Nuestra historia pasó ante la lente fotográfica de la familia Cárdenas

Don Federico Cárdenas Lazareno en 2010.

Plasmaron nuestro devenir y desarrollo de Manzanillo

Seguramente habrá asistido a algún evento en el que se muestran antiguas fotografías sobre el viejo Manzanillo, de gran calidad. Muestran el desarrollo y crecimiento que ha tenido nuestra ciudad y puerto a lo largo de muchos años. Una gran parte de ellas fueron tomadas por la familia Cárdenas, Verdaderos artistas de la lente, que no han sido reconocidos debidamente por su gran labor.

FAMILIA DE ARTISTAS

En 1926, Federico Cárdenas Maldonado, tras tener un gran éxito como fotógrafo en uno de los primeros estudios que abrieron sus puertas en la ciudad de Colima —el cual atendían entre él, su papá y sus hermanos, todos ellos dedicados al oficio de la lente—, decidió venir a probar suerte al puerto de Manzanillo donde decidió abrir la primera casa fotográfica. Sus padres y hermanos siguieron atendiendo varios negocios de este giro en la capital del estado.

Al llegar, en compañía de su esposa Rosa María Lazareno Plascencia, rentaron un local por la calle México, a un costado del restaurante Juárez, propiedad de Don Antonio Wong, en el corazón porteño. Al poco tiempo de estar aquí, el 24 de mayo de 1928 se da el asalto de los Cristeros a Manzanillo, y Don Federico toma fotografías de gran valor documental, que le valieron el recono-cimiento de propios y extraños. Cárdenas Maldonado había nacido en 1905, y su esposa, Rosa Lazareno Plascencia, nació en 1910. Ella también tomaba fotografías en el estudio para los diver-sos documentos que requerían los porteños. En aquellos, se servían de los rayos del sol y un espejo para hacer ampliaciones e impresión de fotos.

Su hijo, Federico Cárdenas Lazareno, heredó el gusto por la fotografía, llevándolo más allá del establecimiento comercial, ejerciéndolo como una pasión, un pasatiempo y un arte. El nació el 25 de enero de 1930 en Manzanillo. A los nueve años empieza a sentir el gusano por la cámara y, armado con una de la mejor calidad para aquellos entonces, sale a las calles del centro a tomarle fotos a todo lo que llama su atención. En aquel año de 1939 todavía estaba su local al lado de los Wong; pero al año siguiente, compran un predio de una planta con una gran ubicación en la acera de enfrente, en la esquina de la calle principal con la Juárez. Desde entonces, Foto Studio Cárde-nas ha estado en el mismo lugar. Esa edificación anteriormente había sido el consulado ameri-cano, y luego fue el Servicio Aéreo Panini, que funcionaban con aviones chicos monomotor.

En primer plano el kiosco del jardín Álvaro Obregón y al fondo la foto Cárdenas en 1986.

REGISTRANDO HISTORIAS COTIDIANAS Y GRANDES SUCESOS

En 1932 se había suscitado un fuerte temblor, y la Presidencia Municipal queda dañada. Es cam-biada por años a la Calle México, donde después estuviera por años la Zapatería Canadá y hoy está una casa de empeños. Federico sorprende en 1940 con unas hermosas fotografías de aquel edificio, las cuales se venden como pan caliente entre los porteños y los turistas. Tenían una gran calidad artística, rara para un muchacho de su edad. Muchos norteamericanos llevaron aquellas instantáneas a su país.

Las fotografías panorámicas que captura, se convierten en postales que la gente se arrebata de las manos. Hasta la fecha muchas familias de viejos manzanillenses todavía conservan alguna de estas copias. Poco después, saca fotos de las obras de construcción de los edificios del nuevo Palacio Municipal y del edificio Machetto, muy elogiadas.

Su hermana tomó una excelente fotografía de su padre, desde el punto de vista artístico, la cual es un ejemplo de cómo debe de utilizarse la iluminación artificial. Muchos fotógrafos afamados internacionalmente que visitaron Foto Cárdenas, han reconocido su calidad. Se exhibió de mane-ra permanente en la pared junto al mostrador del negocio mientras este funcionó. Los profanos, que no saben apreciar el arte de la luz y la lente, sólo la veían como una foto vieja más.

Don Federico padre posa con un elegante sombrero, envuelto en una atmósfera creada con gran belleza a partir de pocos elementos. Es una muestra palpable de la calidad fotográfica que trae en la sangre la familia Cárdenas. Muchos tíos y primos de Federico Cárdenas Lazareno, repartidos por todo el país, se dedican a la fotografía artística y comercial.

Su tío Eulogio Lazareno, padre de la famosa estrella del cine nacional Norma Lazareno, quien también es fotógrafo, vino a Manzanillo a inicios de los años cincuenta y se hospedó en el Hotel Miramar. Se admiró de lo mucho que había crecido el Puerto, al que había conocido unas déca-das antes, y se lanzó a las calles y playas a tomar cuanta placa pudo de nuestros contornos, acompañado en ocasiones durante sus correrías por Federico, que le aprendió mucho. Don Eulo-gio se llevó numerosas y valiosísimas imágenes del Manzanillo de aquel tiempo.

El 13 de marzo de 1972 se genera un gran incendio a bordo del buque petrolero Mary Ellen Con-way, que ostentaba pabellón panameño y se encontraba anclado en el muelle de Pemex. Los manzanillenses huyen despavoridos ante el peligro de una gran explosión, debido a la gran can-tidad de combustible que albergaba el barco, así como a la que estaba depositada en los tanques de la empresa paraestatal.

Desde Foto Cárdenas la vista es perfecta. Don Federico sale con su cámara y empieza a disparar instantáneas desde todas las perspectivas, dejando un valioso registro de aquel hecho. Capta también cuando el remolcador Escorpión, tripulado por un grupo de valerosos porteños encabe-zados por el Capitán Leoncio Ucha Mora le lleva a mar abierto donde explota, dañando también al heroico Escorpión, que a duras penas logra llegar a la seguridad de la playa.

FOTÓGRAFOS HASTA EL FINAL

En diciembre de ese mismo año, Don Federico es llevado al altar por la joven María Dolores Na-varro Ochoa, originaria de Sahuayo, Michoacán, quien desde entonces le ayudó en la administra-ción de su legendaria casa fotográfica. Ella nació el 16 de marzo de 1937 y había llegado a Manza-nillo en 1962. Tuvieron dos hijas y tres nietos.

Durante los primeros días del mes de octubre de 1995 se dejó sentir mucho calor en nuestro puerto. Don Federico se encontraba comiendo con sus hijas, y entonces, sorpresivamente, les anunció que en los próximos días habría un fuerte terremoto, porque las altas temperaturas que se estaban sintiendo, según su experiencia de la vida, lo estaban anunciando. Lo dijo en parte en broma y en parte como un presentimiento.

El 9 de octubre un horrible sismo sacudió a la región. El edificio de los Cárdenas, que para ese tiempo ya tenía cuatro plantas, se dañó gravemente, sobre todo en sus dos pisos superiores, debido a fallas en la construcción. Tuvieron que demolerse, de modo que ahora quedó reducido a dos plantas completas y la mitad de otra.

Excelente fotografía de Graciela Cárdenas tomada a Don Federico Cárdenas Maldonado.

En la parte superior, Don Federico Cárdenas tenía una enorme colección fotográfica, digna de un museo o archivo oficial, el cual abarcaba desde los años 20 con los trabajos de su padre, y hasta el año del temblor, con los trabajos del propio Federico Cárdenas Lazareno. Lluvias que sucedieron al terremoto dañaron irreparablemente la mayor parte de aquel enorme tesoro. Decidió desha-cerse del material que quedó, el cual vendió a varios investigadores históricos de la localidad, quienes se felicitaron por poder adquirir vestigios tan valiosos de la historia de nuestra ciudad y puerto.

Sus hijas no se dedicaron a la fotografía, porque estudiaron sus propias carreras, pero son exper-tas en el tema. Es común que tomen las fotografías oficiales de grandes eventos sociales de amistades y familiares, todo con gran calidad. Actualmente nadie de los Cárdenas vive ya en el viejo edificio, del que sólo ocupara la parte baja la afamada Foto Cárdenas, que siempre fue atendida por sus propietarios, Federico y Lola, hasta que el icónico estudio cerró sus puertas ha-ce unos pocos años. Se extraña esta negociación del viejo Manzanillo, cómo no.