Marinos mercantes, solitarios y heroicos



Gral. Pedro Galván, benefactor de Manzanillo

Hace 141 años que llegó a hacerse cargo de la aún joven aduana del puerto de Manzanillo el Gral. Pedro A. Galván, dejando en su estancia en nuestra patria choca y en el estado de Colima en general una honda y significativa huella, y por eso hoy lo recuerdo con algunos datos de su biografía, principalmente ahondando en lo que tiene que ver con nuestro puerto y el estado de Colima, al cual gobernó, y que adoptó como propio.


El día más importante para el periodismo

El Día de la Libertad de Expresión es el acontecimiento más importante del ámbito del periodismo y la comunicación en nuestro país desde hace décadas, haciéndose oficial el día 7 de junio. Esta fecha es muy memorable y de regocijo para los comunicadores, sobre todo porque este derecho se reivindicó gracias a los profesionales de este oficio, luego de una relación difícil con el poder del Estado allá en 1951 durante el sexenio de Miguel Alemán.




Manzanillo, súper joya de la corona

La historia nos da cuenta de que ha habido periodos en los que no se aprovechó la ventaja del puerto natural, pero dejando atrás ese pasado y situándonos el presente, para nadie resulta un misterio que Manzanillo finalmente logró ser el corazón económico de occidente.


Leyendas de la Armada

Los hombres que seguían a Porter incautaron todos los enseres útiles, en tanto que Johansson derramaba aceite por la cubierta, entonces tres marinos insolentes, atraídos por las cerámicas, los ornamentos, las sedas y las pieles que estaban a popa, empezaron el saqueo escandalizando y desacatando las órdenes de su comandante, al darse cuenta de tal insubordinación, los marinos leales al teniente neutralizaron a los transgresores amarrándolos al palo de mesana. Porter les advirtió que al menor grito serían eliminados, y con el fi n de mantener la disciplina, le ordenó al musculoso sueco castigarlos con el rebenque, diez merecidos azotes a cada uno, los latigazos desgarraron sus chaquetillas dejándoles las espaldas marcadas y sangrantes por las tiras del cortante cuero. La tranquilidad de aquella noche sólo fue interrumpida por los gemidos de dolor que salían de las gargantas de los indisciplinados. Después de haber sido azotados, Porter tomó una candente antorcha prendiéndole fuego a la fragata española; todos los marinos, incluyendo los facciosos, regresaron al bote.