ahumada Salazar y Angelina González Macías. El maestro Ahumada ha dedicado más de cuatro décadas a la investigación, la docencia y la difusión de la historia regional. Ha desempeñado diversos cargos en el gobierno del estado y a nivel municipal, entre ellos: director de Educación, Cultura y Deporte del H. Ayuntamiento de Manzanillo, director de la Red Estatal de Bibliotecas, cronista del municipio de Colima durante 21 años. Además, ha sido presidente de la Asociación de Cronistas de Pueblos y Ciudades del Estado de Colima en tres ocasiones.
Es autor de importantes obras como Camino de Miraflores, Colimoxin: en busca de la identidad perdida y Las últimas rebeliones. En mayo de 2022 recibió el doctorado honoris causa por el Instituto de Investigaciones Educativas, junto con la medalla doctor Pablo López Hernández Pérez, en reconocimiento a su extraordinaria trayectoria.
Maestro Abelardo Ahumada, bienvenido. Es un placer y un privilegio contar con su presencia en esta entrevista.
Rogelio Camarillo Carrillo: Maestro Abelardo Ahumada, usted nació el 23 de enero de 1954 en Villa de Álvarez, Colima, siendo hijo de Miguel Ahumada Salazar y Angelina González Macías. ¿Podría contarnos cómo fue su infancia en esa ciudad y qué influencias familiares marcaron su vocación por la historia y la educación?
Maestro Abelardo Ahumada González: Bueno, lo primero que tendría que puntualizar es que Villa de Álvarez era entonces un pueblito. En el censo de 1950 no llegaban a los 4 mil habitantes. Yo nací cuatro años después. La misma ciudad de Colima era pequeñísima; apenas ocupaba lo que hoy es el primer cuadro.
En ese pequeño pueblo había huertas que colindaban con el arroyo de Pereira. Las casas eran bastante grandes, con patio y corral; muchas tenían piso de tierra. La gente se regía principalmente por dos cosas: las campanadas de la iglesia y el radio. La XRL era muy escuchada. Estaban empezando los radios de transistores y de baterías. Yo vi a señores que, al arar para sembrar en junio, traían el radiecito colgado del arado para escuchar el programa “”El amanecer ranchero”.
Mi escuela primaria fue la José María Morelos, solo para niños. A una cuadra y media estaba la Enrique Andrade, exclusiva para niñas. En tercero de primaria, el presidente Adolfo López Mateos inauguró la escuela Carmen Serdán, que ya era mixta. Ahí estudié solo el tercer año. Luego mi papá me inscribió en el colegio en Colima y terminé la primaria en Manzanillo, porque andábamos moviéndonos mucho.
Rogelio Camarillo Carrillo: ¿Qué momento o experiencia fue el punto de inflexión en su vida?
Maestro Abelardo Ahumada González: Creo que hubo varios momentos, porque la vida lo va llevando a uno a veces dando maromas y volteretas. Hubo crisis económicas en la familia y, como dije, anduvimos en varios lugares. Terminé mi educación básica en nueve escuelas distintas. De Manzanillo nos fuimos a Guadalajara, volvimos a Colima y luego a Ciudad Juárez, en la frontera norte. Yo estaba en segundo de secundaria.
Me sacaron de raíz y me llevaron a un lugar completamente desconocido, con un clima extremo: muy seco y caluroso en verano, extremadamente frío en invierno. Eso me golpeó mucho anímicamente. Añoraba los paisajes de Colima, las idas al mar; en mi pueblo, a cinco minutos en bicicleta estaba uno en un potrero. Allá vivíamos recluidos en una pequeña casa.
Sin embargo, ahí terminé la secundaria e hice la preparatoria en un edificio que había sido jardín de niños del Paso, Texas. Cuando el gobierno de Estados Unidos entregó los terrenos del Chamizal a México, ese edificio se convirtió en la Preparatoria Federal Adolfo López Mateos. Fui de los primeros alumnos en registrarme ahí. Estudié bachillerato en Humanidades. Eso me marcó mucho: el latín, el griego y la literatura.
Al terminar, quería seguir estudiando. La opción era la Normal en Colima, pero no me admitieron por falta de palancas. Regresé a Ciudad Juárez e ingresé al Seminario Regional del Norte, sección Filosofía. Cursé toda la licenciatura en Filosofía. Luego me enviaron a Chihuahua para Teología, pero solo estuve un semestre.
Rogelio Camarillo Carrillo: Usted ha sido cronista del municipio de Colima durante 21 años, además de presidir la Asociación de Cronistas de Pueblos y Ciudades del Estado de Colima. ¿Cómo ha influido esta responsabilidad en su visión del estado y la región?
Maestro Abelardo Ahumada González: Como profesor federal, la Secretaría de Educación me reconoció los estudios. Me dieron una plaza en la Sierra Tarahumara, en Chihuahua. Luego conseguí cambio al Estado de México, intenté revalidar mi título en la UNAM o la Iberoamericana, pero no fue posible por la separación Iglesia-Estado. Después estuve en Guanajuato y también viví ocho meses en Los Ángeles, California. Todos esos recorridos me dieron una visión más amplia que lo meramente estatal.
Por eso, al estudiar la historia de Colima, siempre la he visto dentro del contexto nacional y, más cerca, del contexto regional. No admito —y puedo demostrarlo— que la historia de un estado se pueda contar sin tomar en cuenta los vínculos con los estados vecinos.
Rogelio Camarillo Carrillo: Como profesor con una larga trayectoria en diferentes niveles educativos y en la Universidad de Colima, ¿qué importancia le da a la enseñanza de la historia regional en la formación de la identidad de los colimenses?
Maestro Abelardo Ahumada González: Todas las autoridades —municipales, diputados y sobre todo gobernadores— deberían recibir cuando menos una introducción a la historia del estado y de sus municipios. Muchos gobernantes son ignorantes de la historia y cometen burradas al tomar decisiones.
Los jóvenes, cualquiera que sea su profesión, deberían tener una visión muy cercana de la historia de sus lugares. Esa materia debería estar más incluida en los programas de estudio de la SEP, la universidad y todas las instituciones educativas.
Rogelio Camarillo Carrillo: ¿Cómo ha evolucionado su método de enseñanza a lo largo de los años, especialmente al combinar pedagogía con investigación histórica?
Maestro Abelardo Ahumada González: La necesidad hace andar al burro. Nunca estudié en la Normal, así que no tenía las nociones de pedagogía. Me sentí muy presionado y empecé a actuar como la lógica me lo indicaba y como Dios me dio a entender, procurando que mi lenguaje fuera accesible a los niños.
En la Sierra Tarahumara los niños tenían un lenguaje muy corto y poca vinculación con el exterior. Tuve que hacer circo, maroma y teatro para que accedieran al conocimiento. Mis profesores de matemáticas en secundaria habían sido muy mecanicistas; nunca me explicaron para qué servía el álgebra. Yo procuré enseñar con ejemplos de la vida real: la medida del huarache, de los calzoncillos, el tamaño de la puerta del salón.
También salíamos de excursión; dejaba que los niños me llevaran porque ellos conocían el medio ambiente. Esa metodología se fue incorporando en mí. Después, como periodista, empecé a redactar de manera que cualquiera entendiera. Ahora, con las presentaciones en PowerPoint, incorporo muchas imágenes. Ese ha sido mi avance pedagógico.
Rogelio Camarillo Carrillo: En mayo de 2022 recibió el doctorado honoris causa por el Centro Colimense de Investigaciones Educativas (CESIE), junto con la medalla doctor Pablo López Hernández Pérez. ¿Qué significado tuvo ese reconocimiento para usted?
Maestro Abelardo Ahumada González: La medalla, la mera verdad, no la tomo muy en cuenta porque es de una universidad de Chile asociada con compañeros del instituto y una organización llamada Claustro Fiat Lux.
En cambio, valoro mucho el reconocimiento del Claustro de Colima. Son gente que nos conoce, que ha visto el trabajo que uno ha desarrollado. Es un reconocimiento de personas cercanas que, aunque no sean amigos, son testigos de lo que uno hace públicamente.
Rogelio Camarillo Carrillo: A lo largo de su carrera ha recibido múltiples premios nacionales de cronística e historiografía. ¿Cuál considera el más significativo y por qué?
Maestro Abelardo Ahumada González: Soy miembro de la Asociación Nacional de Cronistas de Ciudades Mexicanas y representé durante 21 congresos nacionales al municipio de Colima. Hoy sigo yendo, pero como cronista vitalicio de la asociación.
Cada reconocimiento no es gratis: en cada congreso hay un concurso y hay que presentar un trabajo. Los primeros, segundos lugares y menciones honoríficas han sido significativos en su momento.
