Juan Rulfo, la voz de los pobres: Cárdenas Pallares


Carlos Valdez Ramírez.-

Cuando alguien quiere escribir tiene que hacerlo claro, que se entienda, me acuerdo del poeta cubano Nicolás Guillén, que dijo, quieres aprender a escribir bien, lee los clásicos, uno de ellos es Juan Rulfo, escritor mexicano que me conmueve de pies a cabeza, porque es la voz de los pobres, de los oprimidos, de los burlados; leerlo es ver su dolor sin romanticismo alguno, meterse en su soledad, en su desamparo, expresó en exclusiva para EL NOTICIERO el Padre José Cárdenas Pallares.
Lo mismo te puedo decir de las obras del padre Alfredo Plascencia, con su justicia tardía, porque fue hasta hace poco que le acaban de publicar sus textos en el Fondo de Cultura Económica (FCE), él nació en Jalostotitlán y anduvo siempre en pueblos de mala muerte, no lo apreciaron hasta tarde los laicos de la cultura, porque era sacerdote, y los sacerdotes porque era despatarrado y sin orden; el poema que me parte el alma, porque te llega hasta lo más hondo, es “Mi Cristo de Bronce”, no te lo puedo declamar, aunque me encanta, relató con avidez y visiblemente emocionado el padre José Cárdenas Pallares.
“Rubén Darío, por ejemplo, es musical, es gusto por la vida, cuando lo lees sabes que no vas a encontrar la crónica de una acta notarial, tenía un libro del Padre Ernesto Cardenal, hacía referencia a la carta que envió un militar español al rey de España, intentando describir la variedad y la belleza de las frutas que encontraron en este continente, como nunca las habían visto intentó detallar sus características, pero se queda corto en el lenguaje e incluso dejaba ver un poco de desesperación por no poder transmitir en su escrito el aroma y sabor de nuestros manjares, cuando yo lo leo, lo hago como un homenaje, no como un tratado de botánica, lenguajes similares podemos encontrar en las Sagradas Escrituras y si yo lo tomo todo como un acta notarial o como un inventario, arruino todo lo que intentan transmitir”, dijo.
Ante la pregunta de que si él consideraba que había leído lo suficiente, el clérigo respondió categórico: El único confiable es Dios, en Eclesiastés dice, a más sabiduría más dolor, porque el mucho estudiar daña la salud, escribir libros es cuento de nunca acabar.
Un escritor tan sabio, tan realista como Qoheleth (que quiere decir el que convoca la asamblea, es femenino), no conoció a Jesús y ante la realidad de Jesús, hacía referencia al cielo nuevo o la tierra nueva, donde reina la justicia, es un mar sin fondo y cuando sigue el consejo de Von Balthasar, gran teólogo suizo, que dice que la verdadera teología se hace de rodillas, es decir, como un balbuceo ante la realidad de Dios que nos supera. Uno queda fascinado, en ocasiones tengo la intención de ver la tele, pero luego me cuestiono, ¿vale la pena gastar mis ojos viéndola?
Entre otras cosas nos comentó, “cada semana voy a dar clases al seminario de El Cóbano, es cansado para mí ir y venir, imparto cátedra tres horas, les hablo sobre el evangelio de San Mateo, les digo que no estén con la cabeza llena de aserrín e intento transmitirles mi pasión por el arte.
Cuando estaba muy cansado en Roma, me iba a la Basílica de San Pedro, me ponían frente de la escultura de La Piedad, de Miguel Angel, y me quedaba con la boca abierta, perdido, ensimismado; luego voy a Oaxaca y veo la iglesia de Santo Domingo, en esa ocasión iba con un condiscípulo argentino, él me dijo, ya no puedo hablar, se quedó con los ojos y la boca abierta, no comenté nada porque yo también me quedé extasiado.
“En el Museo de Antropología e Historia me pasaba un día entero y sólo me sacaba de allí el hambre, disfruto mucho de la naturaleza, la literatura, la música, aunque soy una nulidad en esto, el último profesor que me examinó en el seminario me dijo que me concedía un seis si dejaba de cantar, y yo sin pensarlo lo acepté porque se mis debilidades. Cuando escucho por ejemplo a Mozart, me olvido hasta de las deudas, lástima que los acreedores no, pero sí me siento otra gente”.
Comentó que en la feria del libro se compró un tomo de poesía sacra, uno de villancicos de Sor Juana Inés de la Cruz y otro de la poesía de Quevedo, “tú los lees y todo lo demás parece pacotilla”, destacó. Nos mostró la portada de un libro de Rangel Hidalgo y continúo con su relato, me acuerdo que me dijo: “yo estoy loco y tu también, me la hizo gratis, Alejandro Rangel se dirigió a mí y le comenté yo sé que la manera más grande de hacerte sufrir, es prohibirte entrar al estado de Colima, me dijo es cierto, por el paisaje tan bello que tenemos.
A mí me toco convivir con grandes personajes –detalló- como el padre Héctor Mejía, quien era un gran cerebro, nativo de Armería, el te leía los clásicos griegos en las ediciones de la universidad de Oxford, sin diccionarios de apoyo, también leía la biblia hebrea sin diccionario, yo reconozco que tengo dones que otros no tienen, así como tengo oportunidades que otros si tienen, porque honradamente después de don Ignacio de Alba, no ha habido en Colima un obispo que esté tan interesado en la formación de sacerdotes como lo estuvo él, con esa visión.
Recuerdo –dijo-, a mi bisabuelo purépecha que no sabía leer ni escribir, pero nunca lo hicieron tonto en las cuentas, ni en las más complicadas, vendía puercos y de tantos años que tenía dedicándose a eso, sabía cuánto pesaban con tan solo levantarles la cola y en ocasiones con sólo verlos, yo heredé los genes de ese indígena, la inteligencia, es un regalo que recibí.
Agregó, si Dios te da un talento, es para que lo trabajes, si eres inteligente y no trabajas ni estudias, estás echando a la basura lo que Dios te dio, imagínate que te dan una esclava de esmeraldas y tu juegas con ella, la dejas donde quiera y hasta permites que el perro juegue con la esclava, lo que estás haciendo es una ingratitud, te conviertes en un malagradecido de marca, desperdiciando lo que Dios te dio.
San Vicente de Paul dijo una cosa que me dejó impactado –extendió en su relato-, el mayor enemigo de la iglesia católica es la pereza de los sacerdotes, por eso digo, nunca debemos olvidar que es un regalo de Dios y hay que cuidarlo, fíjese en la inteligencia y la astucia de muchos narcos, había una mujer por el área de la bahía de San Francisco, allá por Palo Alto, en Estados Unidos, era sexagenaria, que tenía un seno amputado por cáncer, y cada vez que iba a Tijuana obtenía de ganancia 19 mil dólares, porque en el seno postizo se ponía la droga, si ella puso tanto empeño y tanta sagacidad en pasar esa hierba de mal de la  muerte, por qué la gente de bien no puede hacer algo similar o incluso mayor; esa mujer desparramó mucho veneno.