Era digital, de lo práctico a lo riesgoso


El contacto humano se ha convertido en un lujo


Es una lástima que lo iniciado como una herramienta para romper paradigmas a favor de una educación digital profesional, se haya convertido en una contradicción moral de la sociedad, donde abunda el libertinaje porque todo está permitido.

La educación a distancia fue puesta a prueba con la pandemia, los maestros y padres de familia hicieron un frente común para la educación de sus hijos y aprovecharon los avances tecnológicos. El internet y las redes sociales, así como los servicios de comunicación digitales son fundamentales, pero lamentablemente se mueven dentro de un nicho que está dominado por los contenidos basura.

Surgieron problemas en los sectores más pobres que no tienen ni aparatos ni conexión a internet, así que la SEP solo pudo decir que esos alumnos “se perdieron”. La verdad es que sencillamente no tuvieron oportunidad de seguir el ritmo. En cambio los hogares que sí pudieron sostener la educación a distancia se enfrentaron con que sus hijos se habituaron a contenidos adictivos de la red y las clases virtuales les resultaron aburridas.

En lo digital no todo es miel sobre hojuelas, ni mucho menos. Poco antes de entrar a la pandemia el prestigiado periódico The New York Times publicó que las élites de las sociedades internacionales huyen de los teléfonos celulares y del uso de las incesantes innovaciones tecnológicas porque buscan privilegiar el contacto humano y sobre todo, para ellos, el contacto con la realidad inmediata es el mayor de los lujos.

También grandes pensadores, como el filósofo Byung-Chul Han, huyen de lo digital y solo usan aparatos analógicos, es decir, que no están conectados a ninguna red de internet, solamente a la luz. No quieren ser analizados por ningún algoritmo de la inteligencia artificial ni espiados por nadie.

En cambio, todos los demás estamos yendo por millones y millones en el mismo camino digital, buscando afanosamente tener presencia y oportunidad de medrar en el internet en medio de contenidos que contaminan las mentes de los cibernautas, donde hasta el más experto cae en el garlito de las trampas que llaman la atención y nos distraen de realmente leer y enterarnos de textos y videos que enaltezcan al humano.

Incluso tiempo antes del artículo del New York Times nos enteramos que el propio inventor de las tabletas inteligentes Steve Jobs jamás permitió que sus hijos usaran ese aparato porque sabía que están hechos para absorber demasiado la atención y provocar dependencia hacia ellos.

Y sin embargo no se trata de demonizar, pero sí de tomar conciencia de los terrenos que pisamos. No en vano el creador de Facebook bloqueó al propio presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para que no provocara reacciones violentas de sus seguidores en redes sociales. El internet ha cobrado demasiado poder en las masas y como se ha citado muchas veces: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”.