El fin de la época virreinal en Colima

En aquel contexto el único pueblo que parece haber creció, con población criolla y española llegada de fuera, fue el pueblo de Almoloyan.

Segunda y última parte

EL SURGIMIENTO DEL BARRIO DE LOS MARTÍNEZ

En tanto que parroquia, la de Almoloyan fue la segunda fundada en toda la antigua Provincia de Colima, y su jurisdicción eclesiástica abarcó todos los pueblos autóctonos que formaron parte de lo que hoy son los municipios de Comala, Coquimatlán, Minatitlán y Villa de Álvarez. Y como pueblo, Almoloyan fue también el de mayor importancia y tamaño que hubo en la época virreinal después de la Villa de Colima.

De él se han escrito muchas cosas, y hoy quiero citar una pequeña pero bonita descripción que en 1789 hizo el capitán Ponce:

“Con inmediación a la Villa de Colima, hacia el viento norte, está situado el pueblo cabecera de San Francisco de Almoloyan, con iglesia parroquial, cura clérigo y un vicario que administran los Santos Sacramentos a 67 familias de indios y más de 500 de españoles [criollos], mestizos y otras castas que, por razón de su vecindad con Colima, la hacen casi un mismo pueblo. El referido Almoloyan consta de muchas huertas, platanares y palmas, haciendo agradable emboscada la amenidad de su terreno; y por la ribera del advertido río [de Colima] se hacen sementeras (o sembradíos) de maíz y frijol”.

Datos que me permito hoy resaltar porque fue en ese pueblo, donde, por decirlo metafóricamente, se sintió la primera réplica colimota del terremoto independentista. Pero no nos adelantemos y tomemos nota de lo que el capitán Ponce quiso decir cuando escribió que: “por razón de su vecindad con [la Villa de] Colima”, Almoloyan parecían ser “casi un mismo pueblo”.

El significado real de esta frase se halla en otros documentos de la época que principalmente fueron rescatados del archivo del ex convento de San Francisco por el padre Florentino Vázquez Lara, y que nos permiten muy claramente saber algo muy lógico: que en razón de la necesidad de contar con el agua del Río Colima, tanto los habitantes de Almoloyan como de la dicha Villa, habían ido adquiriendo un mayor número de huertas y solares en ambas riberas, y que por eso, aun cuando el río no era la línea divisoria entre las dos poblaciones, sí lo era un callejón cercano a aquél, que había entre ambas, y que corresponde, poco más o menos, con la actual calle Aquiles Serdán, de la ciudad de Colima. Tal y como se mira en un croquis de la parroquia de Almoloyan levantado en 1814, que se localizó en el Archivo de la Arquidiócesis de Guadalajara, que yo actualicé, y del que les presento un fragmento.

Colateralmente, sin embargo, gracias a esos mismos papeles sabemos que las más de 500 familias no indígenas que estaban viviendo también en Almoloyan, no radicaban en el casco original del pueblo, ni junto al exconvento en cuyos alrededores se fundó, sino en unos “nuevos barrios”, en su mayoría situados al poniente de dicho templo, y en ambas riberas del Arroyo de Almoloyan, sobre todo en un sitio al que se nombra “el Llano de los Martínez”.

Cronistas que me antecedieron refieren que en dicho llano se formó posteriormente un caserío de criollos que todavía tenían algunos esclavos negros y mulatos, al que asimismo nombran como “el barrio de Los Martínez”, y en el croquis que les comento dicho barrio aparece inicialmente ubicado junto a la ribera poniente del Arroyo de Almoloyan (nombrado también “de Pereira”), haciendo esquina con el antiguo camino que conectaba entonces a la Villa de Colima con la Huerta de El Pedregal y el pueblo indio de Juluapan, y que pasaba como a un kilómetro al sur de donde hoy es la plaza principal de Villa de Álvarez. Barrio que, poco a poco, en la medida de que fueron llegando cada vez más familias criollas o españolas a dicho lugar, se fue expandiendo hacia el norte, hasta cruzarse con el camino que iba a Comala. Punto en donde a principios del siglo XIX, el joven párroco José María Jerónimo Arzac, decidió comprar un gran lote para fundar en él, en 1805, una capilla que, cuando se terminó, se dedicó a la Virgen María de Guadalupe, y que con el paso de los años se convirtió en el actual templo de San Francisco de Asís.

El principal asentamiento español situado al poniente del arroyo de Pereira fue conocido entonces como “El Barrio de Los Martínez”, que en este croquis de 1814 aparece con el número 2. Siendo Almoloyan el 1 y la plaza de la Villa de Colima el 28.

En un libro que publiqué en mayo de 2018 y que se titula “Antigüedades de Villa de Álvarez”, comenté las causas por las que se produjo esa considerable llegada de criollos, españoles, negros y mulatos a la “república de indios de Almoloyan”, por lo que sólo me concretaré a decir ahora que, al referirse a las condiciones topográficas del sitio en donde estaba ubicado el casco urbano de la Villa de Colima, un Capitán de las Milicias de la Provincia de Colima, que era hijo, por cierto, del alcalde Ponce de León, señaló lo siguiente:

“La plaza y los edificios [de la Villa de Colima] son de una proporción regular; todos techados de teja. Las calles guardan las reglas de su antigüedad, que acreditan con ser estrechas, cuyo defecto es correspondiente a la ubicación del lugar; pues en menos de una legua a la parte del Norte hay un buen y hermoso llano que llaman Los Martínez, con un arroyo conocido como el Pereira, donde si se hubiera hecho el planteo para el poblado, fueran más útiles a la sociedad humana las proporciones de la gran Villa de Colima”.

Un llano que según él hubiera sido posible convertirlo en tierras de riego muy productivas, con sólo que “los fundadores de la Villa de Colima” se hubiesen decidido a conducir hacia allá “el bajío de las aguas de las amenísimas faldas del vecino volcán”.

Error de planeación que parece haber sido subsanado por algunos inteligentes habitantes de la Villa de Colima, quienes, según lo reportó el ya mencionado capitán Montenegro, en 1774 tenían aquellos terrenos plantados con de palmares, en donde, violando la ley, clandestinamente fabricaban el famoso “vino de cocos”:

“A distancia de un cuarto de legua de dicho pueblo [de Almoloyan] en la […] parte del poniente, están varias haciendas de palmas de los vecinos españoles de esta Villa en donde fabrican el aguardiente de coco que se prohibió”.

Y, para que nos demos, por último, una idea aproximada de cómo era que iba creciendo esa población al poniente del antiguo convento, vale la pena mencionar una especie de reporte censal de 1789, en el que se dice que en el pueblo de  San Francisco de Almoloyan había 113 vecinos (o padres de familia, indios en su mayoría); que en el Barrio de los Martínez (actual centro de la ciudad) había 96 (criollos y españoles también en su mayoría); que en el Barrio de los López, al sur de los Martínez, había 43 “de otras castas”; que en el de los Ruices, había 32; en el Barrio del Tepetate (que mucho después fue el “Callejón de los Puercos”, y hoy calle 5 de Mayo y adyacentes), había 30, y en el del Desierto, que nosotros conocimos como Los Cerritos, sobre la actual avenida Manuel Álvarez, había 17, etc.

Barrios que, sin conformar aún una traza urbana, puesto que eran como pequeños ranchos juntos, constituyeron la base criolla de lo que hoy es Villa de Álvarez. Continuará.

NOTA. Todos estos datos corresponden al Capítulo 14 de “Mitos, verdades e infundios de la Guerra de Independencia de México”.