Terremotos y tsunamis devastaron Manzanillo y Cuyutlán


Hubo tres salidas del mar importantes, una de ellas, la terrible “Ola Verde”; se derrumbó la presidencia municipal; acabó la época de oro del balneario Cuyutlán; inicio turístico de Manzanillo

 

 

(Primera parte)

 

Hace ochenta y nueve años, un ya lejano 3 de junio de 1932, dio inicio un período de auténtico terror para gran parte del estado y la región, cuando se desencadenaron una serie de sismos, que además, dieron paso a dos importantes salidas del mar, una de ellas, popularmente conocida como La Ola Verde, y un sismo con intensidad de 8.4 grados en la escala de Richter, el cual es el más intenso que se registró en el país a lo largo de todo el Siglo XX, de acuerdo a los datos del Servicio Sismológico Nacional.

 

3 DE JUNIO

 

Todo arrancó un día como hoy, pero de 1932, cuando se suscitó un fuertísimo movimiento trepidatorio de tierra con intensidad de 8.4 grados en la escala de Richter, el cual se prolongó por cincuenta segundos, el cual tuvo su epicentro en los límites de Colima y Jalisco, en la zona de la Peña Colorada, a 33 kilómetros de profundidad, siendo un poco después de las 4 y media de la madrugada. En ese momento, friccionaron entre sí las placas Cocos y Continental.

Puede uno imaginarse el terror de las personas que se encontraban en ese momento en su mayoría sumidos en el sueño más profundo, al ser despertados de forma súbita y violenta por el fenómeno natural de tan horrendas proporciones. Ocasionó la enorme cantidad de trescientos treinta muertes según los registros y cálculos realizados sobre el evento, amén de una gran cantidad de heridos en el estado de Colima, cientos o quizá miles. Según el texto Historia de los tsunamis locales ocurridos en México, publicado por la Secretaría de Marina, se dice que habría sido más de 400, tan solo en la zona epicentral. Otras cifras son más conservadoras y dan números menores a los cien fallecimientos, sumando los resultantes de este primer temblor con los de todos los que a continuación vamos a señalar.

Es considerado el más intenso y uno de los peores terremotos en México acaecido durante el pasado siglo. Se sintió en Colima, Jalisco, Michoacán, Nayarit, Guerrero y Sinaloa. Pero, como sabemos, nuestro estado es altamente sísmico, de los más del país, así es que se pensó que ahí pararía todo, y aunque se generó cierto mucho miedo, nunca se pensó que aquello era solamente el principio de una pesadilla. Hubo un maremoto que agravó los destrozos en las áreas costeras y cercanas al mar.

 

18 DE JUNIO

 

Empezaron a pasar los días, y se empezó a asimilar y aceptar lo sucedido, luego de enterrarse las víctimas fatales y curarse a los heridos, cuando, quince días después, el día 18 para ser más exactos, volvió a moverse la tierra de arriba abajo otra vez a las 4 y media de la mañana, al desencadenarse un nuevo temblor, ahora con una intensidad de 7.8 grados (SSN), sintiéndose el movimiento en los estados de Jalisco, Nayarit, Michoacán y, desde luego, el nuestro. Su duración fue de horribles veinticinco segundos.

El epicentro fue en la población de Rincón de López, a cincuenta kilómetros de profundidad. Se dice que este temblor fue pronosticado por el sacerdote y científico Severo Díaz, quien a la sazón era el director del Observatorio Vulcanológico y Astronómico del Seminario Auxiliar de Zapotlán (Ciudad Guzmán). El terremoto también se sintió con menor intensidad en el Centro del país. Solamente se registró una pérdida de vida. Nuevamente se salió el mar de sus límites acostumbrados, causando daños graves.

 

22 DE JUNIO, TEMBLOR Y “OLA VERDE”

 

Tan solo cuatro días después, el 22 de junio, siendo poco antes de las 7 de la mañana con cuarenta minutos, volvió a sacudirse el piso por tercera vez, ahora con epicentro frente al puerto de Manzanillo, sobre la falla Clarión, treinta kilómetros mar adentro y a 33 kilómetros de profundidad, siendo la intensidad de 6.9. A pesar de ser menor la magnitud de éste, fue sin embargo el que generó mayores daños, ya que poco después hizo que el mar se retirara, y volviera en la forma de un maremoto, o como se les bautizó en el Japón, donde son muy frecuentes, tsunami, nombre con el que ahora se les conoce mundialmente.

Mi madre, Celia Cisneros Amaya, me contaba que por aquellos entonces, mi abuelito, Wenceslao Cisneros Villegas, vivía en Cuyutlán, donde tenía algún cargo o responsabilidad; lo cierto es que todos vieron como el mar se empezó a retirar mucho, de manera que muchas personas se empezaron a meter al mar, ya que sobre la arena quedaron muchas conchas de gran belleza y tamaño, además de peces que se sacudían sobre la playa al faltarles el oxígeno. Mi abuelo sin embargo, y muchas otras personas como él, presintiendo que este comportamiento anormal no presagiaba nada bueno, se fue con los suyos hacia el lado contrario, lo más lejos posible. Por aquellos tiempos, el balneario de Cuyutlán era el lugar turístico por excelencia del estado de Colima, y su oleaje era tan hermoso, que por su tonalidad era llamado “La Ola Verde”.

No mucho después, se vio levantarse una gran ola a la distancia, que avanzaba a gran rapidez sobre la costa. Este mismo fenómeno se verificó en Manzanillo y en general a todo lo largo de la costa colimense y jalisciense, así como en algunos puntos de Michoacán y Nayarit. La anormal onda marina tenía una altura aproximada de 13 metros –algunos registros la indican de mayor o menor altura. La ola, que popularmente fue bautizada por los colimenses como La Ola Verde, arrasó con la población de Cuyutlán, que por entonces era la más poblada de la costa regional, quedando en pie muy pocos edificios, como fue el caso del Hotel Madrid. La mortal marejada llegó hasta las vías del ferrocarril y ahí se detuvo. Se dice que en algunos pozos e incluso arriba de algunos árboles que resistieron la inusual marea, quedaron algunos peces de gran tamaño, e incluso tiburones, todo esto, a una distancia lejana de la costa. (Continuará)

 

TERREMOTO 1:

 

Así quedó de barrida por las marejadas del tsunami de 1932 la costa de Cuyutlán.